Hugo Luis Sánchez: “La realidad es la peor invención de los humanos”

Con El puente de coral el escritor cubano Hugo Luis Sánchez se sitúa entre los más originales de la actual narrativa cubana.

Hugo Luis Sánchez, autor de El puente de coral, una de las novelas más originales que se hayan escrito en Cuba en los últimos diez años.

Foto: Cristián Sánchez

Hugo Luis Sánchez es una de las mejores personas que conozco. Es el autor de una de las novelas más originales que se hayan escrito en Cuba en los últimos diez años: El puente de coral. Sin embargo, no ha recibido toda la notoriedad que merece por parte de los medios de difusión. Es por eso que la La Esquina se acerca a él para conocer más de este autor que seduce por su peculiar manera de contar historias que se apartan de los tópicos por los que transita la actual narrativa cubana. Quizás ello sirva para que más personas reparen en él y descubran a uno de los autores más originales de la Cuba de estos tiempos.

La Esquina (LE): ¿Cuándo y por qué empezó a interesarte la literatura de ficción?

Hugo Luis Sánchez (HLS): Era, creo, 1965 y tenía alrededor de 17 años. Estaba en primer año de bachillerato, becado en Héroes de Yaguajay para escapar del Servicio Militar, y ahí escribí “Doy fe”, un cuento que trata sobre una rebelión del tiempo contra el tiempo. Ahora aparece por primera vez en Nadie en la multitud, libro de relatos que todas las semanas termino y reinicio a la siguiente. Nada nuevo.

Portada de El puente de coral, que ya tiene tres ediciones.

Foto: Cristián Sánchez

(LE): Cultivas la novela y el cuento, ¿en qué género te sientes más a gusto?

(HLS): En ambos. Siento igual satisfacción, que es lo que me mueve a escribir, a estar a solas conmigo mismo. Estuve dos años haciendo el cuento, “Leyenda final”, por todo lo que indagué sobre la Edad Media; y me sentí muy a gusto. Para algunos este es mi mejor relato. Otro, “Nota de prensa”, me llevó solo media hora, quizá; y en las novelas, pues años, pero siempre voy saltando de un placer en otro, lo mismo investigando, que escribiendo; luego en la corrección y, al final, observando la cara de los lectores. Me cuesta desprenderme de lo que he hecho, me quedo conectado, lo llevo tatuado, tipo El hombre ilustrado.

(LE): ¿Qué influencias de escritores cubanos y universales reconoces en tu obra?

(HLS): Enrique Serpa, y más en Contrabando, me siento más cerca de su estilo; Ernest Hemingway, sobre todo en Tener y no tener e Islas en la corriente, que estudio, y la poesía que reside en las narraciones de Eliseo Diego, toda, que envidio. Mi libro preferido es Desayuno en Tiffany´s, de Truman Capote, no lo comparto. Además, Julio Verne, yo tenía complejo por esta devoción hasta que Cortázar me exoneró. Ahora bien, Leopoldo Romañach es, con todo, mi escritor favorito. Cierto que no hacía literatura, fue pintor, pero sus marinas, que son las piezas preferidas por mí aunque he oído decir que no por él, entrañan una narración que supera todo cuanto he leído. Las tengo de refrescadores de pantalla. ¡Si yo pudiera escribir como pintaba Romañach!

(LE): El puente de coral ha sido tu obra más reconocida y exitosa. Recibió el Premio de la Crítica a la mejor novela publicada en la isla en el 2008 y está incluida en Cuba Absolutely entre las 30 mejores obras de la literatura cubana de todos los tiempos, ¿puedes contarnos cuál fue su génesis y las circunstancias en que la escribiste?

(HLS): Estaba de corresponsal de Prensa Latina en Panamá, sitio donde se me han ocurrido muchas ideas, no sé dónde radica el misterio y, bueno, hice un boceto de la novela, apunté que sería corta, me engañaba; los personajes aún se nombraban solo A, B, C… que pasarían a ser Joe, Ana Ana, Carlos… Yo quería meterme en una historia de amor —me cuesta trabajo imaginarme qué no es una historia de amor—, que transcurriera en la primera mitad del siglo pasado, la República me atrae; en un pueblo con mar desde donde se descubrían a los lejos las luces de La Habana de noche y el lugar únicamente se identificaba así, El Pueblo, porque la topografía que necesitaba, un acantilado, un espigón… no estaban juntas por el área y todo se mezclaba con el espionaje alemán en Cuba durante la Segunda Guerra Mundial, el suministro de combustible por parte del ejército cubano a submarinos de la Kriegsmarine que operaban en aguas del Atlántico, próximas a las costas de la isla, un burdel, un bar, un alemán, un chino, meretrices, para mí inolvidables… eso.

