Ocho días en La Habana

Concierto de imágenes urbanas.

“Magia”, de Juan Carlos Bermejo.

Foto: IPS_Cuba

Desde hace doce años, en noviembre, la fotografía alcanza el mayor protagonismo en las salas de múltiples galerías en la capital. En las once ediciones anteriores el Noviembre Fotográfico no se había fijado ningún tema como eje central, pero en 2018 la Fototeca de Cuba propuso la fotografía y la ciudad como núcleo temático de todas las acciones.

En sintonía con esa proposición, el artista visual Jorge Mata curó la exposición “8 días” en la sala María Zambrano del Centro Hispanoamericano de Cultura: dieciséis imágenes salidas de los lentes de Francisco Palomino (Cáceres, 1971) y Juan Carlos Bermejo (La Habana, 1971).

Y así sentí a Cuba poéticamente, no como cualidad sino como substancia misma. Cuba: substancia poética visible ya. Cuba: mi secreto. María Zambrano

Quiso el azar que concurrieran en esa institución, ubicada en el malecón habanero, dos artistas procedentes de España y de Cuba, y, significativamente, el aura de la pensadora malagueña imanta la muestra, extiende su influencia en el ámbito circundante. Una placa que recoge la cita anotada arriba subraya ese sentido y enlaza las dos partes, los dos universos: la península y la ínsula.

Allí, el arte fotográfico ratifica su amplitud de horizontes. Ambos artistas enfocan la ciudad capital con diferentes contenidos, pero con una semántica que los acerca. No es casual, los dos nacieron el mismo año, los dos son hijos de la postmodernidad.

Francisco Palomino es un buceador de detalles en los espacios citadinos, su mirada busca en lo underground y crea asociaciones entre imagen y texto; así, la construcción lingüística refuerza el sentido irónico y lúdico que sustenta sus representaciones.

“No pasar”, de Francisco Palomino

Foto: IPS_Cuba

Para el fotógrafo español los restos de un teléfono público, en tanto símbolo de lo disfuncional, perdida su cualidad y convertido en objeto otro, adquiere categoría cómica. Para nombrar esa pieza el artista elige una palabra que enuncia lo irreal: “comunicando”.

De manera similar, en la foto de una añeja puerta metálica con abertura en forma de ventana, el título reza “no pasar”. Por el contrario, una pareja de sillas, diferentes entre sí, es nominada “dispareja”, mientras, la foto de otra silla desvencijada con “asiento” lamentable es nombrada “en equilibrio”.

El resto de las piezas fotografiadas en La Habana por Palomino (una mancha en la pared, cables eléctricos, una lata de cerveza vacía y una flor, un mosaico separado de su hendidura) son, igualmente, criaturas de la misma familia urbana, una serie donde los objetos pueden leerse como fragmentos de una instalación.

Juan Carlos Bermejo utiliza también el recurso lingüístico para codificar la ironía y lo lúdico en algunas de sus obras, pero el contenido de sus fotos es más diverso: abarca los espacios naturales y los construidos,los objetos, la animación callejera, los seres humanos, los iconos religiosos, y apela, en ocasiones, a la emoción, para ubicarnos en el sitio donde capturó la imagen.

La intención de trasladarnos emociones está presente en la foto tomada en ascensión hacia la cúpula del Capitolio, nombrada “Piel de gallina”, frase popular para denotar ese encogimiento de la piel que nos provoca algo que nos asusta.

“Piel de gallina”, de Juan Carlos Bermejo.

Foto: IPS_Cuba

La emoción nos llega asimismo al contemplar la foto que muestra la bruma cubriendo el mar, un instante mágico, muy especial, captado por el artista; de ahí la nominación de la pieza: “Magia”.

Un sentimiento de otra naturaleza nos provoca la fotografía de un payaso en actitud reflexiva, casi triste, a solas con sus pensamientos luego de concluir la función. El título de la obra, en cambio, es “Euforía”.

Lo enigmático, la foto como acertijo a descubrir, es la instantánea tomada en cercanía a un ojo de El Cristo de Casablanca, nombrada “Oquedad”. Solo nos enteramos del misterio cuando el artista nos lo reveló.

Lo hermético puede venir marcado en el título de la obra. Así sucede en “La estrella solitaria”, elemento que buscamos en vano en la inescrutable foto, acaso expuesta para inquietarnos.

Diferentes secretos rodean a la imagen de yeso, rota y abandonada, de una virgen de Regla, fotografiada por el artista a la entrada del templo. Su título, “Rompecabezas”, tiene una doble lectura que no todos pueden hacer.

La referencia textual adquiere mayor protagonismo en la foto nombrada “Obispo y Aguacate”, que señala el sitio de la Habana Vieja captado en el lente y, al mismo tiempo, juega con el contraste entre las dos palabras, el encuentro entre dos entidades dispares, una semántica que viene del surrealismo y que también está presente en las imágenes del artista español.

La exposición “8 días” es coherente, desde su título, con los guiños textuales que utilizan estos dos artistas posicionados en el campo estético de la transvanguardia: ocho días era el tiempo del cual disponían para preparar la muestra.

Francisco Palomino y Juan Carlos Bermejo nos ofrecen sus respectivas visiones de la ciudad con un acento irónico y lúdico que recoloca esos paisajes urbanos y los relaciona, los confronta, los reconfigura en nuevas construcciones simbólicas, como demanda el arte postmoderno.

“8 días” forma parte de las acciones de un proyecto de cooperación para el desarrollo que promueven, en el Centro Hispanoamericano de Cultura, la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo, la Fundación Ciudadanía de España, y la Oficina del Historiador de la Ciudad. A esa conjunción se sumaron los integrantes de la Colección Permanente de las Artes Visuales Fernando Ortiz y Tuyomasyo, proyecto que anima el curador de la muestra. (2018)

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