Un Haití diferente visto por una periodista cubana

El libro Haití, Despertar de la muerte se aleja de las visiones superficiales que, en ocasiones, nos muestra la prensa sobre esa isla caribeña.

El libro guarda el alma de un pequeño país que fue el primero en independizarse del yugo colonial y fue después olvidado en esa gran hazaña.

Foto: Tomado de www.cubaperiodistas.cu

La periodista Amelia Duarte de La Rosa llegó a Haití en 2012, unos dos años después que un terrorífico terremoto azotara a una pequeña nación que ella llegó a conocer quizás como nadie en la Cuba de hoy.

Y no exagero si afirmo que su libro: Haití. Despertar de la muerte, publicado por la Editora Política es el más completo y el que mejor nos ilustra sobre una nación que ha sido tratada de manera superficial en la prensa cubana tal vez porque le faltaba esa relación de amor que Duarte establece con el objeto de sus crónicas y reportajes.

En él, quiero decir, está el alma de un pequeño país que fue el primero en independizarse del yugo colonial y fue después olvidado en esa gran hazaña, develada en la ficción por Alejo Carpentier y ahora actualizada por esta joven en la que periodismo y literatura confluyen para resumir el presente, el futuro y el pasado de uno de los países más empobrecidos del mundo.

Quienes siguieron sus trabajos en Granma, donde fueron episódicamente publicados, encontrarán en este volumen la unidad necesaria para ese viaje a las profundidades que solo reunidos pueden mostrarnos a ese Haití querido que la autora nos descifra con increíble agudeza, abarcando la historia, la cultura, los aportes de una ayuda cubana y el falso auxilio de otras organizaciones internacionales.

A la vez, se desplaza por la geografía, escudriñando con ojo perspicaz todo lo que puede contener de riqueza tangible e intangible e involucrándose con los habitantes y el entorno en una amalgama más digna de una novela que de lo periodístico, pero decididamente atento a las pulsiones de ese Haití querido más allá de la objetividad de sus informaciones.

Hubo y es evidente un estudio histórico precedente que se convirtió en instrumento de entender el presente desde el pasado y, sobre todo, esa empatía que delata a una escritora en ciernes con la suficiente sensibilidad para compenetrarse con el espíritu de los ancestros y los sucesores, donde parafraseando al escritor Enrique Vila-Matas la autora encuentra un lugar que no se acaba nunca y que descubre para el lector con estilo preciso y refinado.

Los que dudan que el periodismo cuando se ejerce como lo ha hecho Amelia Duarte en este volumen puede ser una manifestación literaria, Haití. Despertar de la muerte constituirá una agradable sorpresa. La autora recurre a todo su arsenal de excelentes lecturas para apropiarse de ellas de maneras tan acertadas como inesperadas.

Es una buena idea la de haber dividido su libro en tres secciones lo que le otorga una dramaturgia también de carácter literario con toda la emotividad de los poemas en prosa porque este libro nos ayuda a mirar a esa pequeña isla del Caribe como no la veíamos antes que Duarte decidiera construir su verdadero rostro algo difuminado en las frías noticias de sus sinsabores.

Haití no es solo sufrimiento, parece decirnos y se sumerge entonces en una búsqueda que no ignora las dificultades,  pero tampoco esa belleza del físico mundo de la que hablaba José María Heredia refiriéndose a Cuba.

Como dice en su prólogo Marta Rojas, Amelia Duarte de la Rosa ha conseguido con el mejor pulso periodístico y precisión entregar a los lectores la imagen de un pueblo y una nación y yo añadiría que también de su alma por lo que si este libro es un retrato lo sería también el de esa maravilla que está en la realidad y a la que no han podido acceder aquellos, que a diferencia de esta autora, no poseen ese alto grado de sensibilidad que late en estas páginas memorables.

Duarte se involucra con la presencia de su yo solo para acercarnos de una manera raigal al objeto de su trabajo. Quizás ciertas vivencias personales que vivió en esa isla sean uno de los motivos por los cuales su escritura se nos vuelve entrañable.

Una excelente cronista y una excelente reportera han descifrado para sus lectores lo que Nicolás Guillén exigía y lo que Carpentier fabuló de una manera muy diferente, pero igualmente válida, si asumimos este libro como lo que es: un verdadero compendio de objetividad dentro de la emoción.

Recomiendo, pues, la lectura de estas hermosas páginas. Si se quiere comprender en verdad a una de las tierras más cercanas a Cuba no solo geográfica, sino también en nuestro sincretismo, es obligada la lectura de este despertar. Un despertar que tiene su origen en lo que debe ser un periodista: observador implacable y participante activo de lo que debe trasmitir a los demás (2018)

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