Paradiso: ¿Una novela inagotable?

El Coloquio Internacional “Pensamientos en La Habana: a cincuenta años de Paradiso” demostró el interés por esta obra entre los participantes de más de diez países.

Aunque parezca que cada vez son menos los dispuestos a vencer las dificultades que la lectura de Paradiso presenta a los lectores, un Coloquio Internacional sobre esa novela del cubano José Lezama Lima demuestra todo lo contrario.

El evento, bajo el título “Pensamientos en La Habana: A cincuenta años de Paradiso”, reunió en la capital de Cuba a veinticinco estudiosos extranjeros y veinte cubanos que develaron algunos de los misterios de una obra que para muchos resulta inagotable.

Lo que la hace permanecer en el canon de Occidente es el misterio, la alta poesía de sus páginas, afirmó el profesor, crítico y ensayista cubano Emmanuel Tornés, quien fuera uno de los coordinadores de este simposio que se celebró bajo el auspicio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y el Instituto Cubano del Libro, entre otras instituciones de la Isla.

Aunque el encuentro tuvo un marcado sesgo teórico, la sala Federico García Lorca, del Centro Dulce María Loynaz, donde se reunieron durante tres días los ponentes, resultó pequeña para la asistencia de un público ávido de conocimiento, entre el que no faltaron pocos pero interesados jóvenes.

“Aunque parezca increíble para nosotros, los cubanos —cada vez parecemos menos los que seguimos leyendo Paradiso, la poesía y los ensayos de Lezama— este coloquio confirmó que a nivel internacional, y a pesar de la exponencial ventaja de las tecnologías informáticas y mediáticas que invaden al mundo, un buen número de personas sigue leyendo de forma entusiasta y profunda al inolvidable vecino de Trocadero 162 y en especial su novela Paradiso”, dijo Tornés a la redacción de IPS.

Todo parece indicar  que la novela y el revuelo inicial que causó entre sus detractores cuando vio la luz en 1966, es ahora reivindicada como una obra patriótica, martiana, que va a las esencias menos visibles de una cubanía expresada en imágenes esplendorosas y sorprendentes que no impiden catalogar al libro como una novela de aprendizaje.

Su juego con la historia de Cuba y el contexto de la Guerra de Independencia y la vida durante la seudorrepública, fue diseccionada con brillantez por el destacado hispanista norteamericano, de origen checo, Emil Volek en su ponencia titulada “El jardín de las delicias poéticas a cincuenta años de Paradiso”.

Especialistas cubanos opinaron que este debería ser uno de los textos esenciales en los programas de las universidades nacionales y foráneas, al menos de Occidente, por sus altas dotes estéticas, cognoscitivas y humanas y, especialmente, por su capacidad para desarrollar el intelecto de los estudiantes.

En una entrevista concedida al periodista Ciro Bianchi Ross y recogida en su libro Así hablaba Lezama, el autor de Paradiso manifestó que siempre supo que algún día tendría que escribir la historia de su familia, “aquellas conversaciones de mi madre y mi abuela con mis tíos sobre la vida de la emigración durante la Guerra de Independencia, los encuentros con José Martí y las Nochebuenas pasadas lejos de Cuba”.

“Yo tenía que escribir también sobre la Universidad, la lucha estudiantil contra Machado, mis amigos, mis conversaciones, mis lecturas, mis esperas y silencios”, añadió.

De esta manera, se van borrando las apreciaciones que redujeron  a esta obra monumental a la supuesta inmoralidad de su capítulo XVIII, por el cual fue preterida por algunos durante los años setenta, época de encarnizadas polémicas culturales en Cuba.

En este sentido, el profesor Tornés opinó que aunque algunos atribuyen su atractivo a la porción erótica del texto —por cierto, valga anotar que su tratamiento ideoestético se adelantó a las proyecciones que luego asumiría la posmodernidad en América Latina—eso no basta. Tal asunto ha sido visto por la mayoría de los lectores, o de oídas por otros, pues sobran los que hablan de ella sin haberla leído.

Para el estudioso y Premio Nacional de Literatura de Cuba, Reynaldo González, el interés actual en Paradiso, se debe a que no es un libro de tesis ni plantea problemas del presente sino que es la seducción de la poesía y de un talento desbordado que la escribió sabiendo que no iba a tener control de esa obra.

“Lo que más me admira de Lezama, afirmó González, es ese sentimiento de estar escribiendo para el futuro, la posibilidad de trascender en la literatura, el sentirse seguro de sus potencialidades como escritor”.

Para Reynaldo González lo más importante del coloquio realizado en La Habana es el reconocimiento de que Lezama Lima permite dialogar con diferentes culturas provocando una serie de juegos intelectuales que con frecuencia opacan otras visiones.

“Esta vez hubo muchas intervenciones que esquivaron las características filosóficas que se le atribuyen a Paradiso para que gente de distintas partes del mundo lo vincularan con sus respectivas culturas”, opinó.

Lo cierto es que esta novela sigue siendo redescubierta por sus estudiosos y sus lectores más allá de lo que era posible pensar en 1966. Más o menos leída, esta obra canónica del siglo XX cubano parece tener la virtud de ser eterna e inagotable. (2016)

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