Londres 2012: Que no se apaguen tus lucecitas

Una Olimpiada que se va.

Tomado del sitio oficial de Londres 2012

La delegación cubana participó en Londres 2012 con 52 deportistas menos que en los Juegos Olímpicos precedentes

Durante diecisiete días el mundo latió desde la capital de Inglaterra; ella fue el centro del universo y el Big Ben, El Puente de la Torre, el Palacio de Buckingham, El Ojo de Londres, La Plaza de Trafalgar, nos acompañaron en cada momento que seguimos a los héroes en competencia. Ahora, que los Juegos Olímpicos terminaron, cuando la magia llegó a su fin y volvimos a las historias cotidianas, quisiéramos que todos aquellos pétalos ardientes que alimentaron la gran fogata, continuaran alumbrando.

Porque durante ese tiempo, aún cuando en diferentes partes del mundo no hubo treguas, allí, en aquel espacio, los atletas y las atletas, desvirtuaron la profecía maya, estamparon la palabra armonía –tan cara a los griegos antiguos– en el año 2012, hicieron realidad el sueño de Lennon, más que imaginado, vivido.

Así, los negros y las negras competían bajo el pabellón británico, alemán, estadounidense; un español se apellidaba Bychkov, delatando su estirpe ucraniana; serbios, montenegrinos y croatas compartían en la misma piscina y, en lugar de matarse entre sí, corrían tras una pelota; el director técnico de los basquetbolistas rusos era un norteamericano; y en el podio del decatlón se abrazaban un cubano y dos estadounidenses mientras las banderas de sus naciones ondeaban juntas. (“Imagine there´s not countries”)

Pero también vimos reinar, en la aristocrática cancha de Wembley (meca del llamado deporte blanco), a dos afroamericanas, y, en el mismo sitio, un escocés independentista ganar la medalla de oro para Gran Bretaña. Ni la bellísima María Sharapova ni el mítico Roger Federev pudieron deshacer el embrujo que pesó en el recinto.

Significativamente, el dueto de españolas en nado sincronizado bailó un tango acuático y otras parejas europeas y asiáticas danzaban con ritmos latinos.

En aquel espacio-tiempo encantado de Londres, donde 204 confederaciones deportivas nacionales lucharon por la gloria, hubo muchísimos reyes, pero en especial dos: uno, blanco; el otro, negro. El primero, Michael Phelps, estampó su nombre y sus números definitivos en el cielo; el segundo, Usain Bolt, reafirmó su estatura cósmica, pero su cifra es un proyecto en crecimiento.

Otros héroes, muy especiales, fueron el dominicano Félix Sánchez, cuyo incontenible llanto victorioso será siempre un registro superlativo de la emoción y la vergüenza deportiva; y Oscar Pistorius, doble amputado que corrió la final del relevo 4×400, representando, más que a Sudáfrica, a la voluntad humana.

Y como para poner de relieve que en Londres hubo héroes negros “en todos los puntos cardinales”, un ugandés ganó la marathón, escoltado por los infaltables kenyanos, y ellos recibieron la mayor ovación, el mayor homenaje, en la jornada del cierre.

El capítulo cubano

La delegación cubana, con 52 deportistas menos que en los Juegos Olímpicos precedentes, ascendió 12 puestos en el medallero (lugar 16) con relación a su actuación en Beijing, merced a sus 5 medallas doradas, pero sus atletas obtuvieron 10 medallas menos en el total (14).

Los deportes de combate se llevaron casi toda la cosecha (10), dejando el resto para el atletismo (2), las pesas (1) y el tiro (1).

Como han apuntado muchos comentaristas, la manera en que el Comité Olímpico Internacional (COI) establece las posiciones en el medallero (por cantidad de títulos) es engañosa, no señala verdaderamente la jerarquía deportiva de las naciones, como sí lo sería una tabla por puntos. De ahí que el lugar alcanzado por Cuba en Londres oculta una realidad: el descenso deportivo de la isla, la cual no clasificó en ningún deporte colectivo para los Juegos concluidos.

No obstante, es justo señalar el mérito de los atletas cubanos que compitieron, no solo de los que subieron al podio y los que llegaron a finales. Solamente ellos y sus entrenadores saben (porque no se publica en detalles) la cantidad de obstáculos que enfrentaron durante el ciclo olímpico.

No pocos especialistas han acotado la necesidad de un replanteo de estrategias en el deporte cubano, lo beneficioso que sería concentrarse en las disciplinas que mayor aporte podrían ofrecer en cuanto a resultados dorados. No está mal, pero pensamos que debiera hacerse una reflexión más profunda. ¿Cuál es el costo, cuál el significado, para el ciudadano, de un lugar 16 en el medallero olímpico, por encima de España, Brasil, Sudáfrica, Dinamarca, Suiza, Noruega, Canadá, Suecia…?

En tie break: Las transmisiones de los juegos

La televisión cubana ofreció la mayoría de las competencias de estos Juegos, unas en vivo y otras de forma diferida, pero su selección dejó muchas insatisfacciones: dedicó demasiado tiempo a deportes de poco interés para los aficionados cubanos, en detrimento de disciplinas muy seguidas aquí.

El colmo de esas “decisiones” fue el caos televisivo del día final, cuando, en lugar de ofrecerse en vivo las finales más esperadas de los deportes colectivos, se pusieron, diferidas, las discusiones de los bronces, celebradas el día antes (entre otras cortinas de humo), con especial manipulación del partido de baloncesto España-Estados Unidos, visto en Cuba en la tarde del lunes. Todo comentario sobra. ¿En qué piensan los que deciden “qué deben ver los cubanos”?

Finalmente, comenzó ya el turno de Brasil –lugar 22 en Londres–, país organizador de los próximos Juegos, para los cuales tiene enormes retos, tan grandes como el Cristo de Río, pero quién duda que los vencerá. La samba ya está sonando.

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