Joaquín Borges Triana: La música y los sueños

Lo alternativo como bandera.

Borges Triana siempre ha conseguido convertir los obstáculos en oportunidades.

La historia de la música universal ofrece un expediente de compositores, instrumentistas y cantantes invidentes cuya fuerza de voluntad les permitió hacer valer su excepcional talento artístico: Joaquín Rodrigo, Ray Charles, Steve Wonder, Andrea Bochelli, están entre los más conocidos. (No mencionamos a Bach porque solo lo fue al final de su vida).

Para esas personas, la captación de los sonidos adquiere una mayor dimensión ante la ausencia (o la pérdida) de la visión. En Cuba también han sobresalido músicos ciegos, como Arsenio Rodríguez, Frank Emilio Flyn, Martín Rojas, José Tejedor, y Osvaldo Rodríguez.

Igualmente la literatura registra en sus filas a escritores ciegos con obras monumentales, como Homero y Milton, sin desestimar que Jorge Luis Borges vivió ciego sus últimos 31 años y Benito Pérez Galdós durante casi una década antes de morir.

Durante la entrega del Premio Nacional de Periodismo Cultural José
Antonio Fernández de Castro 2016.

Salvando las distancias, diverso es el caso del escritor y periodista cubano ciego Joaquín Borges Triana, para quien la carrera de periodismo surgió como alternativa en sus deseos de ingresar en cibernética, negada por la burocracia educacional. Es muy probable que su inteligencia lo hubiera convertido en un informático de mérito, pero el destino lo llevó por otro rumbo y el periodismo cubano obtuvo una ganancia invaluable, al punto de ser reconocido como Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro 2016.

Enfatizamos en su condición de invidente porque apenas aparece en los textos que reseñan su labor, cuando se trata de un aspecto relevante, la muestra mayor de una voluntad admirable, capaz de pasar por encima de barreras de todo tipo para cursar estudios superiores, hacer un doctorado y sobresalir profesionalmente. Vale la pena citar un fragmento de la peculiar nota de “agradecimiento” que Borges Triana sitúa en el capítulo inicial de su libro Con-cierto cubano: La vida es un divino guión. Allí dice:

[…] Entre las personas a las que estoy eternamente figuran aquellas que, cuando terminé el noveno grado de escolaridad en 1978, esgrimieron un montón de obstáculos (al final solucionados tras una reclamación al nivel central del Ministerio de Educación) para no aceptar a un ciego en el preuniversitario; a los que en 1981 al concluir la enseñanza media y solicitar la carrera equivalente a la actual informática –para la cual reunía el rendimiento académico indispensable–, en el Ministerio de Educación Superior no me consideraron apto para ello, por lo que tuve que escoger periodismo; a quienes, al graduarme en la Universidad de La Habana en 1986, no me admitieron en la dependencia del Ministerio de Cultura donde fui ubicado, lo que me hizo recorrer los distintos órganos de prensa de la capital en busca de una plaza laboral para obtener siempre la negativa por respuesta; y a los que a fines de los noventa, cuando solicité matricular una maestría en la especialidad de la que me gradué en la Facultad de Comunicación (continuadora de la de periodismo que estudié), me la negaron por, según lo que se me informó, no considerarme apto para ella.

En el Centro Pablo, en la presentación de su libro, La luz, bróder,
la luz. Canción cubana contemporánea.

Esos obstáculos resultaron más que injustos porque Joaquín Borges Triana terminó su licenciatura con Título de Oro en la Facultad de Periodismo; mientras que la de Comunicación lo había utilizado en los tribunales de tesis, antes de cerrarle las puertas de una maestría. No cabe decir que es inaudito porque ya conocemos la torpeza genética de los burócratas.

Pero las barreras han sido acicate en la superación (en sentido amplio del término) de Borges Triana, quien derivó en sus estudios de post grado hacia las ciencias del arte, con lo cual desarrolló sus herramientas investigativas, académicas, y ganó en capacidad crítica para observar y juzgar mejor su objeto de estudio: la llamada música cubana alternativa, aquella menos promovida y comercializada en los predios nacionales.

Para su labor de cronista durante tres décadas, desde las páginas de Juventud Rebelde y El Caimán Barbudo, Borges Triana ha estado atento al latido de la Canción Cubana Contemporánea –entiéndase trova, rock, rap, pop–, y escribiendo incesantemente sobre la misma.

Con la experiencia y el conocimiento acumulados y en posesión de las herramientas metodológicas y académicas apropiadas, Borges Triana entró en investigaciones mayores sobre la música cubana alternativa, fruto de las cuales han surgido dos libros esenciales: La luz, bróder, la luz. Canción cubana contemporánea (Ediciones La memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2010), y Con-cierto cubano. La vida es un divino guión (Ediciones Unión, 2015).

La luz, bróder, la luz, volumen que muestra desde el título sus intenciones intertextuales, hace un seguimiento historiográfico a la canción trovadoresca cubana desde la segunda generación de la Nueva Trova, la que se da a conocer en los ochenta como parte del fuerte movimiento artístico y literario que irrumpe en la isla en esa década; mientras que el segundo libro cuenta la Música Cubana Alternativa (MCA) en toda su resonancia artística y social, como también lo hace el primero.

El trabajo y resultados, reflejados en ambos libros, excede, con mucho, los avatares de la intrahistoria, narrada en detalles: su relato ofrece un exhaustivo análisis sociológico y textual, en tanto se vale de un amplio corpus referencial y metodológico en todas las materias implicadas: música, artes visuales, literatura, cine, sociedad, política, discografía, mercadeo.

No hay una arista de la Canción Cubana Contemporánea que quede fuera del estudio realizado por Borges Triana, quien mantiene una conexión perpetua con el sonido de la MCA donde quiera que esta se produzca: La Habana, Santa Clara, Holguín, Matanzas, Nueva York, Madrid, Barcelona, Miami, o cualquier sitio del orbe. De particular interés es su reflexión sobre la diáspora.

Los viajes de la raíz al fruto, emprendidos en su bojeo cultural, dejan una carta náutica indispensable para todo aquel que quiera andar por esos lares, tocar esos puertos. Él ha puesto en órbita una bibliografía y una historia que no podrá ser desconocida por la Historia.

Así como Jorge Luis Borges escribió: “He soñado la duda y la certidumbre/ He soñado el día de ayer”, Joaquín Borges Triana sueña la música cubana y recoge su memoria, porque, como nos dejó dicho el propio poeta argentino, “Vivimos descubriendo y olvidando/ esa dulce costumbre de la noche”. (2017)

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