La siniestra aventura de los zurdos

El mundo está lleno de prejuicios, discriminaciones e intolerancias…

Ser zurdo es una condición no una limitación.

Foto: tomada de Taringa!

Confieso que solo ayer, gracias a una feliz coincidencia en Internet, vine a enterarme de que existe un Día Internacional de Zurdo, que se celebra cada 13 de agosto, desde 1976. De algún modo, más que una alegría actual, sentí una especie de satisfacción retrospectiva. Haber vivido casi seis décadas con esa condición —que no limitación— y con las reacciones excluyentes que despertó en mi entorno, merecía tener, aunque fuera a distancia, una compensación pública.

Los que estudian actualmente la intolerancia y las exclusiones sociales atienden habitualmente a las sinrazones raciales, religiosas o sexuales de estas, algunos llegan hasta las reales o supuestas discapacidades físicas y mentales que ciertos conjuntos humanos designaron como excluyentes en una sociedad “sana”. Sin embargo, casi todos olvidan lo que hasta hace unas décadas sucedía en una familia cuando un infante se manifestaba como zurdo.

En primer término, el uso preferente de la mano izquierda era considerado no solo torpeza sino grosería por familiares y maestros. Eran usuales procedimientos como amarrar ese brazo al cuerpo para obligar a emplear únicamente el contrario o sencillamente castigar al zurdo por ceder a la debilidad de seguir su inclinación natural. Si las familias tenían cierto refinamiento en su comportamiento social, la cuestión era peor: no se recibe un regalo con la mano izquierda, ni se levanta la copa para brindar con ella y era una grosería absoluta manejar en una mesa los cubiertos de forma contraria al resto de los comensales. Recuerdo a una tía, excelente persona, que empleó muchísimas horas en enseñarme a conducirme en una mesa como los diestros y lo logró, de modo tal que a veces, inconscientemente, en ciertas ocasiones solemnes, lo hago sin darme cuenta, porque en una parte de mi cerebro quedó grabado que “quien come con la zurda es un puerco”.

El día de inicio de curso era una pesadilla, porque mis padres debían ir a la dirección de la escuela y comunicar mi condición, semejante a la de los alérgicos al gluten o los hemofílicos, y encargar la correspondiente silla de paleta “al revés”. Era intolerable que en un aula estuvieran matriculados dos zurdos, porque si acaso existía una sola silla para ellos y habría que determinar quién la merecía más o esto se dejaba al violento proceso de selección natural la decisión de quién la retendría. Con frecuencia tuve que pasar un curso entero en un asiento de paleta en el lado derecho y a la vez escuchar los reproches de la maestra por estar sentado “en posición incorrecta”, sin olvidar las inacabables advertencias de algunos pedagogos de que no me aceptarían una tarea o un examen con “mala letra” lo que parecía inevitable para los zurdos.

El Día Internacional de Zurdo se celebra cada 13 de agosto, desde 1976.

Foto: tomada de Guioteca.com

Claro que el tormento no se limitaba al salón de clases. Se extendía a las prácticas de la educación física y la enseñanza militar. La mayor parte de las órdenes de girar a izquierda o a derecha, motivaban en mí justo lo contrario, lo que despertaba la risa general. Claro que yo sabía lo que era diestro y siniestro, pero la presión por decidir lo justo convertía tal elección en algo retardado y agobiante. Todavía hoy, cuando me explican una ruta en la calle: “doble en la siguiente a la izquierda, camine una cuadra, tuerza a la derecha…” tengo que desplegar toda una labor de orientación como si preparara la reconstrucción de una batalla napoleónica.

A nivel callejero las cosas no marchaban mucho mejor, bastaba que alguien en un grupo dijera que eras zurdo para que algún chistoso te preguntara con procacidad con qué mano hacías tal o cual cosa. Pronto aprendí no solo a comer como los diestros cuando estaba ante extraños, sino a cargar pesos con la derecha y aprender mecanografía fue un poderoso auxilio para capacitar ambas manos y arrinconar la “mala letra”. Sin embargo, tampoco era viable presumir de “ambidiestro” porque tal palabra en la jerga callejera se destinaba a burlarse de los reales o supuestos bisexuales. A lo más que podías aspirar era que en aquellos grupos mortificantes apareciera algún “bachiller” que explicara con suficiencia: “Yo leí en una revista Selecciones que el problema de los zurdos es que el cerebro les funciona al revés” lo que motivaría en algunos cierta lástima por tus disfunciones encefálicas.

