La televisión cubana y las grandes ligas de béisbol

Un paso adelante, dos pasos atrás.

Como una desafinada parodia de aquella consigna de los Cubans Sugar Kings para obtener una franquicia en la Major League Baseball (MLB), “un paso más y llegamos”, puede ser interpretada la conducta de la televisión cubana respecto a la difusión de los juegos de ese circuito profesional, el de más alto nivel en el mundo para ese deporte.

Cuando se iba perfilando un camino de acercamiento con la MLB, luego del enfrentamiento en La Habana, entre una selección cubana y los Rayos de Tampa Bay al que asistieron los presidentes de Cuba y Estados Unidos; después de la visita a la capital de dirigentes de la organización junto a varios jugadores, incluyendo a peloteros de la diáspora cubana, y al cabo de transmitirse, en forma diferida, numerosos juegos de la temporada regular, sorpresivamente, sin explicación alguna, en plena postemporada, las Grandes Ligas se esfumaron de la pantalla y todo volvió atrás.

Hasta el aciago momento de la involución, los aficionados al béisbol en la isla estaban de plácemes, porque la penúltima Serie Mundial (2015), aunque con retraso de varios días, como es usual, fue vista en su totalidad, y en la última temporada, en ocasiones, llegaron a transmitirse hasta tres juegos a la semana, además de las mejores jugadas.

Fue un avance lento y angustioso. En un inicio, los peloteros cubanos eran borrados de las selecciones de mejores jugadas y se elegían los choques donde ellos no participaban pero, poco a poco, esas prácticas fueron quedando atrás y todo parecía ir bien. Hasta el día en que se transmitió el juego de comodines entre Azulejos de Toronto y Orioles de Baltimore, además de un resumen del partido Mets de Nueva York versus Gigantes de San Francisco.

Era el comienzo de la postemporada y los aficionados cubanos pensaban que podrían verla, como la anterior, pero el sueño terminó esa noche y se perdieron una Serie Mundial de relevancia histórica con señalado protagonismo cubano. Todo volvió atrás.

El seguimiento en Cuba a la Serie Mundial de la MLB se remonta a 1953, vista a través de la CMQ. Los juegos entre los Yankees de Nueva York y los Dodgers de Brooklyn llegaron a las pantallas cubanas con un breve tiempo de retraso puesto que se grababan allá y los kinescopios se trasladaban en avión hacia La Habana. Pero al año siguiente, la Serie Mundial entre los Gigantes de Nueva York y los Indios de Cleveland, fue vista en la isla al mismo tiempo que en los Estados Unidos, en virtud de una proeza tecnológica para la época.

Más de sesenta años después, en la era de la televisión digital, la batalla que libraron los Cachorros de Chicago y los Indios de Cleveland estuvo ausente de la televisión cubana.

Pocas veces, como en 2016, una Serie Mundial había acumulado tanta expectación, se había puesto a circular tantas historias, leyendas, mitos, cábalas, estadísticas, especulaciones. Los Cachorros no ganaban el Clásico de Octubre desde 1908, y los Indios desde 1948. Eran dos aficiones sedientas de victoria en extremo. Se presentía una serie intensa y disputada en cada jugada. Sin embargo, hasta el juego 4 no fue exactamente así. Cuando cayó el out 27 de ese desafío en el estadio de Chicago, parecía que la maldición de la cabra aplastaría de nuevo a la ciudad. Y emocionalmente estaba resultando una serie para el olvido.

ENTONCES LLEGÓ CHAPMAN

El lanzador cubano Aroldis Chapman llegó a Chicago en el mes de julio para apuntalar al equipo más triunfador de la temporada regular en la MLB y señalado como favorito para ganarlo todo desde comienzos de la campaña. El gigante de Holguín tenía un aura crecida en Cincinnati que lo acompañó a Nueva York y sobre el impacto de su presencia en el box se había escrito bastante, pero ni él mismo imaginó lo que le sucedería con los Cachorros en la Serie Mundial.

Durante los cuatro primeros choques de la serie, Chapman no entró nunca a lanzar en situación de salvamento. Hasta el parte aguas del juego quinto, cuando comenzó a cambiar la historia dramáticamente.

“Chicago no tiene opción, y con la serie 1-3 en su contra no le queda más que salir a jugar sus mejores nueve entradas”, dijo al inicio de la transmisión del partido un comentarista de la FOX. Y eso fue lo que hicieron los Cachorros. Cuando su pitcher abridor, John Lester, abandonó el encuentro, después de seis entradas, el equipo ganaba 3-2. Para dominar la séptima entró Carl Edward, pero permitió un doble, y después de un out, fue llamado Chapman. En su gorra llevaba el homenaje a José Fernández. Y sería digno de él.

La tarea que cumplió el holguinero entonces, fue inmensa: sacó los últimos ocho outs y preservó la ventaja de una carrera. En una brillante crónica sobre la actuación del cubano esa noche, el comentarista Sam Miller, de ESPN, dijo: “Chapman parecía estar de buen humor después del partido. Tenía razones para estar feliz. Además de la victoria, actuó en los momentos más dramáticos de esta serie, e hizo algo que Mariano Rivera, Billy Wagner, Craig Kimbrel y Francisco Rodríguez nunca hicieron. No sólo salvó a los Cachorros, sino que salvó a la serie misma”.

En la historia de 112 años de la Serie Mundial solo se han realizado 28 salvamentos de al menos ocho outs, como el que realizó Chapman. Nunca antes, desde su llegada a Grandes Ligas, él había lanzado esa cantidad de entradas.

Pero todavía faltaba mucho por escribir de esa historia. Dos días después, en el sexto juego, ocurrió algo insólito en Cleveland: con ventaja de cinco carreras, el manager de Chicago trajo a Chapman de nuevo en el séptimo, con dos outs. Él liquidó esa entrada, la siguiente, y salió a lanzar en la novena aun cuando la ventaja aumentó a siete carreras. Después de otorgar una base fue sustituido.

Entre los juegos cinco y seis, Aroldis Chapman había hecho 62 lanzamientos, pero faltaba el partido que lo decidía todo. Para ese también lo llamarían. Entró en el octavo episodio con dos outs y un corredor en primera. Los Cachorros ganaban 6-3. Esa ventaja se esfumó porque un doble de Brandon Guyer y un jonrón de Rajai Davis igualaron la pizarra.

En Cleveland fue el delirio, Chicago enmudeció, pero Chapman debió seguir ahí, como los estoicos. Después de lograr el tercer out, cuando la cámara lo enfocó en el banco, solo, su expresión dolía. A pesar de todo, salió a lanzar el noveno y lo retiró. Su labor en la serie había terminado. Una entrada más tarde, en el décimo, los Cachorros concretaron la victoria, con crédito para Chapman. Su equipo ganó la Serie Mundial y creo que él debió ser nombrado el Jugador Más Valioso de la misma. Ni siquiera a Mariano Rivera, en sus años de gloria, se le exigió tanto. Ese noveno inning del juego siete lo lanzó con la vida. Fue tan meritorio, como el salvamento del quinto desafío.

Aroldis Chapman inscribió su nombre a relieve en la historia de las Series Mundiales y se convirtió en el segundo pitcher cubano que se le interpone a los Indios de Cleveland en sus dos últimos intentos por ganar el Clásico de Octubre. El anterior fue Liván Hernández en 1997. Aquella serie la seguí por radio; esta, gracias al paquete. Casi 20 años después, en la era de la televisión digital, sigo sin ver, en directo, la Serie Mundial. (2016)

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