Una historia común: basureros en La Habana

Monumentos de la indisciplina social.

Archivo IPS-Cuba

A unos pocos metros de mi casa hay un basurero, un eterno basurero que en ocasiones, por un tiempo efímero, disminuye, para después crecer y extenderse hasta adquirir proporciones considerables, lesivas, a la saludfísica y mental. Es un espacio de energía negativa que incomoda, agrede y desafía.

El basurero “se nutre” de papeles, cartones, cáscaras de frutas y vegetales, restos de comidas, pomos, latas, cristales, telas, maderas; piezas de autos, de computadoras, de cocinas, de refrigeradores, de teléfonos, de televisores; mesas, herramientas y todo lo imaginable.

Y tal parece que casi todo lo que allíes desechado, en otro sitio puede tener uso, porque es constantemente asediado, sometido a prácticas de ”buceo” por aficionados y profesionales, las dos categorías en que se dividen los que toman cosas delos basureros.

Los aficionados son aquellos que ocasionalmente han tomado algo –un pedazo de madera, la pata de una mesa, una cabilla– que se les escapó a los profesionales, los verdaderos buzos, quienes, a su vez, se subdividen en otras dos grandes categorías: los que bucean comida y los que bucean objetos.

Los buscadores de objetos, por su parte, se subdividen entre los acopiadores de materiales reciclables, y el resto. Los acopiadores de materiales reciclables también tienen varias categorías, de acuerdo con su “especialización”: latas de cervezas y refrescos, pomos, cartones, plásticos.

Los buzos de comida igualmente forman dos grupos. El primero lo integran quienes buscan alimentos para sí mismos; ellos pertenecen al último escalón de la pobreza económica y social, indigentes y alcohólicos en su mayoría, pero hay otros buzos de comida con otro rango.

Hablamos entonces de los buzos criadores de cerdos, quienes recorren los basureros con una lata para echar la comida y una herramienta para hurgar en el contenedor. Algunos usan guantes y tapabocas para protegerse. En ocasiones van en parejas y aplican una división social del trabajo: uno sujeta la lata y el otro extrae y vierte el contenido.

En lo que sí se asemejan todos los buzos profesionales es en el desprecio por la limpieza y las buenas costumbres: ellos van en busca de su presa y no les importa lo demás. Ese no es su problema. Realmente el problema es de todos, pero ellos se sienten excluidos.

Nos hemos estado refiriendo a los buzos, pero debemos regresar al tema esencial, los basureros, o, más exactamente, los vertederos, esa expansión de la basura más allá de latones, o tanquescontenedores. ¿Cuándo se ramificó por la ciudad esa práctica antisocial y cuánto agrede a la comunidad?

En la formación de un vertedero intervienen muchos elementos, pero los principales son: una deficiente recogida de la basura por parte de la empresa gubernamental encargada de esasfunciones (Servicios Comunales), los vecinos y transeúntes que vierten basura, y la indisciplina social.

En la década de 1990, inicio de las crisis, con el déficit de combustible, de gomas de repuesto y accesorios, los camiones para la recogida de desechos  domésticos en La Habana alargaron su ciclo a cuando podían pasar y Servicios Comunales priorizó algunas zonas y avenidas de mayor visibilidadpara esa tarea, en tanto en la periferia y las calles interiores proliferaron los vertederos, alimentados, además, por la ausencia y el deterioro de los tanques contenedores.

Cuando el servicio se “normalizó” (en la periferia es inconstante) ya la raíz del mal estaba sembrada. El vertedero, el derrame de la basura –de cualquier tipo– fuera de los contenedores es una (mala) costumbre “normal” como tantas en la ciudad.Anótese que cuando el camión de recogida demora dos, tres, cuatro días sin pasar, ya no hay espacio en los tanques y el derrame es inevitable.

Los vertederos de basura son una representación, en grado superlativo, de malos hábitos, indisciplina social, marginalidad, ineficiencia, incultura, cuya permanencia tiene que ver con una trama que implica a la comunidad y a las instituciones y los organismos del estado y del gobierno encargados del orden, la legalidad, la limpieza, el cuidado del medioambiente, la higiene y la salud.

Porque los vertederos son permanentes focos de vectores, la madriguera de ratas y cucarachas, allí se incuba todo tipo de virus que luego se propagan en cualquier dirección. Entonces, ¿cómo es posible, que no haya una campaña a fondo, sin tregua, para erradicarlos?

Valga un ejemplo… En la circunscripción 36 de Lawton, en el municipio de Diez de Octubre, un grupo de artistas fundó un proyecto comunitario en 2001 (“Muraleando”), pero entendieron enseguida que para hacer y promover arte en la comunidad, primero debían transformar el entorno, ¿cómo impartir lecciones de arte en un medio antiestético?, ¿y qué hay más antiestético que un vertedero de basura?

Cuando interrogamos a Julio Albezú, un electricista naval jubilado, miembro del proyecto, que trabajó muchísimo por la erradicación de los vertederos, este nos relató lo difícil que resultó hacerlo, la cantidad de esfuerzo y voluntad que les demandó.

La fórmula del proyecto Muraleando¹ para crear un espacio estéticoen la comunidad, además de la pintura de murales en muros y paredes, contempló la realización deparques y sitios artísticos –que ellos llaman sitiales–, pero ahí tropezaron, en los inicios, con la indisciplina socialque hacía posible la supervivencia de los vertederos, y también con otras “malas yerbas”.

No fue de un día para otro –nos contó Albezú–, sino que costó tiempo, gestiones, discusiones, para que Servicios Comunalesy la propia comunidad apoyaran la labor de saneamiento ambiental y estético que proponía y ejecutaba Muraleando. Actualmente, el entorno del proyecto está libre de vertederos desde hace más de diez años, a pesar de su enclave en Lawton, un barrio donde son comunes esos monumentos de la indisciplina social.

Obviamente, no en todas las cuadras hay un grupo de actores como en el caso citado, pero habrá otros a quienes tal vez no les interese tanto el arte, mas sí proteger a su familia de potenciales enfermedades, como también borrar esa agresión visual que provocan los vertederos.

Claro que, para que la estrategia comunitaria funcione, la empresa de Servicios Comunales debe impedir que la basura se acumule, así como otras instituciones –educativas, legales, judiciales, sanitarias, culturales…– deben jugar su papel para que la indisciplina social, los malos hábitos, las conductas marginales, no se sigan amontonando en la capital (2013)

¹Véase “Expansiones culturales en La Habana”, en www.ipscuba.net

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