Sonando para Cuba y el mundo

El programa televisivo Sonando en Cuba conecta a los jóvenes de la isla con lo más auténtico de su patrimonio musical.

Sonando en Cuba ha demostrado que hay talento entre los jóvenes de la isla para interpretar la riqueza de la música cubana.

Foto: Tomada de sonandoencuba.icrt.cu

El pasado domingo 30 de octubre, las familias cubanas, incluidas las más jóvenes generaciones, permanecieron en sus casas para ver por la pequeña pantalla la jornada final de Sonando en Cuba, un espacio competitivo de la televisión, auspiciado por RTV Comercial, que ha capturado a las mayores y no habituales audiencias durante todo este año.

En el estilo de estandarización global de otros como la Voz Kid o el español Operación Triunfo, algunos le reprochan sus semejanzas con ellos, de carácter fundamentalmente mercantil, pero lo cierto es que la mayoría de los críticos reconoce el mérito de esta competencia para la necesaria revalorización de la música cubana. Especialmente entre los jóvenes ha tenido una acogida sorprendente e inesperada.

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Yulaysi Miranda (a la izquierda) fue, sin dudas, quien dominó la competencia final para alzarse con el premio de esta segunda temporada de Sonando en Cuba.

La ganadora Yuslaysi Miranda se vio emocionada y algo incrédula cuando los presentadores anunciaron, entre los premios concedidos, una próxima gira con la puertorriqueña Olga Tañón quien, según un material mostrado, se ha mantenido al tanto de un certamen que también tuvo en su jurado al boricua nacido en Estados Unidos, Víctor Manuelle.

Ello insinúa el interés de los realizadores por extender el área de acción de la revalorización de la música de Cuba hacia la arena internacional donde los jóvenes competidores muy bien pudieran defender la proverbial fuerza del repertorio clásico cubano que no escatimó ningún género de su vasta sonoridad para ponerlo en la voz de cantantes que, según algunos críticos locales, pudieran sobrepasar por su calidad, a muchos profesionales establecidos.

La espectacularidad de las emisiones, con escenografías, vestuarios y maquillajes que no son frecuentes en la televisión cubana, es también elogiada por algunos, mientras que otros opinan que parece una copia demasiado calcada de otros proyectos foráneos como los ya mencionados: la voz Kid u Operación Triunfo.

De cualquier manera, nadie se atreve a ripostar cuando se habla del necesario rescate del patrimonio musical cubano, del que la juventud se ha mantenido en los últimos años bastante alejada por la influencia, sobre todo del reguetón, para muchos un ritmo pobre y de escasos valores éticos y musicales.

El programa televisivo puso a escuchar su música a los jóvenes cubanos, cosa que no han logrado otros espacios institucionales ni independientes.

El programa televisivo puso a escuchar música cubana a los jóvenes, cosa que no han logrado otros espacios institucionales ni independientes.

Cada domingo, la familia cubana se ha sentado frente a sus televisores para seguir una competencia que fue también una verdadera escuela para los concursantes, asesorados por un coach —al que los medios casi obligaron a denominar mentores—para cada una de las regiones del país que participaron en el concurso. Ellos fueron los músicos Pablito FG, quien ideó el programa, Mayito Rivera y la popular Hayla María Mompié.

El programa apeló a todos los recursos de la gran superproducción, incluyendo entrevistas con figuras de la canción cubana y con los participantes hasta la tensión dramatúrgica con que los presentadores asumieron su papel con excelentes resultados.

“Música para ver, oír y ganar” fue el título que el crítico del diario Granma dio a su reseña en la que afirma que “Esta vez la música ganó y la televisión también” aun cuando señala que “dos conflictos tendrá que resolver Sonando en Cuba en lo inmediato.

Los tres coach defendieron con vehemencia a sus regiones.

Los tres coach defendieron con vehemencia a sus regiones.

Según Pedro de la Hoz “si bien la articulación entre los procesos de formación y búsqueda de talentos vocales y el acceso al mercado artístico y laboral requiere de mecanismos más flexibles y desprejuiciados a estudiar y adoptar por parte de los organismos e instituciones competentes, un programa de televisión no debe ni puede ser la solución, y menos presentarse como la única alternativa”.

Por su parte, el joven comentarista del periódico Trabajadores y del Noticiero Cultural de Televisión Yuris Nórido señala en su nota escrita “!Sonó Bien!” que no hacía falta un programa de televisión para comprobar la riqueza de la música cubana pero para muchos televidentes —particularmente los más jóvenes— tiene que haber sido una experiencia reveladora.

En cuanto a su parecido con otros foráneos, Nórido opina que si bien es cierto que hay claras semejanzas con propuestas internacionales, muchas de ellas sostenidas por el más claro interés mercantil, en televisión y en todo el arte el formato nunca es definitorio: lo que valoriza es la manera en que se asume.

El caso es que original o copia, Sonando en Cuba puso a escuchar su música a los jóvenes cubanos, cosa que no han logrado otros espacios institucionales ni independientes.

Los jóvenes se pusieron en contacto y apreciaron el patrimonio musical de su país en las voces de personas de sus mismas edades capaces de demostrarles que no necesariamente las influencias que reciben desde el exterior son mejores ni más atractivas que las propias.

Una vez cerrado el telón del certamen, la televisión ha anunciado la próxima salida de un espectáculo semejante, esta vez dedicado al baile y ya se ha convocado a audiciones a bailarines tanto profesionales como aficionados.

Tanto la competencia de canto como la próxima de baile tienen antecedentes en la isla y en dos programas muy exitosos de la década de los ochenta: “Para bailar” y “Todo el mundo canta”, que cumplieron idénticos objetivos en el pasado, especialmente en los sectores más jóvenes de la población.

El hecho es que Sonando en Cuba, quiéranlo o no sus detractores, fue una iniciativa exitosa y quién sabe si en otros países alcance el mismo éxito que ha tenido en los públicos cubanos. (2016)

2 comentarios

  1. María Victoria

    Si algo hay que agradecerle a Sonando en Cuba es que nos mantuvo “clavados” en nuestras sillas las noches del domingo y oyendo de la buena música cubana que ya no pasan por la radio. Qué si se parece a la Voz kid, eso no es lo importante… pero de paso no se parece para nada… Gracias por este trabajo.

  2. Pepe Arias

    Gracias por recordarnos que en Cuba hay música y de la buena para rato…

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