Muñecas para la vida

El destino revelado de Maritza Rojas.

Las muñecas de Maritza Rojas han estado presentes en 50 exposiciones colectivas y 10 personales

La década de 1990, primera de la época post guerra fría y del desmantelamiento del socialismo en Europa, tiene otros significados en Cuba, en primer término por la denominación “período especial”, una construcción lingüística cuya marca temporal solo señala el inicio de una “etapa” de crisis (económica, ideológica, espiritual…), una encrucijada donde se bifurcaron los destinos de la sociedad y de las personas.

En los noventa, en la isla, mucha gente cambió de profesión, aprendió nuevos oficios, experimentó en disciplinas distintas, incluso alejadas de su formación laboral. Así, no pocos descubrieron talentos que ignoraban, encontraron aptitudes hasta entonces desconocidas para ellos.

Entre las ocupaciones que llenaron espacios laborales alternativos estuvo la confección de productos artesanales. Algunas empresas estatales se desviaron hacia allí durante un tiempo y, en ese desvío, se perdieron para siempre técnicos muy calificados que se alejaron definitivamente de sus especialidades.

Por esos años, Maritza Rojas Moya, integrante de aquella generación de maestros que llamaron “los makarenkos” –en alusión al pedagogo soviético Antón Semiónovich Makarenko (1888-1939)–, languidecía de aburrimiento en una oficina de proyectos en La Habana Vieja, pero encontró, en la Casa de la Cultura de ese municipio, una puerta al desarrollo de sus capacidades en las artes manuales: estudió papel maché con la profesora Zoraida Díaz y pasó un curso de muñequería con la artista y profesora argentina Angélica Soler, Chacha. Resultaron episodios en los que se fue forjando como artesana, el inicio de un nuevo camino para ella.

Como muchas personas en los noventa, Maritza comenzó una producción artesanal en serie para la empresa Industrias Locales, mas apenas vencido el primer contrato se negó a continuar en una labor tediosa y reñida con el arte. Su talento reclamaba otro destino; cada vez hacía piezas más elaboradas que iban a distintas exposiciones donde probaban sus calidades. Luego, en 1995, con un nutrido currículo, fue admitida como miembro de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA), una categoría superior que permite a los artesanos comercializar sus productos, alcanzar un status de profesional.

La entrada a la ACAA no supuso, para Maritza, dirigir su derrotero hacia el mercado a tiempo completo. La vocación pedagógica y la religión la llevaron por otro sendero diverso. Un curso en la Asociación Nacional de Sordos e Hipoacústicos (ANSOC) la convirtió en intérprete del lenguaje de señas, labor a la cual dedicó ocho años. En función de un ministerio bautista que reza: “oídos sordos, corazón oyente”, viajó por varias provincias impartiendo cursos y traduciendo en esta forma de comunicación. El trabajo con los sordos –que realizó de forma gratuita en no pocas ocasiones– le mostró un universo desconocido para gran parte de la sociedad.

Por estar compartida entre variadas vocaciones, la obra artística de Maritza Rojas no ha crecido significativamente en cantidad, pero sí en calidad. Lo demuestra el primer lugar obtenido en el Primer Salón de Muñequería de la ACAA en Ciudad de La Habana, en 2006, un galardón que la colocó en la élite de la artesanía, le abrió nuevos espacios y la hizo emprender otras tareas dictadas por su sentido altruista. El significativo premio alcanzado, en lugar de dispararla en una lucrativa carrera de producción hacia un mercado que la reclama, la condujo en otra dirección. Una reacción que ella explica así: “Me conmovió la tristeza de las personas cuyas muñecas no fueron aceptadas para el Salón y me propuse ayudarlas”.

Llevada por un propósito docente educativo, Maritza fundó en 2006 una peña-taller en La Casa de la Obrapía, en La Habana Vieja, un sitio de aprendizaje y desarrollo de la muñequería con un espectro amplio. Aquí vienen personas de varias provincias del país para aprender y también para comunicar sus saberes: diseñadores, dibujantes, pintores, historiadores y artesanos aportan y reciben conocimientos. “Queremos que exista una cultura de la muñequería, que quienes emprendan la creación de un muñeco sepan lo que hay detrás del personaje, por qué debe tener determinados elementos”, explica la profesora.

Paralelamente a la fundación de la peña-taller en La Habana Vieja, creó un proyecto comunitario para la enseñanza de la muñequería en su zona de residencia. Su nombre es “Vida”. Una vez a la semana, en la Casa de la Comunidad del Taller de Transformación Integral del Barrio (TTIB) de Alamar Playa, convergen mujeres de varias generaciones. Algunas de ellas ya no conciben su vida sin las muñecas.

