Leonardo Padura: Días de vino y rosas (2 y final)

En dos entregas consecutivas, La Esquina…, publica fragmentos de un texto mayor concebido para la segunda edición del libro (A)cercando a Leonardo Padura, de José Antonio Michelena, crítico y editor cubano.

Leonardo Padura es uno de los autores contemporáneos más populares en la isla, según datos del estatal Instituto Cubano del Libro.

Foto: Jorge Luis Baños

Retomamos la entrevista con Leonardo Padura, cuya primera parte fue publicada el pasado martes 11 de septiembre.

Padura, en el encuentro que tuvimos en el centro cultural jesuita Loyola para comentar La transparencia del tiempo, escuchamos a un joven de Granma decir que en su pueblo había un hombre que se dedicaba a alquilar un ejemplar de El hombre que amaba a los perros que había adquirido en La Habana.

Hay un reclamo que se repite en cada aparición tuya en público en Cuba: que se imprima una cantidad suficiente de ejemplares de tus obras. Es algo que, por supuesto, no está en tus manos pero que, me parece, debe señalarse con propiedad. ¿Tusquets pone límites a la tirada de tus obras en la isla? ¿Quién pone esos límites, esas cifras insignificantes para los libros del escritor cubano más leído?

Desde que me vinculé a Tusquets como editorial y agencia, les pedí que mis tratos con Cuba quedaran fuera de sus funciones. Como esos libros no se pueden importar en Cuba, pues siempre he hecho el mayor esfuerzo para que mis novelas y demás libros circulen en Cuba, impresos en Cuba, para los lectores cubanos.

La agencia solo le pide a las editoriales cubanas el compromiso de que los libros que se vayan a imprimir en el país solo circulen en Cuba y se pacta una cantidad de ejemplares para una edición, que por lo general es de cuatro mil. Luego, si se quiere reeditar, pues se pide otra licencia, por la cual tampoco la editorial española cobra nada a la cubana.

Hasta ahora, hasta ahora, mis libros se han publicado en Cuba, algunos con dos o tres ediciones, en tiradas de tres, cuatro mil ejemplares o menos, de los que no circula la totalidad por diferentes causas, o en los últimos tiempos no circula ninguno porque desaparece la edición completa.

Como escritor cubano que vive en Cuba y escribe, en primer término, para los lectores cubanos, es doloroso saber que mis compatriotas, por razones económicas o de otro tipo, tienen poco, difícil, o incluso ningún acceso a mis libros, cuando sé que quisieran tenerlo.

Las condiciones económicas cubanas, la displicencia, las negativas de algunos «alguienes» impiden esa relación más completa y dinámica de mis libros y mis lectores cubanos.

Como bien dices, yo no soy el culpable de esa situación y he hecho todo lo posible por aliviarla, pero las razones o personas que sean responsables, alguna vez serán señalados como razones o personas que decidieron sobre lo que pueden o deben leer los cubanos, y por qué no han podido leer como quisieran a un escritor cubano que habla sobre la vida de los cubanos viviendo entre los cubanos.

Historias como la del lector de la provincia Granma me ocurren casi todos los días y cuando estoy en una feria del libro fuera de la isla y veo delante de mí diez, doce títulos con mis obras, siempre pienso en esos lectores cubanos que no pueden llegar hasta allí, que no pueden llegar hasta mis libros.

El Centro Cultural Dulce María Loynaz sirvió como escenario para la presentación de El alma de las cosas, de Leonardo Padura.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Hablemos de periodismo. Cuando uno revisa las crónicas y artículos compilados en El alma de las cosas, comprueba que todos ellos aparecieron inicialmente en publicaciones de Brasil, España, Francia, o Estados Unidos, inaccesibles para la mayoría de los lectores cubanos, su público natural.

Y aunque esos textos se rescaten después en el volumen citado, la cantidad de ejemplares de la tirada y la circulación de los libros son de un alcance limitado, por tanto no llegan a esos lectores como debiera ser. Así sucedió también con los trabajos periodísticos incluidos en Entre dos siglos y La memoria y el olvido.

Hay que darle mucho crédito a Inter Press Service por ese esfuerzo editorial, pero esa zona de tu trabajo, el periodismo, está siendo, en buena parte, silenciada dentro de la isla. A mí me parece un crimen contra los lectores cubanos, porque lo paradójico es que aunque los textos se publiquen en medios extranjeros, casi todos los temas, asuntos y motivos que los animan tienen que ver con Cuba.

Si hablamos de las insuficientes tiradas de tus novelas también hay que señalar esta mordaza que pesa contra tu periodismo. Claro que eso no te quita el sueño, pero es doloroso, es dañino para la cultura cubana, a quien tú representas y honras como pocos, ¿no te parece?

¿Qué si me parece? No, no me parece. Estoy seguro. Pero lo que decidan o digan ciertas personas dentro o fuera de Cuba no puede detener mi trabajo. El trabajo está hecho, aunque no cumpla todo su ciclo natural que sería una confrontación con los lectores cubanos y con los sectores de la sociedad a los que puedan afectar esos textos periodísticos. El periodismo, ya se sabe, tiene la intención de afectar una realidad, y del modo en que circula el que yo hago, se pierde esa realidad, al menos en el plano local.