Confieso que nadie me dijo, durante muchísimos años, que numerosas personalidades del mundo compartían mi condición. Confieso que no me hubiera sentido tranquilo en compañía de los presidentes estadounidenses Truman y Reagan, pero me hubiera encantado saber que Lewis Carroll, el eminente matemático y autor de Alicia en el país de las maravillas —uno de mis libros preferidos hasta hoy— lo era; así como Charles Chaplin, cuyas cintas yo veía y veo sin fatiga todas las veces que puedo. Eso me hubiera aliviado la sensación de minusvalía que me atacaba cuando me enfrentaba a aquellos coros negativos: no podrás ser militar, ni aviador, ni manejar tal o cual máquina y no era que me importaran tales desempeños, sino que en cierto modo, yo venía a pasar a esa condición que se prodigaba harto en los extensos ámbitos excluyentes e intolerantes, yo era un “raro” cuando no un “anormal”. Quizá eso me hizo un hombre auténticamente “de izquierdas” aunque a veces encuentre en ese lado, disfrazados, a seres que deberían ubicarse en la más recalcitrante derecha.

No sé qué sucedió primero, si la sociedad se educó un poco o yo decidí hacer las cosas a mi manera. Ni en el preuniversitario ni en la Colina universitaria habanera tropecé con sillas de paleta adecuadas, pero a nadie le importó que yo adoptara mi personal pose para tomar notas. Encontré a otros zurdos y zurdas y la letra de molde, casi siempre reservada para rellenar solicitudes de telegramas y giros, vine a adoptarla con cierto virtuosismo para tareas e informes que debieran lucir limpios y legibles.

De todos modos y hasta hoy, alguna vez un maleducado alza la voz en algún sitio y exclama: “¡Pero si es zurdo!” y confieso que lo escucho con una irritación que me pone a punto de replicarle que él tiene limitaciones mucho más importantes, pero me callo. Mi secreto orgullo es haber podido forjar una obra literaria —valiosa o no, eso lo decidirán los lectores y el tiempo— pero que cuenta con más de cuarenta volúmenes, todo un desafío para aquellos maestros que aseguraban que debía dedicarme a las matemáticas porque las especialidades “de Letras” eran para aquellos que supuestamente “escribían bien” es decir con una letra bien dibujada, en páginas sin un borrón, cosa imposible para un zurdo.

Me ha alegrado saber que cada año, como ocurrió la primera vez en Londres, la gente marcha con orgullo para reclamar contra las exclusiones de ciertos oficios y deportes y hasta por el diseño de herramientas y máquinas para los “siniestros”. No sé si alguien ha pensado imitarlos en Cuba pero no estaría nada mal. (2017)

2 comentarios

  1. Flora Rodriguez Lopez

    Yo tambien soy zurda tengo 71 años y me crio mi abuela materna, lo cual quiere decir que con toda su buena fe la pobre mujer me las hizo pasar “canutas”de pequeña y hasta la hora de casarme que me torturaba diciendo la vergüenza que padaria mi marido cuando me viera haciendo las cosas con la mano zurda planchar,pelar patatas etc..
    Porque en cuedtion de cubiertos el cuchillo jamas he sido capaz de usarlo con la derecha,todo esto de joven me hizo sufrir bastante, ahora me lo salto a la torera lo vual no quiere decir que no tenga grandes problemas de lateralidad secuelas de todo aquello.
    Hace un par de años me descubri a mi misma comiendo un yogur con la mano izquierda y me dije a mi misma ¡¡ PERMITETELO FLORA!!!

  2. Ileana Pérez Drago

    Yo también soy zurda. Por suerte me dejaron serlo. Solucioné la falta de silla de paleta para zurdos utilizando la silla de mi izquierda para escribir. Escribo en vertical hacia abajo con la hoja girada 90°. Eso me permitió tener mis cuadernos limpios dado que no escribo, como muchos zurdos, pasando la mano sobre lo ya escrito.
    No obstante hago muchas cosas con la mano derecha , no sé si son totalmente intuitivas o me indujeron cdo era muy pequeña….saludos

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.