“Vida” comenzó con un grupo que se iniciaban en estas artes, pero una vez vencido un primer nivel de conocimientos quisieron seguir escalando. Al mismo tiempo, nuevos grupos de alumnas reclamaban a la profesora, la cual apenas alcanzaba para atenderlas a todas. Maritza preparó a las más avanzadas para impartir clases, mas todas querían beber de la misma fuente del saber. La solución fue mantener un colectivo diverso de aprendizaje donde se mantiene un núcleo que viene desde los orígenes.

Maritza Rojas es una creadora que constantemente está ampliando sus saberes. Ha pasado cursos de elaboración de carteras y de bisuterías (collares, pulsos, aretes); ha incorporado esas técnicas a la muñequería y las ha compartido con sus alumnas, quienes experimentan ya notables logros. “Vida” sobrepasa la veintena de exposiciones. Sus integrantes han madurado mucho y eso satisface a la profesora, porque, según refiere, “Las exposiciones levantan la estima de estas personas. Les aportan seguridad en lo que hacen y reconocimiento a su trabajo. Es muy placentero para mí verlas felices. Algunas llegaron aquí después de haber tenido pérdidas de seres queridos y encontraron en la muñequería una terapia ocupacional salvadora”.

Como “Vida”, mucho más que una escuela de muñequería, es un proyecto de enriquecimiento espiritual, sus integrantes contribuyen, con sus creaciones, en diferentes acciones, tales como regalos para niños y niñas hospitalizados que sufren de cáncer, o que viven con VIH, o que no tienen amparo filial. Cuando Maritza hace el relato de algunas de estas actividades, se puede leer la satisfacción en su rostro.

Migda, ama de casa de 76 años, es una de las fundadoras de “Vida”. Asegura que las muñecas son parte esencial de su existencia. Cuando le preguntamos sobre la profesora, dice que ella, por su generosidad y entrega a los demás, le dedica muy escaso tiempo a su propia obra. Y que sus alumnas más antiguas se lo recuerdan cariñosamente. Quisimos ver entonces algunas piezas de Maritza para comprobar cuánto nos estamos perdiendo.

“Perreta” fue la pieza premiada en el Salón de la ACAA en 2006. Se trata de una muñeca pequeña que representa a una niña mestiza con una perreta (rabieta, enfado, enojo). La obra muestra con exactitud su estado de ánimo y se apoya en múltiples elementos del vestuario, de la gestualidad, del cabello. La técnica empleada es mixta. En la confección de la pieza, Maritza hizo una trasgresión del canon para el rostro: insertó botones para dar forma a los ojos, dibujó la boca y aplicó silicona para la representación de lágrimas cayendo, algo que era inhabitual entre las artesanas, pues lo clásico era el bordado. A partir de entonces, esa técnica se fue imponiendo. Eso da una idea de su talento.

En el Segundo Salón de muñequería de la ACAA, en 2008, Maritza estuvo de nuevo entre las galardonadas y ahora, en 2010, integró el jurado que seleccionó las piezas que estarán en el Tercer Salón. Justamente cuando hacíamos este reportaje terminaba la curaduría del mismo.

Las muñecas de Maritza Rojas han estado presentes en 50 exposiciones colectivas y 10 personales y ella misma ha llevado su magisterio hacia varias provincias de la isla. Muchas galerías solicitan sus creaciones y la artista dice que sí, que tiene que hacer mayor espacio para su obra dentro de su tiempo, pero, en medio de sus vacaciones, acaba de impartir un curso para los niños sobre la técnica japonesa del Origame, de manera que, probablemente, su creación individual seguirá creciendo poco porque su obra, sobre todo, son esas acciones hacia la comunidad, hacia la sociedad, un proyecto de crecimiento espiritual que va más allá de sus muñecas.

2 comentarios

  1. Isis Serret Hernández

    Maritza es una de las personas más dulces que conozco y con esa misma dulzura transmite toda su experiencia. Es un alma generosa y en ella habita mucho amor que se traslada hacia todo lo que hace, su obra parece que te habla y te transmite sentimientos. Ella no teme transmitir sus conocimientos porque sabe que cada cual pone su sello identitario en lo que hace. Desde España te envio un saludo amiga, nunca te olvido y tampoco a toda la gente linda de la Obra Pia.

  2. Isis Serret Hernández

    Maritza es una de las personas más dulces que conozco y con esa misma dulzura transmite toda su experiencia. Es un alma generosa y en ella habita mucho amor que se traslada hacia todo lo que hace, su obra parece que te habla y te transmite sentimientos. Ella no teme transmitir sus conocimientos porque sabe que cada cual pone su sello identitario en lo que hace. Desde España te envio un saludo amiga, nunca te olvido y tampoco a toda la gente linda de la Obra Pia.

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