Daniel Santos: ¡Cómo gozó La Habana!…

Daniel Santos decía que Cuba era su segunda Patria y los cubanos sus hermanos.

Este artículo no puede leerse sin recordar (o imaginar) los viejos bares de La Habana, con sus barras de caoba olorosas a bebidas alcohólicas, derramadas y mal limpiadas por el barman. Y la imprescindible victrola. Esas victrolas (los norteamericanos le dicen juke box) buscaban y ponían a sonar de modo automático el disco de 45 rpm, elegido en una listica de títulos de canciones, después de insertar una moneda (no me pregunten de cuánto, porque no lo sé). La vida nocturna de La Habana era famosa por la bohemia que se reunía en bares y cafés; esos cafés que recuerdo vagamente con mesas de mármol y sillas Thonet. Allí se hacia todo tipo de tertulias, tanto de día como de noche, y tuvo su gloria la Trova habanera, especialmente en el Vista Alegre de Belascoaín entre San Lázaro y Malecón. Los bares eran a menudo sitio de prostitutas, chulos y borrachos habituales, noctámbulos en general, y casi siempre se escuchaban en sus victrolas boleros aguardentosos que hablaban de mujeres infieles y hombres vengativos. También eran sitios de broncas, denominadas en ese tiempo con el simpático nombre de reyertas. Esta es La Habana que prefirió Daniel Santos.

Puertorriqueño de nacimiento, Daniel Santos decía que Cuba era su segunda Patria y los cubanos sus hermanos. Llegó un buen día del año 1946, bajo el gobierno del Dr. Ramón Grau San Martín. Por quince años tuvo residencia en nuestro país, aunque también cantó en otros durante esa temporada. Había peleado en la Segunda Guerra Mundial y Cuba era una plaza fuerte para poder llegar a la fama. A su llegada, el cantante Bobby Capó se lo presentó a Amado Trinidad, dueño de la emisora radial RHC Cadena Azul (todavía la televisión no estaba en el ruedo), y éste lo contrataría para cantar en el Programa Bodas de Plata de Partagás. El mismo se iniciaba con la canción Anacobero, de Andrés Tallada, de la cual hizo Daniel una verdadera creación. Se le ocurrió la original idea de vestirse estrafalariamente, y entrar al estudio bailando, cantando e invitando al escenario a las jovencitas que asistían al mismo. Por supuesto, esto causó furor y empezó a ganar una popularidad inmensa. De ahí el sobrenombre que le pusieron en Cuba: “el inquieto anacobero”, que quiere decir en Puerto Rico una gente “viva”, un pillo.

 Visité en 1999 la tumba de Daniel Santos en el cementerio Santa María Magdalena de Pazzis en San Juan, Puerto Rico. Por cierto, es muy singular, porque se encuentra junto al Mar Caribe. Yo no recordaba haber oído a Daniel Santos en ese momento, luego me vinieron vagos recuerdos de mi infancia, en especial cuando escuché el Tibiri Tabara y Sierra Maestra. Una lápida sobre su tumba dice: Daniel Santos, el inquieto anacobero. Es decir, que su sobrenombre cubano primó en su fama por sobre el que luego le dieron los colombianos cuando residió en ese país: El Jefe. Como dato curioso, conoció y fue muy amigo de Gabriel García Márquez; me imagino que este bizarro personaje debió parecerle al escritor como sacado de una de sus fabulosas novelas.

El director de fotografía Raúl Rodríguez, que me acompañaba, me habló del cantante y luego me hizo oír sus grabaciones. Quedé fascinada con su forma de cantar, esa prolongación de aes y oes al final de las frases musicales. Empecé a investigar su vida en Cuba y así coincidí con José Galiño, director de los archivos de sonido del ICAIC, con quien acordé hacer un documental sobre Daniel Santos en codirección. Nos dedicamos entonces a filmar a los testimoniantes, aquellas personas que conocieron a Daniel Santos en Cuba y aun estaban con vida:

-Celio Moré, sastre de profesión, al cual Daniel le encargó un saco de sport y le puso el sobrenombre: “el sastre de los artistas y el artista de los sastres”.

-Alfonsín Quintana, cantante y director del desaparecido conjunto “Los Jóvenes del Cayo”.

