Milagro en La Habana

The Rolling Stones en concierto.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El milagro sucedió, ya es historia: The Rolling Stones ofrecieron un concierto en La Habana ante centenares de miles de personas congregadas en un amplio espacio de la Ciudad Deportiva. ¿Quién lo habría vaticinado unos años atrás? Ni Nostradamus se hubiera atrevido a tal pronóstico.

Pero así fue: a las ocho y treinta y cinco, en la noche del Viernes Santo,la banda más añeja en activo,el mayor mito viviente del rock,apareció en escena y los asistentes al enorme terreno deportivo fuimos testigos de un evento excepcional, otro más, en una semana milagrosa.

La actuación de los legendarios ingleses, enmarcada en la semana de la música británica, se enlaza con los acontecimientos que tuvieron lugar en Cuba a partir del Domingo de Ramos, cuando, durante tres jornadas, la capital cubana fue centro del interés mediático global debido a la visita del presidente estadounidense Barack Obama.

Y, aunque el referido concierto es un suceso artístico, la relevancia del mismo desborda el campo cultural.  Al líder de la banda de rock AM, Ángel Mario Rodríguez, este concierto le recordó el que organizó Roger Waters tras la caída del Muro de Berlín, “The Wall live in Berlín”, para celebrar el fin de la división de las dos Alemanias, con la participación de estrellas del rock como Van Morrinson, Scorpions, SineadO´Connor, UteLemper, Marianne Faithfull, The Band, Cindy Lauper, Jerry Hall, The Band, o Bryan Adams.

Si “The Wall live” estuvo centrado en apoyar la fundación Memorial Fund For Disaster Relief, creada para paliar los impactos de cualquier guerra o desastre natural en Europa, quizás no resulte desatinado hacer un paralelo con esta actuación gratuita de The Rolling Stones en un país donde unas décadas atrás la palabra rock era impronunciable en la esfera pública. No por gusto, en las primeras frases que dijera en español,Mick Jagger expresó: “Las cosas están cambiando”.

El concierto por dentro

Una avanzada de los asistentes al concierto comenzó a llegar desde la noche antes, y acamparon para asegurarse un lugar de privilegio. Ellos estuvieron entre los que se situaron cerca del escenario y pudieron ver físicamente a los miembros de la banda. La inmensa mayoría, los que no teníamos invitación o no llegamos lo suficientemente temprano, vimos y vivimos el concierto por las pantallas.

El espacio para el espectáculo era tan grande que nunca estuvo colmado y, al menos por la calle Santa Catalina, se podía acceder con facilidad al mismo. Como la concurrencia no estaba compacta, se podía circular sin gran dificultad y el ambiente se mantuvo relajado.  Algunos lograron introducir bebidas alcohólicas, aunque sin consecuencias.

Cuando la banda salió a escena y MickJagger dijo las primeras frases en español, quienes solo veíamos la imagen de los músicos en pantalla experimentamos una rara sensación: queríamos saber dónde estaban ellos realmente, pero a menos que avanzáramos mucho entre la multitud no sería posible. Mas eso no impidióque disfrutáramos menos: el audio era sensacional y la energía del cuarteto fabuloso con sus acompañantes irradiaba todo el auditorio.

Toda la verdad debe ser dicha: los adeptos (y adictos) al rock tienen sus preferencias, que defienden a veces rabiosamente, y The Beatles, Kansas, Queen, Led Zeppelin, Deep Purple, Pink Floyd, Black Sabbath, o Metallica, pueden gustarles más que The Rolling Stones, pero nadie puede ser capaz de negar el aporte, la trascendencia y la leyenda de esta banda.

Estar en un concierto de The Rolling Stones y ver (aunque fuera a una distancia sideral) a esos (casi) inmortales en escena, nos parecía a cubanos y cubanas de la isla, hasta hace poco, nada más que un sueño;de ahí que ningún rockero o rockera quería estar ausente del espectáculo del viernes 25 de marzo.

En la multitud asistente a la Ciudad Deportiva estaban representados todos los grupos etáreos: niños, adolescentes, jóvenes, y una nutrida y entusiasta representación de la tercera edad, para muchos de los cuales la travesía hasta allí era una peregrinación ineludible, una cuestión de honor.

La diversidad presente en el concierto se hacía evidente por la manera en que reaccionaban ante el sonido que los confrontaba, seducía, convocaba: bailaban, cantaban, aplaudían, coreaban, o simplemente observaban curiosos, extasiados, o distantes. Sin embargo, la ola energética que emanaba del auditorio le hizo exclamar a Mick Jagger: “Qué público más chévere”, “están en talla”.

No sabemos cuántos asistentes no eran nacionales de Cuba, pero no fueron pocos, incluyendo disímiles medios de prensa. En medio del entusiasmo reinante, Vinicius, un joven periodista de TV Globo, quiso saber mis impresiones, mas se quedó sin carga en la batería y la pregunta (¿cambiará en algo este concierto la música cubana?) quedó en el aire.

Claro que el concierto no cambiará nada en la música cubana, la cual experimentó, hace mucho tiempo, la influencia del rock, pero quién sabe qué resortes puede haber movido la guitarra de Keith Richard, o la voz y la potencia de Jagger, qué influencia podrá tener en el gusto de muchos jóvenes presentes para quienes el rock es música de abuelos.

Cuando al filo de la once de la noche (10:50 p.m.) la banda dio las últimas notas de su himno inmortal, nadie pudo decir que no había quedado satisfecho, pleno, realizado, por el baño de rock que inundó La Habana ese viernes. (2016)

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