Mucho más que una calle

Historias cubanas publicadas en Bulgaria.

¿Qué responderías tú si un visitante que llega desde un lugar distante te pide que le digas algo sobre tu calle? No sobre tu país o tu vida, sino sobre tu calle… ese lugar tan familiar que apenas si reparas en él, o tan entrañable que ya forma parte de ti mismo, o tan hostil que quisieras huir, escapar tan lejos de él como sea posible…

Hace apenas unos días llegaron a mis manos dos libros “raros” publicados en Bulgaria –sí, Bulgaria, aquel hermano país de donde llegaban frascos de conservas y técnicos solidarios dispuestos a impulsar nuestro desarrollo socialista-, cuya génesis es precisamente la invitación a contar historias sobre una calle. La calle donde vives o donde transcurrió tu infancia, aquella que consideras tuya porque está ligada a tus recuerdos y vivencias tan personales que, según crees, nadie te puede negar su pertenencia.

Ese fue el origen de Mi calle. Historias cubanas (2010) y Tras las puertas (2012), dos títulos publicados en búlgaro, inglés y español por Janet 45 Print & Publishing House, una casa editorial búlgara que ha incluido en su catálogo algunos de los escritores cubanos más divulgados dentro y fuera de la isla: Virgilio Piñera, Reynaldo Arenas, Zoé Valdés, Wendy Guerra, Pedro Juan Gutiérrez y Leonardo Padura.

Sin embargo, los libros a los que hago referencia no están firmados por ninguno de estos u otros autores conocidos. Se trata de dos compilaciones de pequeñas historias escritas por cubanos con escasa o ninguna relación anterior con la literatura, dispuestos a contar sus experiencias cotidianas, mezcla de sueños realizados o por cumplir, en ese micromundo urbano donde transcurre su anónima existencia.

En realidad la génesis de todo se remonta varios años atrás y tuvo su origen en un proyecto mucho menos ambicioso nombrado “Mi calle”, que terminó desbordando las fronteras del país del sureste de Europa. Según recuerda la periodista búlgara Diana Ivanova, editora de ambos libros, todo comenzó en el año 2005 cuando los habitantes de la capital, Sofía, vivían una aguda crisis con la recogida de basura. Las cosas llegaron a un punto en que, a pesar de las protestas por el mal olor y la suciedad, se hizo evidente la escasa posibilidad que tenían los ciudadanos afectados de ejercer alguna influencia.

Fue entonces que la propia Ivanova y otros activistas sociales tomaron la iniciativa de involucrar a los jóvenes búlgaros en la solución del problema y como primer paso decidieron invitar a las personas a reflexionar sobre su entorno más cercano, en este caso las calles donde vivían. La idea llevó a sus promotores a organizar talleres en diferentes ciudades y pueblos de Bulgaria para recoger el testimonio gráfico y escrito sobre las experiencias personales en cada uno de ellos.

Así lograron recopilar más de 150 historias y gran cantidad de fotografías realizadas por los participantes de manera voluntaria. Para mostrar todo ese material al gran público se le encargó al diseñador búlgaro Raycho Stanev la creación de una página Web (www.my-street.org), y se realizó una exposición itinerante. Finalmente ganaron la atención de los medios y consiguieron que Janet 45 Print & Publishing House publicara un libro con una selección de las historias y fotografías mas interesantes.

Alentados por los resultados obtenidos en Bulgaria y urgidos por la “curiosidad de ver el sentido de cada mundo particular y de preguntar sobre él”, la periodista Ivanova y el fotógrafo iraní Babak Salari viajaron a Cuba donde repitieron la experiencia, a la cual se sumó como asistente el cubano Ulises Quintana de Armas.

De acuerdo con sus promotores, para la mayoría de los participantes en este proyecto la invitación a mirar “su” calle desde una perspectiva inusual fue el primer impulso para cobrar conciencia de la propia posibilidad de participación en determinadas acciones relacionadas con su entorno, más allá de los limites impuestos desde fuera: “Si podemos comprender cómo nosotros influenciamos las calles donde vivimos y como las calles nos influencian, podemos quizás entonces comenzar a observar de forma distinta nuestro lugar en el amplio espacio de las construcciones colectivas y sociales”, señala Ivanova.

Al mismo tiempo, el trabajo en la isla supuso una experiencia enriquecedora para los promotores del proyecto, según escribió Ivanova en su prólogo a la edición de Mi calle. Historias cubanas: “Lo que también me dieron las calles cubanas fue la sensación de que cada condición, independientemente de que sea el vacío o alegría, podría vivirse intensamente. La intensidad del sentir es un modo de declarar que existes y en ello para mí había algo nuevo que hasta entonces no había descubierto en las historias búlgaras….”

A partir de los resultados y el interés de este primer libro se comenzó a trabajar en un segundo grupo de historias reunidas esta vez por los también cubanos Alexis Álvarez, Anisley Miraz, Oscar Yoendris Hernández e Idalmis Esther Valiente. Así nació Tras las puertas, publicado en 2012 por Janet 45 Print & Publishing House y que, siguiendo la experiencia del primer título, no solo incluyó historias de La Habana, sino de otras ciudades como Holguín, Trinidad, Camagüey y Santiago de Cuba.

Es de lamentar la limitada difusión que han tenido ambos libros en la isla, pues a pesar de que no siempre las historias alcanzan igual interés, todas parten de la imagen que tienen los cubanos sobre sí mismos y aportan un revelador testimonio sobre la forma en que transcurren sus vidas. Y sólo esta virtud valdría para calificar de atrayente su lectura.

Por otra parte, aún cuando muchos de sus autores no asumen de manera consciente un punto de vista crítico sobre la realidad, los hechos y los sentimientos que expresan estos sencillos relatos se alejan en gran medida del discurso oficial para dar una visión mucho menos complaciente y triunfalista. A veces incluso revelan una nostalgia por un pasado y una inconformidad con el presente que en muchos casos supone una gran dosis de frustración, de desesperanza y de incapacidad para luchar por mejorar el futuro.  

Si sólo nos limitamos a mirar la seguridad desafiante con que se mueven los cubanos en la calle, se ríen y conversan de pie en las esquinas, o simplemente se sientan en los quicios sin mayor aspiración que ver pasar la vida, parece que son los dueños absolutos de ese pequeño fragmento de la ciudad, del barrio, o incluso de sus vidas. Pero como suele suceder, las apariencias engañan. A veces sólo se trata de una ilusión de dominio o de pertenencia que no siempre corresponde a la realidad de los hechos. Lo curioso es que los pequeños testimonios que componen ambos libros no solo revelan esta aparente contradicción, sino que hablan mucho más de nosotros mismos que de esas calles que a veces creemos poseer. Quizá cuando alguien se te acerca y te pregunta por tu calle, eres capaz de descubrir que una calle puede ser mucho más que una calle.(2014)

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