¿Peloteros cubanos en el Caribe o cerditos en el espacio?

La hora de la leña del árbol caído.

El retorno de los campeones nacionales cubanos a la Serie del Caribe de 2014, luego de 54 años de ausencia en estas lides, no pudo ser más lamentable. De cinco conjuntos convocados, los de Villa Clara quedaron últimos, sin posibilidad de pasar a la fase de cruces donde, tal vez con la ayuda de la tradición, la suerte y del agua que anteriores selecciones nacionales solían lanzar al terreno (convocando así a todas las deidades posibles), pudiera haberlos colocado incluso en el podio del evento o cerca de él. Pero la actuación criolla fue tan pobre que sobre los jugadores, la dirección técnica, las instancias rectoras del beisbol cubano y sobre la realidad misma del país, llovieron las opiniones demoledoras.

En los días en que se efectuaba la competencia, mientras se iba perfilando la catástrofe, tuve la curiosidad de ir anotando algunos comentarios vertidos en torno a la actuación de los cubanos. Estas opiniones, en la mayoría de los casos, eran lanzadas por los comentaristas y periodistas especializados en la trasmisión y análisis de este deporte. Muchos de esos opinantes, por cierto, tuvieron en otros momentos juicios muy diferentes y auparon o no comentaron lo que casi todo el mundo sabía y que desde antes de la Serie del Caribe, antes del II Clásico Mundial de 2013, antes del mundial de Panamá, ya muchos sabíamos: por una suma de condiciones materiales, políticas, económicas y personales, que se imbrican a la realidad del país como conjunto, la pelota cubana sufría de graves dolencias.

En esta ocasión, por haber sido tan evidente y para que no se pierda en el éter o se borre de la memoria, me dediqué a hacer un resumen de opiniones de esos especialistas, muchas otras veces henchidos de triunfalismo, hoy conminados a criticar, pues no resultaba posible hacer otra cosa. Casi todas estas frases e ideas están tomadas de un contexto más amplio, pero ninguna de ellas ha sido manipulada: todas responden al espíritu con el que fueron dichas o escritas en los días amargos de este último desastre.

Entre los entendidos se dijo, por ejemplo, que nuestros pitchers solo pretenden dar strikes, sin plena conciencia de que no es lo mismo que tirar por el centro; que demoran en lanzar, se mueven innecesariamente en el box y por tanto pierden la concentración; que se viran a las bases innecesariamente, a la vez que se van de la concentración en el bateador y no cuidan lo suficiente al corredor. Pero, además, nuestros pitchers no tienen establecido su papel en la rotación y en el juego (abridor, relevista, cerrador).

Los bateadores, por su parte, no saben escoger los lanzamientos (pobreza en la capacidad de selección) ni meterse en conteo; no saben tocar y les falta disciplina táctica.

En términos globales, se dijo, los cubanos tienen un bajo nivel cualitativo general, pues en Cuba hay demasiados equipos y los atletas necesitan insertarse en otras ligas. Son jugadores con lagunas evidentes. Les falta oficio o sufren de “inocencia” ante el oficio. Incluso “les pasa lo que no puede pasar”. En ocasiones todo lo hacen mal. Tienen deudas con la técnica, porque hay baja calidad en todas las categorías. Les falta alegría sobre la grama, sufren presión, nerviosismo, no disfrutan el juego y no muestran armonía, y sus mentes parecen inmovilizadas. Exhiben un “lamentable déficit competitivo”, con un pobre desempeño, tanto del picheo como de la defensa. Da la impresión que los jugadores “no tienen armas” y cometen errores mentales, esos “que no van a las estadísticas”, mientras “les facilitamos a los contrarios más carreras que las que nos hacen”. Pero, a pesar de todo eso, hay que pensar “que sí, que sí se puede”, “hay que soñar”… a pesar de que el asunto [el desastre] abarca al deporte nacional en pleno, sumido en su peor pesadilla histórica.

Los managers, por último, toman decisiones tan evidentemente erráticas que son “la crónica de una muerte anunciada”. Sufren desconocimiento de cómo se juega una serie así (la del Caribe) y son los únicos que dudan a la hora de escoger refuerzos. Los entrenadores cubanos tienen que aprender más. El director opta por abrir un juego con un pitcher que relevó el día anterior y que en Cuba necesita siete días de descanso.

La actuación del equipo es “horrible”, tanto que “cuesta trabajo creer esto” y su actuación no merece “más comentarios” y “deja bastante que desear”. Cuba fue “la decepción de la lid”, provocó que perdiéramos las ilusiones y nos llenó de escepticismo.

Los contrarios, en cambio, son versátiles y ambidextros. Se equivocan poco. Tienen pitchers de excelente control en la zona, trabajan en las esquinas, con dominio sobre sus lanzamientos, y esos pitchers saben trabajar muy exacto. Y, por ejemplo, los dominicanos “juegan muy fácil contra Cuba” y sus corredores se movían libremente.

Muchas de las estrellas de estos clubes no recibieron la autorización de sus equipos de Grandes Ligas para participar en este torneo, por lo que no pudieron convocar a los más cotizados de sus respectivas ligas. [Ningún otro equipo llevó a seis de sus mejores jugadores posibles, como lo hizo Cuba con Yuliesky Gourriel (3B), Yordan Manduley (SS), Alfredo Despaigne (jardines), José Manuel Fernández (2B), Yulexis La Rosa (C), y Freddy Asiel Álvarez (el mejor o el segundo mejor pitcher de Cuba), además de Norge Luis Ruiz, “uno de los dos extraclase del beisbol cubano”).] Villa Clara llevó en cambio a Ariel Pestano, casi imposibilitado de jugar, y único receptor suplente del equipo.

En conclusión, el beisbol cubano necesita insertarse en otras ligas, según se afirmó. Además, no se puede recuperar o sustituir la cantidad de peloteros perdidos en los últimos años. El resto del Caribe tiene un beisbol de mayor calidad que el cubano: el nuestro, “sin duda”, está por debajo, y la Serie sirvió para demostrar el lugar en que estamos.

Son demasiados problemas para enfrentar una competencia como esta que, (…) según los experimentados, no tiene un alto nivel…”, pero el conflicto mayor radica en que los cubanos tienen fallas en el pensamiento técnico-táctico y de contra les “falta (…) un funcionamiento orgánico al no existir una mecánica de juego eficiente”. Se impone, entonces, “un rediseño de estrategias”. Una “revolución”.

Y me pregunto, luego de escuchar a los que saben, ¿se producirá esa revolución reclamada o seguiremos perdidos (y perdiendo) como cerditos en el espacio más propios de un Muppet Show que de la calidad a la que podemos aspirar? (2014)

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