Padura recibe en Barcelona el premio Barcino

La entrega oficial del Premio se realizó el 8 de noviembre como parte del evento Barcelona Novela Histórica.

Padura con los miembros del jurado y Marta Nin, subdirectora de la Casa de América de Barcelona, quien leyó el Elogio del galardonado.

Foto: Cortesía de la autora

El sugerente reflejo de la luz filtrada por los vitrales de cuatro rosetones y los enormes arcos de medio punto del Saló de Cent o Salón de Ciento, construido en 1369 para celebrar las reuniones del antiguo gobierno de la ciudad de Barcelona, hacen de este lugar el escenario perfecto para la entrega del Premio Internacional de Novela Histórica Barcino, un galardón que concede el Ayuntamiento de la Ciudad Condal y que en su sexta edición recibió Leonardo Padura, el escritor cubano que ha dedicado parte de su obra a indagar en las sombras del pasado en un tenaz intento de esclarecer el presente.

La entrega oficial del Premio se realizó el 8 de noviembre como parte del evento Barcelona Novela Histórica, celebrado del 5 al 10 del presente mes, y que agrupa diversas acciones relacionadas con la literatura de este género entre las que se incluyen talleres, coloquios, conferencias, rutas literarias y encuentros de los lectores con los escritores invitados cada año.

En sus palabras de agradecimiento por este galardón Padura se refirió a los presupuestos que han caracterizado su narrativa, en la que rehúye de manera consciente la pureza del género histórico para centrarse más bien en la búsqueda de lo esencial a través del tiempo y sin perder de vista la contemporaneidad.

Leonardo Padura recibe el Premio Barcino en el Saló de Cent, en el Ayuntamiento de Barcelona.

Foto: Cortesía de la autora

“Como escritor de ficciones, la Historia y el presente han sido los dos territorios por los que me he movido, persiguiendo siempre lo mismo: entender el hombre que soy y tratar de entender a los semejantes que me rodean. Tal vez, pero solo en apariencia, el ejercicio resulte más sencillo en el caso de que el espacio escogido sea la contemporaneidad –pues parece imposible hablar de tiempo presente si se considera su fugacidad indetenible. La posibilidad de adentrarme en las vidas y milagros de las personas que me acompañan en mi tiempo vital se alimenta de la observación, la participación, el ejercicio de vivir la propia vida en una época y sociedad cercanos, y disfrutar de sus beneficios y sufrir de sus embates. Pero, ahí está, no menos tentador, ese otro universo que es la Historia, entendido como fuente de donde brotan, a borbotones, actitudes humanas propias de sus momentos y que, sorprendentemente, pueden resultarnos muchas veces incluso más esclarecedoras que las de nuestros contemporáneos para entender y revelar los intersticios de nuestra condición humana”, señaló el escritor en su intervención.

Más adelante el novelista rememoró varios de sus títulos en los que la Historia ha sido la materia prima para construir una obra literaria en la que ficción y realidad establecen un diálogo enriquecedor, como sucede en La novela de mi vida, una de cuyas líneas argumentales transcurre en el siglo XIX. “Con Heredia de la mano intenté comprender además por qué los cubanos somos cubanos y cuándo y cómo empezamos a serlo y de qué modo hemos seguido siéndolo, de qué modo yo he intentado serlo”, aseguró el autor.

Acerca de su reconocida obra El hombre que amaba a los perros, Padura aseveró que “con un drama como el asesinato de León Trotski en el verano mexicano de 1940, a manos (por cierto) de un comunista catalán llamado Ramón Mercader, me propuse entender los modos en que se había pervertido el intento de materializar una utopía tan grandiosa como la de construir una sociedad de iguales, donde los hombres pudieran vivir con el máximo de libertad en el máximo de democracia, esa sociedad mejor con la que sueña el hombre desde hace tantos siglos”.

Luego recordó que junto al personaje de Rembrandt van Rijn en su novela Herejes  -ganadora del Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza 2014-, “en la década de 1640 y en la Ámsterdam bullente de libertad y creación, me esforcé en hurgar en la relación entre la libertad y la herejía, entre el arte y su contexto, entre el ejercicio del libre albedrío que los humanos podemos practicar y los castigos por ejercitarlo que la sociedad siempre ha estado dispuesta a someternos”.

Padura también se refirió a su obra más reciente, La transparencia del tiempo, donde “de la mano de otro catalán, Antoni Barral, personaje ficticio y dueño de la intemporalidad, quise expresar mis obsesiones respecto a la tiránica relación que la Historia, los hechos de la Historia, ejercen sobre la voluntad de los hombres y cambian, alteran, destruyen sus existencias”.

Asimismo el escritor anotó que la “Historia –esta suma de enseñanzas que también están en los libros de texto pero sin el olor de carne quemada, a grasa supurante por el calor humano que puede conferirle  una novela-, me ha servido sobre todo para entender mi presente, mi tiempo vital, mi propia existencia en una época y sociedad concretas. Me han permitido entender lo universal y permanente de la condición humana a través del tiempo y ver sus reflejos en mi contemporaneidad”.

Por último Padura confesó sentirse especialmente feliz con el reconocimiento de un jurado que además de premiarlo en su intento de transformar la Historia en materia literaria, también ha destacado su capacidad de retratar y consolidar la imagen de su presente en otras facetas de su obra y a través del personaje Mario Conde, ex policía devenido vendedor de libros viejos, cuya vida transcurre en la Cuba contemporánea.

En el acto se leyó el Acta del Jurado en la que se destaca la capacidad del escritor para moverse por la Historia y por su presente –de la mano de su personaje habitual, Mario Conde-, y la subdirectora de la Casa de América de Barcelona, Marta Nin, leyó el elogio del galardonado.

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