Loipa Araújo en la Legión de Honor

Honor a quien lo merece.

Cubadebate

La nueva condecoración recibida por Loipa viene a llamar la atención sobre una de las trayectorias más notables en el ballet cubano contemporáneo

La bailarina y profesora Loipa Araújo recibió el pasado 11 de enero la medalla de oro de la Legión de Honor francesa. De ese modo la nación gala honra a una artista que no sólo ha prestado valiosos servicios con su magisterio en la compañía de ballet de la Ópera de París, sino que tuvo una fecunda colaboración con dos de los más importantes coreógrafos franceses del siglo XX: Roland Petit y Maurice Béjart. La primera de sus numerosas visitas a Francia ocurrió en 1966, junto al Ballet Nacional de Cuba, en una gira europea que incluía, además, las entonces naciones socialistas República Democrática Alemana, Rumania, Hungría y Polonia.

Nacida en La Habana en 1941, hija de un conocido psiquiatra, recibió en su hogar una educación esmerada y poco frecuente, que incluyó estudios de ballet en la Escuela de la Sociedad Pro Arte Musical, en los tiempos en que ésta, dirigida por el maestro Alberto Alonso, era una especie de laboratorio experimental, donde ella aprendió no sólo la técnica de este arte, sino también forjó una amplia y desprejuiciada visión de la danza, asociada a las vanguardias artísticas. Sin embargo, sus notables dotes para este arte requerían de una formación más rigurosa, con perspectivas profesionales, lo que encontró en la Academia de Ballet Alicia Alonso, donde tuvo como profesores no sólo a Alicia y Fernando Alonso, sino al estonio León Fokin y el puertorriqueño, formado en Nueva York, José Parés.

En 1955 realizó su debut profesional en el Ballet de Cuba y cuando esta compañía tuvo que disolverse al año siguiente por la falta de apoyo gubernamental, emigró junto a Alicia Alonso hacia Estados Unidos donde se incorporó primero al Ballet Celeste de San Francisco, una curiosa agrupación de muchachas, que giraba por el país en un autobús que la mayor parte de las veces les servía también de hotel, pues habitualmente tenían más deseos de danzar que financiamiento para sus giras. Luego, hasta 1959, fue contratada por el Ballet del Teatro Griego de Los Ángeles.

De regreso a la isla, apenas triunfa la Revolución, integró las filas del Ballet Nacional de Cuba. Allí tuvo una carrera meteórica, pues fue solista entre 1962 y 1967 y en este último año se le otorgó la categoría de Primera Bailarina.

El arte de la Araújo resulta singular, no sólo porque domine los secretos de la técnica clásica, sino también por sus dotes dramáticas y por una inteligencia muy despierta que le ayuda a dar grandes implicaciones intelectuales a los personajes que desempeña. Así lo demuestra su singular creación del rol mímico de Bathilde en el primer acto de Giselle, que ella convirtió en un papel lleno de elegancia y matices, a pesar de la brevedad de su paso por la escena. Felizmente, tal desempeño ha quedado registrado para la posteridad en el filme que realizara Enrique Pineda Barnet en 1963, que recoge la versión integral de Alicia Alonso de la obra romántica de Coralli y Perrot.

A diferencia de otras danzarinas que concentran su atención en los grandes roles tradicionales y a pesar de haber logrado desempeños muy notables en obras como La fille mal gardée, Coppelia, Giselle y El lago de los cisnes, Loipa prestó desde los inicios de su carrera escénica una atención especial a las coreografías contemporáneas. Contribuyó al éxito de algunos estrenos de Alberto Alonso como Conjugación (1970) y Diógenes ante el tonel (1971), así como en Tarde en la siesta (1973) y Paso a tres (1976) de Alberto Méndez. Tampoco puede olvidarse su desempeño en Webern Opus 5 de Maurice Béjart, montado por el Ballet Nacional en 1969.

En su carrera no han escaseado los reconocimientos profesionales. En fecha tan temprana como 1965 obtuvo la medalla de oro en el II Concurso Internacional de Ballet de Varna, Bulgaria y cuatro años después, en el Concurso Internacional de Moscú, recibía la medalla de plata. En 1970 le fue otorgado por el jurado del Festival Internacional de Danza de París el Premio Estrella de Oro a la Mejor Bailarina del evento. Más allá de estos lauros, obtuvo el espaldarazo de uno de los grandes críticos de ballet del siglo XX, el inglés Arnold Haskell, quien en 1968 la calificaría como una de las “cuatro joyas” del ballet cubano, junto a Mirta Plá, Josefina Méndez y Aurora Bosch.

Entre 1973 y 1977 integró las filas de los Ballets de Marsella, por invitación de su director Roland Petit. Allí debutó en un pas de deux creado por este maestro a partir del Concierto para clarinete y fagot de Debussy. Luego, ella encarnó un nuevo montaje de Nuestra Señora de París del mismo coreógrafo. El crítico Antoine Livio escribió en Art et Dance de París, en enero de 1974:

Loipa Araújo es Esmeralda. Medio Lollobrigida, mitad Zizi Jeanmaire y dotada de una técnica a toda prueba, ella hace vibrar la atmósfera: toda la compañía parece participar de ese encantamiento. Pequeña y fina como una llama, como un golpe de fusta, Loipa Araújo está tan admirablemente proporcionada que uno queda mudo de admiración ante todo lo que realizan sus delicados pies tan bellamente cambrés.

Otros éxitos de público y crítica le llegaron con el estreno mundial de La artesiana, ballet montado por Petit en homenaje a Georges Bizet y en Estudios y preludios con música del brasileño Heitor Villa Lobos. Mención aparte merece su especialísima creación de Las intermitencias del corazón, otra coreografía de Petit, con música de Saint Saëns, basada en un pasaje de Marcel Proust, que Loipa montó en 1976 para el Ballet Nacional de Cuba y ha resultado uno de sus desempeños más memorables.

Con los Ballets de Marsella, la bailarina participó en una gira por la Unión Soviética que incluyó plazas como Leningrado, Moscú y Odesa. A pesar de estos y otros compromisos internacionales pudo viajar a La Habana en 1974 para encarnar a la Princesa Aurora en el estreno de la versión de Alicia Alonso de La bella durmiente.

Otras compañías del mundo acogieron temporalmente a la intérprete: el Ballet Bolshoi de Moscú, el Real Ballet Danés y el Ballet Internacional de Caracas, por sólo citar algunas. Mención aparte merece su presencia en el Ballet del Siglo XX, con Maurice Béjart, quien más de una vez alabó no sólo su versatilidad escénica, sino su intelecto. Ella fue la intérprete escogida, en el gran espectáculo que él dedicara en 1989 al bicentenario de la Revolución Francesa, para desempeñar el rol de La Miliciana.

En 2005 celebró el cincuentenario de su debut profesional. Aunque alejada ya de la interpretación escénica, su labor como maitre ha continuado, tanto en los salones del Ballet Nacional como en sus numerosos compromisos internacionales, que la han llevado por largos períodos al Teatro La Scala de Milán, el Real Ballet Danés, el Royal Ballet de Londres y el Teatro de la Ópera de París.

Entre los reconocimientos recibidos por Araújo están la Distinción “Por la cultura nacional” (1981), la Medalla “Fernando Ortiz” de la Academia de Ciencias de Cuba (1988) y la Medalla al Mérito Danzario del Consejo Brasileño de la Danza (1990). La nueva condecoración recibida por Loipa viene a llamar la atención sobre una de las trayectorias más notables en el ballet cubano contemporáneo.

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