-Senén Suárez, director musical, compositor y cantante.

-Juan R. Alfonso Martínez, “el chino Melo”, guardaespaldas de Daniel Santos.

-Simón Alfonso, admirador y coleccionista de los discos de Daniel Santos.

-Enrique Benítez, “El Conde Negro”, compadre de Benny Moré y cantante de su Orquesta.

-Rosa Alonso, apasionada admiradora de Daniel Santos.

-Y al famoso dueño del Bar “Bigote Gato” sito en la calle Teniente Rey 308 en la Habana Vieja: Manuel Pérez Rodríguez, alias Bigote de Gato, al que Daniel le cantara una guaracha de la autoría de Jesús Guerra, que se puso muy de moda en la década de los cuarenta y principios de los cincuenta. Pero sólo pudimos filmarlo oyendo y bailando con su propia canción por la avanzada demencia senil que padecía.

Bigote de gato es un gran sujeto
que vive allá por el Luyanó
y tiene el pícaro unos bigotes
que es de todos admiración…

Murió muy poco tiempo después. También fallecieron el chino Melo, que no alcanzó a ver el documental terminado, Celio Moré y Senén Suárez.

Lo ambientamos con numeroso material de archivo de la época, así como imágenes tomadas de las películas “El ángel caído” y “Rumba en televisión”. En ese momento no pudimos conseguir la otra película filmada en Cuba que cuenta con su presencia junto a la gran Amalia Aguilar: “Ritmos del Caribe”.

Y, por supuesto, el documental se llama Daniel Santos, para gozar La Habana, y casi al inicio del mismo escuchamos la canción Vive como yo, de la autoría de Pablo Cairo, e interpretada por el propio Daniel, que es como su declaración de principios:

Vive como yo vivo si quieres ser bohemio (bis)

De barra en barra, de trago en trago.

Vive como yo vivo, para gozar La Habana.

Así se vive la vida, así se goza, mi hermano.

Yo quiero cuando me muera tener la botella en mano.

Daniel se nos presenta como un personaje altamente contradictorio: amante de las mujeres y el alcohol, que por cierto lo ponía agresivo. De ahí las reyertas constantes y la necesidad de hacerse acompañar por un guardaespaldas (el chino Melo). Y sin embargo, fue un independentista de corazón, devoto de don Pedro Albizu Campos, y sufrió en carne propia la situación política de su patria. Por eso compuso y cantó la canción ¿De qué te quejas, mi hermano?:

Fíjate bien en Borinquen, que está sin himno y bandera,
que aunque tiene sus praderas, y también tiene alborada,
vive triste y desdichada, esclava y entre cadenas.

Senén Suárez nos cuenta que se casó en Cuba con Eugenia, una cubana que le dio su primer hijo: Danielito. Alfonsín Quintana recuerda que vivió con Eugenia y su hijo en la calle Juan Bruno Zayas y Estrada Palma, en el habanero reparto de Santos Suárez. Nunca llevó a su esposa a las actuaciones. Nos confirma el amor que sintió por el niño: siempre estaba hablando de él, y hasta improvisa unas palabras dedicadas a su hijo, imitando el estilo de Miguelito Valdés, cuando canta la canción Kun, kun, kun de Hilario Ariza: “Niño Danielito, tu tienes que ser bueno porque mira que tu papito se gastó toda la plata comprando muchos juguetes: un caballo, un muñequito, un revolvito…”(ininteligible en la misma por la rapidez con que lo dice). La unión duró poco. Imagino que la vida bohemia de Daniel acabó con la paciencia de Eugenia, y al poco tiempo se divorciaron.

