Los que se van, los que se quedan, los que están…

Inmigración y doble circulación monetaria.

Jorge Luis Baños - IPS

El problema de la anunciada reforma de las leyes migratorias cubanas preocupa e incumbe a toda la sociedad cubana

Luego del paso arrollador del eufemísticamente llamado “período especial en tiempos de paz” que en los primeros años de la década de 1990 prácticamente desmanteló la lógica social y económica en la que se movía el país, la sociedad cubana no ha vuelto ni podrá volver a ser la misma. El quiebre profundo de todo un sistema de referencias, prioridades, posibilidades y hasta de valores de las personas, e incluso la relajación de su relación de total dependencia respecto al paternal Estado socialista, generó nuevas realidades y necesidades hasta entonces inexistentes o pospuestas.

Las ingentes carencias materiales de aquellos años en los que faltó todo ­desde alimentos a medicinas, de electricidad a transporte- buscó o, al menos trató de hacerlo, diversas soluciones individuales y gubernamentales. Dos de las más retumbantes, por sus múltiples y permanentes consecuencias, fueron la opción de muchos miles de cubanos de irse al exilio en procura de una solución individual y familiar a sus problemas ­con un pico dramático en la “crisis de los balseros” de 1994- y la decisión político-económica de legalizar la hasta entonces muy duramente penada tenencia de divisas, con todas las connotaciones políticas y económicas que tuvo la medida.

Desde esa época los conflictos relacionados con la inmigración cubana y con la doble (triple en un momento) circulación monetaria han marcado de manera permanente y profunda la dinámica social y económica de la isla, sin que se hayan encontrado soluciones satisfactorias ni se avizore su hallazgo en un plazo relativamente corto.

Sin duda, más que todas las medidas hasta ahora implementadas en el proceso de actualización del modelo económico cubano, el problema de la anunciada reforma de las leyes migratorias cubanas preocupa e incumbe a toda la sociedad cubana. Si varias de las modificaciones legales y estructurales hasta ahora aprobadas atañen de un modo u otro a diversos sectores de la población (los dueños de autos y casas, o los que desean ser cuentapropistas, o quienes necesitan mejorar sus viviendas y obtienen créditos y subsidios, etc.), una reforma de las regulaciones migratorias afectaría de alguna manera al conjunto de la sociedad. Así, mientras quienes podrían comenzar a viajar luego de la (predecible, pero solo supuesta) supresión del permiso de salida, recibirían un beneficio esperado por muchos, quienes, por el contrario, no puedan hacerlo (como al parecer ocurrirá, según las pistas visibles en la novela de misterio montada alrededor del tema) sentirán el peso de una pérdida de posibilidades y libertades solamente por ser quienes son, política o profesionalmente hablando, con las presumibles consecuencias que tal afectación produciría. Me explico con un solo ejemplo: si un médico o cibernético ve legalmente limitado su derecho a migrar respecto a otro ciudadano similar a él, ¿cuántos futuros médicos y cibernéticos se quedarían en el embrión para no perder el derecho de “los otros”? ¿Se aprobará una ley que distingue a unos ciudadanos de otros?

La complejidad política y económica de tal situación parece haber complicado de manera bastante dramática la esperada y todavía pospuesta reforma de las leyes migratorias cubanas. Como se ha reconocido públicamente por las altas esferas de poder cubano, muchas de las regulaciones que hoy rigen este componente de la legalidad y el derecho individual del ciudadano, fueron creadas bajo las necesidades de otros tiempos históricos. Pero lo que resulta incuestionable hoy es que su solución, total o dolorosamente parcial, tendrá sus efectos en el presente y, más aún, en el futuro de la nación, pues, a pesar de las difíciles circunstancias económicas que en la actualidad se viven en casi todo el mundo, una vez abiertas las posibilidades podrían ser miles los cubanos (especialmente jóvenes) que optarían por una solución de sus problemas o anhelos a través de una migración permanente o temporal hacia sitios en los que piensen resolver esas expectativas. Y si se pondrá obstáculos a la fuga de cerebros formados, entonces se producirá el escape de cerebros potenciales, entre otros problemas.

También plenamente extendido a toda la sociedad cubana está el conflictivo y enmarañado asunto de la doble circulación monetaria, cuya solución se entrevé lejana, mucho más complicada que muchas de las transformaciones económicas realizadas o en curso.

El conflicto más pernicioso de esta peculiar situación radica en que mientras la mayoría de las personas en el país obtiene sus ingresos en pesos cubanos, la vida en su casi totalidad se desarrolla en pesos convertibles. Con la excepción de los precios subsidiados que aun rigen en segmentos de las necesidades personales (la menguada libreta de racionamiento, los medicamentos), el resto de los bienes de consumo y los servicios han aumentado notablemente su precio (electricidad, por ejemplo) o, simplemente, han caído en el campo del peso convertible o su equivalente en pesos cubanos.

Ante tal realidad, si muy difícil resulta la situación para el trabajador que devenga un salario promedio de 500 pesos (20 cuc), insostenible resulta para el jubilado que apenas recibe la mitad, luego de haber trabajado por 40 años de su vida. Esta situación, en un país donde el sector etario que supera los 60 años es cada vez mayor, se ha convertido en una pesadilla para los que se acercan a la edad del retiro y en una dolorosa realidad para los que ya están en ella, pues simplemente sus medios económicos están calculados para una sociedad que ya no existe ­tras el paso arrollador del “período especial”…- y en la que el Estado y gobierno avanza en la eliminación de subsidios y pone precios “reales” a los productos. Precios inalcanzables para unos salarios que se han convertido en “virtuales”

Un fenómeno que tiende a agravar este conflicto se hace visible en la llamada política de “estimulación” salarial, que confiere ciertas ganancias monetarias extrasalariales a los trabajadores, o la separación de un monto dedicado a la alimentación del empleado, luego del cierre de numerosos comedores obreros. Esas cantidades ­y otros estímulos que complementan el salario- sin duda alguna ayudan a paliar la incongruencia entre sueldos estatales y necesidades de adquisición de los trabajadores, pero… no forma parte del salario y, por tanto, desaparecerá en el acto de la jubilación y en su momento disminuirá ostensiblemente la capacidad adquisitiva de ese pensionado pues, más que antes, deberá vivir en pesos convertibles.

Parece evidente que situaciones tan enrevesadas como la migración en una sociedad que no termina de superar sus crisis y las posibilidades económicas del ciudadano en un país que funciona con dos monedas, resultan un verdadero quebradero de cabeza para cualquier Estado y gobierno. Pero lo es también, y sobre todo, para los ciudadanos que con su trabajo e impuestos directos e indirectos sostienen las estructuras de ese Estado y gobierno, para cada uno de los habitantes del país que aspiran a una mayor plenitud en sus derechos para decidir sus destinos y a una vida más digna y racional, conseguida con su esfuerzo y talento.

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