Mayo teatral y social

Aires y vacíos en la escena cubana.

El centenario del gran escritor Virgilio Piñera (1912-1979) centró la participación cubana en la muestra

La reciente edición de Mayo Teatral –entre el 4 y el 13 del lluvioso mes- se caracterizó por su excelente organización, por ampliar su programación a varias provincias del país y por la vocación social que tuvo su convocatoria de este año. Si la última edición del Festival de Teatro de La Habana fue repetidamente criticada por su dispersión y la tendencia al gigantismo, Mayo Teatral logra fijar muy bien sus límites, objetivos y propósitos.

El centenario del gran escritor Virgilio Piñera (1912-1979) centró la participación cubana en la muestra. Regresaron títulos que hicieron época hace varios años como Los siervos, llevada otra vez a las tablas por Raúl Martín con su Teatro de La Luna.

Para muchos especialistas el momento más logrado de este homenaje piñeriano y un suceso dentro de la cartelera teatral habanera se localiza en la puesta de Aire Frío– una de las grandes obras de Piñera- asumida por Carlos Celdrán con su Argos Teatro. La puesta en escena renuncia a las precisiones históricas, obvia los breves datos sobre la época que ofrecía Virgilio para ilustrar la vida de la familia Romaguera. Esta renuncia tiene que ver con subrayar la universalidad del texto y ponerlo a dialogar intensamente con la circunstancia del cubano de hoy.

El primoroso sistema de diálogos, la gracia para la construcción de los personajes y las situaciones, que están entre los mayores méritos de Piñera como dramaturgo, son aprovechados y potenciados por el excelente espectáculo de Argos Teatro. Yuliet Cruz – bastante conocida por su labor para la televisión y el cine- logra un admirable desempeño en el rol de Luz Marina, deliciosa criatura escénica inspirada en la hermana de Virgilio y motor de la acción de la obra. Formidable es también el desempeño de Pancho García, un actor de extensa e intensa trayectoria que este año recibió el Premio Nacional de Teatro, punto máximo de consagración dentro de la vida escénica cubana.

Celdrán logra equilibrar muy bien lo risible en convivencia con lo trágico que tiene Aire Frío. Contó además con la ventaja de llegar a Mayo Teatral con la obra muy “rodada”. En este caso se produjo la deseable y orgánica relación entre la programación teatral cotidiana y los festivales, muestras u otros momentos de fiesta teatral.

Reivindicación femenina de Costa Rica a La Habana

Dentro de la sucinta pero rica muestra internacional, pudo verse un espectáculo singular de Abya Yala – Teatro Universatorio , Universidad de Costa Rica. El grupo -dirigido desde su fundación de 1991 por Roxana Ávila y David Korish- parte en Vacío del libro de Mercedes González La construcción cultural de la locura femenina en Costa Rica 1890- 1910.

La puesta en escena de Roxana Ávila escapa del el panfleto y el mensaje directo a través de un espectáculo rico en coreografías y con una utilización intencionada y encantadora de los géneros populares de nuestra música como el jazz, el tango y sobre todo el bolero. Por momentos hubiese preferido que la sonoridad –ejecutada en vivo y con alto nivel- se tomase un respiro e incorporara algo de silencio como signo. Durante la primera media hora o poco más, el recital de canciones y la creciente ocupación del espacio por las bailarinas resulta encantador pero podría pecar de excesivo.

Los elementos muy dramáticos del testimonio de las mujeres y las situaciones de abuso y honda discriminación llegan sobre todo en la parte final del espectáculo. Me pregunté si se podía hablar de un desbalance desde el punto de vista dramatúrgico, pero se trata más bien de una intencionalidad de las autoras (la propia directora y Aylin Morera) de establecer un firme contraste entre el despliegue visual, la belleza, el abordaje simultáneo de las situaciones cantadas y bailadas y del otro lado la escueta, amarga, inaceptable realidad de las mutilaciones y vejaciones que han sufrido las mujeres a lo largo de más de un siglo. El espectador hace como una relectura de todo el despliegue de encanto femenino, buen gusto, casi lujosa distribución de los objetos en el múltiple espacio de la representación. Los casos de maternidad arrebatada y otros atropellos contra la mujer, dan otro sentido al tradicional lugar de la mujer como objeto sexual, adorno incambiable y otros matices de la educación sentimental machista. Mucho de esas imágenes acuñadas hay –en tono de fina parodia- en la parte más aparentemente ligera y hasta frívola del espectáculo.

Vacío se suma a la larga tradición del cabaret político, que tiene su raíz más conocida en Brecht. La calidad de su factura ratifica el nivel de Mayo Teatral y la pulcritud de su denuncia social estremece y emociona.

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