De trabajar en RHC Cadena Azul, Daniel pasa a cantar en Radio Cadena Suaritos; allí le pagaban 1000 pesos al mes, cifra por cierto astronómica para la época. Es entonces que Manolo Fernández lo contrata en Radio Progreso (que se hallaba entonces en San José entre Industria y Prado) para cantar con la Sonora Matancera. Senén Suárez explica que la popularidad que tenia Daniel era tan grande, que la policía tenia que organizar la fila que armaba el público que pretendía entrar en la estación radial. Entonces decidieron sacar dos bocinas al exterior para que oyeran el programa los que no cabían en el estudio. Alfonsín Quintana, director del Conjunto Jóvenes del Cayo (con el cual Daniel cantaría después) nos cuenta que la Sonora, pese a su gran calidad y disciplina había caído, pero cuando llegó Daniel la levantó a un punto altísimo que supieron, después que Daniel se fue, mantener. Y es con la Sonora Matancera que Daniel hace sus primeras grabaciones: Llevarás la marca y Bigote de gato (luego vendrían muchas más). La RCA Víctor recogió en varios LP esas grabaciones que atesora nuestro testimoniante Simón Alfonso. También aparece Daniel con la Sonora en las películas ya mencionadas. En “El ángel caído” cantaría el Tibiri, tabara, un dicharacho popular de la época convertido en canción, de la autoría de Pablo Cairo:

Hay un dichito por ahí, que es de ambiente popular (bis)
Y dice así: Y que mi socio, y que mi hermano:
En el tibiri tabara (bis) Ya tú lo ves, mi compay (bis).

En “Rumba en televisión” cantaría Se formó la bronca, del mismo autor:

A correr, se formó la bronca (bis)
Tiros, botellazos,”bofetás”, eh, eh, eh, eh… (bis)
Corre por aquí ¡No!, Dobla por allá
que la “jara” (patrulla de policía) viene detrás. (bis)

De la canción de Isolina Carrillo Dos gardenias, haría una verdadera creación. Dicen algunos que a Isolina no le gustó como la cantó Daniel Santos, pero no se puede negar que fue el que la situó en el favor del público.

Una de las características de Daniel es que era un hombre de pueblo, de la calle. Fue en cierto sentido cronista de la época que vivió en Cuba, y también de hechos sangrientos, como ocurrió con la canción que compuso sobre Elvira, la manzanillera, a la cual un hombre le asesina al esposo en unos Carnavales, y ésta lo mata a él por venganza. Nunca la oí en los archivos que revisamos, pero empezaba así: “Honorable señor Presidente de esta gloriosa Nación…vive allá por Manzanillo, un rincón de esta Nación…Perdónela, por favor…”
Tampoco conoció la mediocridad de la envidia, ni falta que le hacia. Admiró a Benny Moré, según nos cuenta El Conde Negro, al que le dijo con sinceridad: “Si yo tuviera la voz que tiene este hombre…”. En una grabación que le hicieron en Colombia explica que Benny era muy buen socio, y lo único malo que tenia era que tomaba mucho: “Porque yo también tomaba mucho, pero él me ganaba a mí”.

Se solidarizó con la lucha guerrillera de los rebeldes cubanos en la Sierra, y compuso y cantó la canción Sierra Maestra:

Sierra Maestra, monte glorioso de Cuba
donde luchan los cubanos que la quieren defender,
de un capricho miliciano que no ha de retroceder
porque tiene aquí en la mano la fuerza para vencer.

La grabó primero en Venezuela, y en noviembre del año 1958 ya se oía en Cuba por la onda corta gracias a la estación Radio Rumbos de ese país. Después en Cuba grabaría la canción con discos Gema. Vino en enero de 1959 para ver pasar la Caravana de la Libertad, según nos explica Celio Moré, y el primer lugar donde vuelve a cantar en nuestro país fue el cabaret Venecia, en la ciudad de Santa Clara.

Compró en La Habana un cabarecito, “Ensueño”, cerca de la calle Infanta, y un buen día le dijo a Moré: “Voy a dar un viaje”. Se llevó con él a Danielito y a Eugenia. Era lógico, la efervescencia de la Revolución en el poder nada tenia que ver con la vida bohemia que le gustaba llevar. Continuó su carrera en Colombia y otros países y murió en Ocala, Florida, en 1992. Lo habían invitado al Festival Boleros de Oro en Cuba, ya avanzada la década de los ochenta, pero estaba muy enfermo para poder viajar a pesar de lo feliz que se sentía con la idea de regresar a nuestro país.

Como concluye Celio Moré, “…él está bajo tierra, recordado por todos, y vivió su vida, como se debe vivir”…

Descansa en paz, inquieto anacobero, donde quiera que te encuentres…

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.