Las claves de Henning Mankell

Ha muerto un escritor de su tiempo.

Hace unos meses la televisión cubana presentó, en el horario de la madrugada, una serie de películas producidas por la BBC que transcurrían en una ciudad del sur de Suecia y eran protagonizadas por un llamado inspector Kurt Wallander, interpretado en el serial por el gran actor británico Kenneth Branagh.

Los que tuvieron la posibilidad o la osadía de permanecer ante la pequeña pantalla hasta horas en realidad más propicias para el sueño, aprovecharon la ocasión de entrar en un primer conocimiento de la obra de uno de los más notables autores de la novela policial sueca, escandinava y mundial de las tres últimas décadas: Henning Mankell. Y aunque, bien se sabe, las versiones cinematográficas y televisivas nunca pueden sustituir a los originales literarios, aquellos tienen la indiscutible virtud de que superan en cantidad notable al número de personas que consiguen entrar en contacto con una obra artística y, al menos en este, nuestro caso, la opción audiovisual constituyó un verdadero alivio cultural. Porque, lamentablemente, ese notable escritor sueco, que no solo escribió novelas policiales, y no solo novelas con el inspector Kurt Wallander, cuya obra se ha traducido a más de veinte idiomas y ha recibido notables reconocimientos y alcanzado altas cifras de ventas, resulta un total desconocido para los lectores cubanos (y al parecer lo seguirá siendo hasta sabe Dios cuándo), como tantos y tantos escritores contemporáneos a los que solo por caminos fortuitos quienes habitamos esta isla podemos tener acceso y disfrutar sus obras.

Hace unos pocos días, Henning Mankell murió en su tierra natal. Tenía solo sesenta y siete años. Unos meses atrás le había sido diagnosticado un cáncer y, en el mejor estilo que lo caracterizó, publicó una serie de cartas en las cuales revelaba el impacto que le había provocado el conocimiento de su enfermedad y la decisión de luchar contra ella para seguir escribiendo y viviendo. Pero la naturaleza venció a la voluntad del hombre.

Precisamente por ser un desconocido para los lectores cubanos creo que aprovechar la triste coyuntura de su muerte puede servir para intentar provocar una chispa: revelar brevemente quien fue Henning Mankell, cuál fue su aporte a la literatura actual y, si es posible, impulsar algún intento de comenzar a enmendar la ausencia de su literatura que se padece en Cuba.

Durante las dos últimas décadas Mankell ha sido considerado uno de los más notables representantes de la nueva novela policial y ha sido en buena medida el responsable del boom internacional de que está disfrutando la ficción detectivesca nórdica, que alcanzó su más alto éxito comercial con la trilogía Milleniun, de Steig Larsson, también vista en su versión cinematográfica a través de la televisión cubana… pero tampoco publicada entre nosotros en su original literario.

A Mankell se le debe, sobre todo, la serie de diez novelas protagonizadas por el inspector Kurt Wallander, policía de la pequeña ciudad de Ystad, en el sur de Suecia. Desde su primera aparición en la novela Asesinos sin rostro, los que hemos podido disfrutar de la lectura de Mankell, descubrimos que estábamos ante una narrativa y un personaje de profundas miradas sociales y alta calidad literaria. Y lo corroboramos en cada una de las obras siguientes, hasta el cierre doloroso concretado en El hombre inquieto, la novela de 2009 con la que Mankell ponía fin a su serie protagonizada por Kurt Wallander.

Dos elementos literarios muy contundentes sobresalen en todo el ciclo literario de Wallander: uno es la ya mentada vocación de participación social del autor, que emplea la novela negra o policial para realizar un examen descarnado de las pérdidas y conflictos del sistema social sueco, considerado por años como uno de los más satisfactorios que hayan existido en la tierra. Males como la xenofobia y la corrupción, el renacimiento de actitudes fascistas, las componendas políticas y la relación del país con un mundo lleno de conflictos, fueron abordados por el autor con una actitud de advertencia y denuncia que siempre consiguió resolver con recursos literarios. Y el otro elemento decisivo (precisamente un recurso literario) fue la creación de la personalidad del inspector Wallander, un policía empeñado en hacer bien su trabajo al punto de implicarse humanamente en sus casos y poner su vida en función de ellos: de ahí su éxito profesional pero también el precio existencial que paga con su desgaste psicológico, la pérdida de la familia y esa manera exasperante que tiene de tratar a su cuerpo, al que malamente alimenta por pizzas y rara vez le concede el privilegio de reposar toda una noche en una cama.

Lo más notable es que ese personaje, a veces enervante y sin una pizca de humor, resulta ser una personalidad de tan alta condición humana y tan pobre vida privada que llega a hacerse entrañable al lector, al punto de haberlo convertido en uno de los investigadores policiales más atractivos del panorama literario de las últimas décadas, junto a protagonistas como el Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán, el Jaritos de Petros Markaris y el Salvo Montalbano de Andrea Camilleri, entre los más notables.

La obra de Mankell fue, sin embargo, más allá de los episodios protagonizados por su Kurt Wallander y concibió otras piezas policiacas sin ese personaje y una serie de novelas (varias de ellas con escenarios africanos) en las que se apartaba del género.

Mucho contribuyó a la realización de esa amplia obra y a su carácter marcadamente universal el hecho de que por años Mankell compartiera sus estancias vitales entre Suecia y Mozambique, país africano en donde desarrolló una importante labor de promoción cultural. La experiencia africana, vivida con intensidad y espíritu participativo, sin duda fue una exigencia de su vocación ciudadana pero a la vez representó una experiencia que completó su visión social y humana de la sociedad contemporánea.

Por ello, la noticia de la muerte de Henning Mankell ha sido recibida en todo el mundo como la constatación de una pérdida. Su liderazgo intelectual entre tanta novela policial nórdica (donde abundan obras de calidad más que dudosa junto a intentos artísticos más elaborados, como los del islandés Arnaldur Indridason) ha dejado una huella y un ejemplo de cómo un artista comprometido con su sociedad y su tiempo, sin pervertir su arte ni ponerlo en función de participaciones políticas evidentes, puede mostrarnos los signos de una decadencia social y contribuir, sino a resolverlos, al menos a hacernos pensar en ellos. Y esa vocación, a pesar de las reacciones de los poderes irritables, siempre resulta digna de gratitud social e intelectual (2015).

3 comentarios

  1. Miriam Ancizar

    Muy bueno el artículo, mejor para los que tenemos la suerte de haber leído algo de su obra y cuando menos, pues verlas llevadas al cine; y más importante que eso dar a conocer a ese hombre de las letras que fue Henning Mankell, aunque, muy de acuerdo con Borges, «ya existe el libro que los lectores no dejarán morir.»

  2. david

    BUEN HOMENAJE A UN GRAN ESCRITOR.

  3. david

    ESCRIBIO TAMBIEN MUCHA Y MUY BUENA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL Y SUS HISTORIA RELACINADAS CON AFRICA TAMBIEN SON NOTABLES.

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