Siete días en un terabyte

La saga del paquete,

Foto: Tomado de eltoque.com

Luego de un año de controversia en los medios oficiales, en las redes sociales y hasta en espacios académicos, el llamado “paquete de la semana” sigue generando comentarios, como la saga de una de las muchas series que hospeda ese producto underground, made in Cuba.

Entradas al laberinto

Quienes no hayan tenido información previa deben saber que el paquete semanal es una recopilación de información digital (actualmente un terabyte) que contiene una enorme diversidad de productos: largometrajes de ficción, documentales, series, miniseries, telenovelas, noticieros, música, aplicaciones para móviles, antivirus, deportes, anuncios clasificados, y muchísimo más. Por tantas prestaciones ha sido calificado como “el internet de los desconectados”. Así, en un país con bajísima tasa de conectividad, es lógica su amplia popularidad.

 

La historia soterrada

Es muy difícil saber cuándo comenzó a distribuirse el paquete, pero con seguridad rebasa los cinco años. En sus inicios ofrecía unos 100 gigabytes y fue creciendo, poco a poco, hasta llegar a la cifra del momento. Tampoco la actual estructura de distribución es la de los orígenes.

Como producto propio del mercado informal de este tiempo, el paquete semanal ha mostrado una gran capacidad para ir mutando, adaptándose a los requerimientos de los consumidores y a la tecnología, en consonancia con un universo que se mueve aceleradamente.

Al parecer, los “empaquetadores” confeccionan su producción a partir de dos fuentes: la conexión satelital (la popular antena) y la conexión a internet de alta velocidad, un privilegio de pocos. A la altura del domingo ya ellos recogieron la programación de la semana; entonces entran en escena los canales de distribución. El precio para degustar el manjar está en dependencia del día de la semana en que se adquiera el producto, pero teniendo en cuenta la abundancia del contenido, es barato: entre 1 y 3 CUC.

 

Tramas paralelas

El paquete alimenta una amplia red de servicios, prestaciones y ocupaciones que han proliferado al amparo del cuentapropismo, como la venta de discos quemados y los puntos de servicios informáticos múltiples: quema de CDs y DVDs y copia de telenovelas y series, una prestación muy demandada por aquellas personas que no poseen computadoras o discos duros externos donde almacenar grandes volúmenes de información.

La existencia del paquete le ha quitado protagonismo a “la antena”, porque, para qué esperar, día tras día, por las interminables historias de las telenovelas de Univisión, cuando en unas pocas jornadas se pueden ver. Pero también le ha quitado presión a la gente del cable: ahora ellos hacen su negocio con menos preocupación, se sienten menos amenazados. Y sus usuarios ven, con mayor tranquilidad, las broncas de Caso cerrado: quien escuche desde fuera no sabrá si la transmisión proviene de la antena o del paquete.

 

La crítica, los críticos y los felices empaquetados

El paquete ha resistido, con fortuna, los embates críticos, la mayoría mal argumentados. El más recurrente es que sólo contiene banalidad y mal gusto. Falso. Aunque “los paqueteros” complacen el gusto de los consumidores de banalidad (no podrían hacer otra cosa), en cada entrega hay suficientes largometrajes de ficción y documentales como para satisfacer a un público de exigencia estética.

Hemos leído y escuchado juicios sobre el paquete –emitidos por personas de quienes se espera rigor y profundidad en los criterios– que denotan desconocimiento sobre el mismo. A los inquisidores les recordamos que en la carpeta Películas se han ofrecido todos los filmes nominados al Oscar de las últimas tres ediciones, así como los ganadores de los festivales de Berlín, Cannes, y los Premios Goya, por poner un ejemplo.

Una buena zona de las opiniones sobre el paquete lo enfrenta a la televisión cubana. Otro dislate. A ninguna televisora –ni siquiera trasnacional– se le ocurre competir con internet, y el paquete es un remedo de la misma, es la superautopista de la información a lo cubano. Mientras llega la verdadera, on line, se va resolviendo con esta versión criolla, off line, una estrategia de resistencia.

Otras opiniones se concentran en la necesidad de educar (a los niños, los jóvenes, la población) para que sepan seleccionar los contenidos, para salvar al grano de la paja. Bueno, ese es otro asunto, mucho más complicado, que atañe a la familia, el sistema educacional, las instituciones culturales, la sociedad en su conjunto.

Los mayores consumidores del paquete son los jóvenes, y nos consta, que aprecian mucho poder ver cada capítulo de Juego de Tronos apenas unas horas después de estar disponible en la red global, por citar un ejemplo. No estaría mal hacer una encuesta y preguntarles a los jóvenes, ¿por qué prefieren el paquete?, ¿qué ven y qué no ven del mismo?

Hasta ahora, las autoridades gubernamentales no han ejecutado acciones contra el paquete como sucedió, años atrás, con las antenas parabólicas y con alguna que otra red de la antena, con lo cual han demostrado sabiduría, un cambio de postura acorde con los nuevos tiempos. (2015)

Un comentario

  1. Enrique

    Es curiosa la magnitud del Paquete, la cantidad de trabajo q -necesariamente- hay detras de una compilacion semejante…y tambien ver como lo damos “por hecho”, como si se diera en las matas. ¿De donde sale?¿Quien lo conforma?¿Aqui o alla? Descargar, preparar, empaquetar y distribuir semejante volumen de informacion -variopinta- no parece simple de conseguir de este lado, porque ¿quien tiene semejante ancho de banda en su conexion?¿Alguien de los q se conecta en 23 y L? Se dice simple “se descargan los materiales de la red”, sobre todo si no se ha intentado nunca, en especial con la velocidad de actualizacion con q suele contar. ¡Es multidimensional este asunto…!

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