Las cartas desnudas de Piñera

Completando a Virgilio.

El centenario del escritor Virgilio Piñera (1912-1979) ha tenido en Cuba varios momentos relevantes

El centenario del escritor Virgilio Piñera (1912-1979) ha tenido en Cuba varios momentos relevantes. En junio se celebró un coloquio al que asistieron especialistas de varios países y en la cartelera teatral han estado algunos de los títulos del considerado, de forma unánime, el más grande de nuestros dramaturgos. Entre esos títulos la crítica destacó el estreno de Aire frío, un clásico dentro de la dramaturgia piñeriana llevada a las tablas por Carlos Celdrán con Argos Teatro.

En algunos medios de la emigración y el exilio se ha insistido en considerar este homenaje como tardío y hasta oportunista recuperación de un escritor condenado a la llamada “muerte cívica” en los últimos diez años de su vida. En ese planteamiento hay una verdad a medias. Es muy cierto que el autor del inmenso poema “La isla en peso” fue condenado al silencio durante esa década que va desde unos días después del estreno de su olvidada comedia musical El encarne, en octubre de 1969, a su muerte una década después. Ahora bien, la llamada recuperación del legado literario de Piñera comienza en Cuba desde el primer lustro de los ochenta.

Como parte de lo que se está haciendo en su centenario, Ediciones Unión ha publicado su Poesía Completa, varias de sus novelas y -en lo que considero el más valioso aporte- su correspondencia entre 1932 y 1978. El libro, titulado Virgilio Piñera de ida y vuelta*, está a cargo de Roberto Pérez León, especialista en la Literatura Cubana de los años cincuenta y sus revistas literarias. En el breve prólogo a su recopilación advierte Pérez León sobre estas cartas: “Son la confirmación de una personalidad literaria que tendrá siempre el estrépito de lo callejero, lo común, donde habita la buena literatura”. (p.9)

Lo que más se disfruta del libro es que las de Virgilio no son misivas con recortería literaria ni tampoco largas tiradas de confesiones íntimas o abstractas. Piñera escribe cartas humanas, prácticas, directas y también

algunas de ellas cargadas de toda su verticalidad como artista y como ciudadano. Leyéndolas se profundiza la sospecha de que no fue sólo por homosexual que uno de nuestros más importantes escritores resultó excluido primero por la cultura burguesa de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado y -tras unos años de intensa identificación y entusiasmo- borrado por una política cultural socialista que desterró durante muchos años y casi del todo la polémica.

Se cuenta y escribe mucho de las diferencias entre Lezama y Piñera; aquí está en fecha tan temprana como el 19 de mayo de 1944, aquella en la que Virgilio expresa claramente a Lezama sus diferencias estéticas con la revista que encabeza: ”Yo quiero decir concretamente que Orígenes tiene que llenarse de realidad, y lo que es aún más importante y dramático: hacer real nuestra realidad”, para después completar su idea con una preciosa imagen: “Recuérdese que sólo se puede entrar al gabinete después de haber paseado anchamente por la calle”.

Está en este valioso tomo la posición clara y nítida de Virgilio cuando una figura de mucho prestigio como José María Chacón y Calvo lo invita a un homenaje a la muy ilustre poeta cubano-española del siglo XIX Gertrudis Gómez de Avellaneda. Y Piñera acepta la invitación pero con total honestidad crítica pone junto a lo que cree valioso de la obra de la camagüeyana la zona de su poesía que considera fallida. También resulta ejemplar el intercambio con Jorge Mañach y la forma tan honesta en que Virgilio reconoce la importancia del ensayista y profesor en los años veinte, pero discrepa de su postura posterior y llega –aun cuando Virgilio está sumido en una pobreza casi asfixiante- a rechazar un cheque que Mañach le había enviado para apoyar un proyecto editorial. El escritor no quiere ese respaldo económico si se entrega por diplomacia o por “quedar bien”. También se pierde dinero cuando rechaza la invitación a una conferencia de un liceo de señoras que el creador considera respetable pero frívolo. Y a su compañero de generación Gastón Baquero lo increpa directamente por su entrega al periodismo politiquero.

Vale la pena citar unas líneas de esta carta, fechada el 27 de diciembre de 1942. Dice -o casi “grita”- Piñera a Mañach: “¡Capitulaciones!… He aquí uno de los agudísimos que cooperan a esa frustración antedicha. Yo no sé por qué causa (dejo esto al minucioso sociólogo) el hombre cubano (el americano en general) en llegando a un punto capitula; y comienzan entonces esos hombres sucesivos que no son ningún hombre y que implantan la confusión; que instauran la escuela del confusionismo” (p. 45).

Si medio en broma y bastante en serio, Virgilio se proclamó como un maestro del chisme, es cierto que existen pruebas de que por momentos jugó al viejo y muchas veces lamentable deporte de las conspiraciones literarias, pero para los temas esenciales demostró una rara y ejemplar sinceridad.

Aunque en la recopilación se incluyen varias cartas que varias personas remitieron a Virgilio Piñera, el gran interés del libro está en las que Virgilio mandaba. Hubiese sido formidable que pudieran apreciarse más intercambios. Por poner un ejemplo, la correspondencia del período en que Piñera trabaja como corresponsal de la revista Ciclón en Buenos Aires y cuenta al mecenas y director José Rodríguez Feo sus gestiones para obtener colaboraciones de Borges y otras figuras de la rica literatura argentina de la época. Asistimos a la mezcla de eficacia y dignidad que caracterizó la etapa argentina -doce años con algunos paréntesis habaneros- de Virgilio Piñera.

La correspondencia de Piñera viene a ratificar las causas de su soledad en vida y hasta de su falta de repercusión -el escaso conocimiento de su valor en España es lamentable, por ejemplo- de su obra tras su muerte. Piñera no ha tenido ni un gobierno que apoye un gran talento como en el caso de Alejo Carpentier ni un exilio que amplifique otra producción literaria, por lo demás rotunda, como la de Guillermo Cabrera Infante. Con tanta obra como los otros dos clásicos cubanos, se ha ido quedando en un terreno de nadie que ojalá alivie este centenario.

 *Roberto Pérez León: Virgilio Piñera, de ida y vuelta. Correspondencia 1932- 1978. Edición del Centenario. Ediciones Unión, 2011. 253 pgs.

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