Regresé a La Habana, renuncié a Prensa Latina y pasé a ser taxista con una libreta y un lápiz en el bolsillo. Entre cliente y cliente, hacía anotaciones de lo que luego pasaría a la computadora cuando pudiera llegar a casa o investigar en las revistas Bohemia de la época, son joyas de periodismo, en la hemeroteca del Instituto de Literatura de Lingüística. Al fondo antes, cuando era niño, ahí estuvo una biblioteca juvenil y como vivía cerca me llegaba a leer a Verne. Fueron diez años escribiendo, dos de corrección, pero francamente hubiera seguido. Eran los días larguísimos, más las noches, del Período Especial en Tiempos de Paz, el otro aún no ha llegado, y creé para sobrevivir un mundo virtual de mi agrado, del que no quería salir bajo ningún modo.

Al menor chance, me sumergía en el “display” y ahí permanecía hasta que no me quedaba más remedio que retornar. Por las noches, cuando paseaba a mis perros de entonces, el beagle Lucas y el salchicha Sammy, iba resolviendo los conflictos que me creaba la narración, entre estos estaban las partes en quería dividir el libro, por entonces luchaba porque fueran solo tres, luego pasaron a cuatro y, como los números pares no me gustan para los libros, terminó en cinco.

Para Hugo Luis Sánchez “la realidad es la peor invención de
los humanos”.

Foto: Cristián Sánchez

(LE): Poco a poco tu literatura se ha ido apartando del realismo. ¿A qué atribuyes el hecho?

(HLS): La realidad es la peor invención de los humanos. Estoy rodeado de demasiada realidad, que para colmo no me gusta, el futuro ya no nos pertenece, ni por entero ni nada o por lo menos a mí. Lo fantástico o como se quiera llamar, me aporta una herramienta de interpretación que me permite decir lo que quiero, me traduce lo que veo, me exorciza y eso, por parte y de conjunto, me complace sobremanera.

(LE): ¿Qué papel otorgas al lenguaje en tu obra literaria?

(HLS): No he logrado publicar fuera de Cuba, donde las leyes del mercado operan con entero rigor, porque argumentan editoriales y agentes literarios que empleo un lenguaje muy cuidado, ¡vaya defecto! No me gusta escribir de otra manera ni leer a aquellos autores que, desde mi punto de vista, se van por el facilismo que al parecer atrae a más. Tengo lectores, parece que existen personas adictas a aturdirse con el lenguaje cuidado. Los quiero.

(LE): El periodismo; ¿ha sido un obstáculo o un facilitador de tu quehacer literario?

(HLS): Me enseñó a investigar y a respetar a los lectores o radioyentes o televidentes…, a amar lo que hacía y a responder a la pregunta de por qué, ese elemento de lead que cada día falta más en los medios nacionales. Me permitió entrevistar y así conocer personalmente a escritores como Eduardo Galeano, Gioconda Belli… Y me ha dado y me da de comer.

(LE): Tres ediciones de El puente de coral en Cuba, la más reciente ya agotada como las dos anteriores. No es frecuente que eso ocurra en la Isla ¿Cómo valoras el hecho?

(HLS): Doble jueves, mi primera novela, va por dos ediciones y El puente de coral pues por tres. Me siento, entonces, un suertudo como diría Juan Padrón. Los temas han interesado y en el caso de El puente de coral descubrí algo que no me podía imaginar: la palabra puente, que hoy en Cuba, convida a quienes quieren trazar puentes, transitar por puentes, pensar que aún los puentes son posibles. También a que mis libros, al decir de la crítica literaria, se leen como si se estuviera viendo una película, es lo que califican de lenguaje cinematográfico. Yo lo desconocía hasta que supe de estas opiniones y eso me complace: escribir filmes: soy, además de suertudo, director de novelas.

(LE): Has sido ganador en concursos literarios internacionales y cubanos ¿Qué opinión te merece competir en algún certamen?

(HLS): Es algo que me encanta: hacerme de premios. Constituye una forma de darse a conocer, de ganar dinero, de medirse con los demás colegas y alimenta la vanidad cuando uno gana, si no, pues mejor guardar silencio y poner cara de yo no fui.

(LE): De los escritores cubanos que son tus contemporáneos. ¿Qué opinas?

(HLS): Somos responsables, honestos con quienes se sitúan delante de nuestras páginas; estamos comprometidos con nuestro enmarañado tiempo, adoramos esta tierra, que es azul, esto lo subrayo; queremos lo mejor para la isla y poco importa que deambulemos por el planeta. Formamos, con algunos de ellos, un Club de Excelentes Amigos. Nos damos a leer lo que escribimos, sugerimos se conozca lo que hacemos, nos llamamos por teléfono, vamos a presentaciones de libros, nos alertamos de concursos, nos reunimos en fiestas, también en velorios… Nos aplaudimos entre nosotros mismos. Eso es bonito ¿no te parece? (2017)

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