De todas formas me produce una gran satisfacción que esos textos periodísticos queden recogidos y que, al menos, un 2% (¿es mucho?) de la población cubana los lea e, incluso, me los comente.

Hace unos días le regalé un ejemplar de El alma de las cosas al artista cubano Roberto Fabelo y me llamó al día siguiente para decirme que había empezado a leer al acostarse y no podía dormir, porque no podía parar, y se lamentaba de que eso no pudiera ser una experiencia más generalizada.

Por otro lado, también ten en cuenta en ese 2% del que te hablaba, que hoy en Cuba se lee menos periodismo que nunca, pues una parte importante de ese ejercicio se resume a un trabajo de propaganda. Así que quizás mis textos pudieran alcanzar un porciento mayor, por los asuntos que trato y la forma en que lo hago.

Por último: escribir ese periodismo siempre ha sido para mí una necesidad creativa. En mis novelas no puedo ni pretendo abarcar toda la realidad o determinados elementos de la realidad, y esa necesidad la evacuo a través del periodismo, un medio en el que me puedo mover de un fenómeno a otro en cada trabajo que escribo. Y, por si fuera poco, el periodismo me ha mantenido más al tanto de mi realidad, me ha hecho pensar más en ella, y eso es alimento para una literatura de la sociedad cubana como es la mía.

Un público variopinto en edades, intereses y oficios, acompañó a Padura en la presentación de El alma de las cosas.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

En el discurso de aceptación del Premio Nacional de Literatura tú leíste una carta que te envió desde España Abilio Estévez; allí él decía que te cuidaras de los cainitas; y en una entrevista posterior mencionaste ese tema. ¿Cómo se manifiestan los cainitas? ¿Qué tan dañinos son?

Se manifiestan arrastrando por la vida y el mundo una quijada de burro y son dañinos para ellos mismos pues el crimen de la insatisfacción personal, la envidia, el odio, envilecen a quienes los generan. Si me cuidara de ellos, la verdad, tendría que dejar de escribir.

Yo sé que todo lo que diga, escriba, haga, puede y va a ser utilizado en mi contra. Por eso escribo, digo y hago lo que me da la gana siempre con un límite muy claro: que ni mis palabras o hechos puedan ser perjudiciales a otras personas.

Yo me siento limpio, y eso es lo importante: nunca he traicionado a nadie con el fin de lograr algo personal, no he trabajado para perjudicar a otro, lo que tengo es el resultado de mis esfuerzos, y, de contra, mi papá y mi mamá fueron buenos padres y mi mujer no me ha pegado los tarros (hasta donde yo sé, claro)… y ser una persona honesta molesta mucho a mucha gente que no lo es y que, para aparecer en Google, tiene que usar el nombre de otro, en este caso el mío. Así, mientras ellos se ahogan en su propio veneno, yo voy por el mundo ganando lectores y afectos, premios y becas, vinos y rosas.

Leonardo Padura recibe el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, de manos del Rey Felipe VI

Foto: prensa española

¿Cómo puede, un libra como tú, mantener el equilibrio y seguir afincado en el suelo, luego de tantos premios y éxitos relevantes?

Pues, como se dice en Cuba, «no creyéndome cosas». Y de verdad no me las creo. Te pongo un ejemplo: cuando voy a Brasil, si camino por Copacabana, la gente me para y me pregunta si yo soy yo. En el metro de Madrid miro con cuidado a las mujeres bellas (me encanta la belleza femenina, la admiro y la devoro) pues en una ocasión un cruce de miradas terminó en una pregunta: ¿Usted es Padura? La muchacha bella era una lectora.

En mi vida cotidiana prácticamente nada ha cambiado: ni la casa, ni la mujer, mucho menos el carro que tengo hace veinte años, pues ni soñar comprarse un auto nuevo en Cuba. Mi rutina de trabajo sigue siendo la misma, solo con el añadido de que hace un tiempo respondo entre 200 y 250 entrevistas al año, en las que me preguntan de todo y por todo. La relación con mis amigos no tiene nada que ver con lo que pasa con mi literatura: son mis amigos y yo soy el amigo de siempre.

El resto de la vida literaria que se refleja hacia afuera, pues lo asumo como un añadido satisfactorio pero no esencial. Que me reciban presidentes y hasta reyes es gratificante, pero no cambia nada, pues no aspiro a sus cargos. Y, si me hicieran falta más anclas, pues ahí tengo el apoyo de quienes trabajan en mi invisibilización, algo que les agradezco, pues me permite vivir más tranquilo y menos expuesto.

Y, por último, cuando camino por Mantilla y alguien me pregunta si yo soy el hijo de Nardo y Alicia, pues siento una enorme gratitud, porque esa persona me está diciendo exactamente lo que yo siempre fui, soy, y quiero seguir siendo: el hijo de Nardo y Alicia, Nardito, el de Mantilla. (2018)

Un comentario

  1. Amador Hernández Hernández

    Gracias, Padura, por tu valor personal, por tu fuerza creativa y por la fe que tienes en los seres humanos, pues los cainitas esos, tal vez ni lo sean. Saludos.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.