De cuando las estrellas de la canción argentina triunfaron en Cuba

En Cuba, cantantes de tango ganaron fama entre las décadas del 30 y 50 del siglo XX.

En los años que median entre 1930 y 1958 se sucede la presencia de artistas argentinos en los principales escenarios habaneros. El tango atraía mucho a los espectadores de la capital, que escuchaban con deleite los discos grabados por los más afamados cantantes de tangos de aquella época, difundidos a diario por las principales radioemisoras de la Habana. Charlo, Agustín Irusta, Mercedes Simone, Azuzena Maizini, Amanda Ledesma, así como Hugo del Carril, Libertad Lamarque y el inolvidable niño del Abasto –Carlos Gardel– se convierten en ídolos de miles de cubanos y cubanas, quienes repetían milongas y tangos que cantaban con bastante aire arrabalero. Es más, la música argentina se apropia del gusto de los cubanos a tal punto que son numerosos los artistas del patio que optan por convertirse en cultores de ese género de la canción suramericana.

Recuerdo, entre otros intérpretes de la música rioplatense, al conocido dúo de Olga y Tony, que en varias ocasiones alcanzan premios de popularidad en la radio cubana durante las décadas de 1940 y 1950. Olga Chorens y Tony Álvarez, compañeros en la vida y en el arte, mantienen durante varios años un gustado espacio televisivo – El Show de Olga y Tony – donde interpretaban tangos y valses suramericanos y canciones. Los populares artistas, cultivadores de la música porteña, pasean su arte por Centroamérica y Suramérica, con gran éxito de taquilla, y a la par graban un buen número de discos para el sello discográfico Panart.

El Diario de la Marina, uno de los periódicos que concedía más espacio al movimiento artístico – cultural que se desarrollaba en Cuba en los años 30 del pasado siglo, recoge en sus páginas la aparición en los escenarios cubanos de la cantante de tangos Azuzena Maizini.

Ella hace su debut en el Teatro Nacional, acompañada de un trío de guitarras y bandoneón. El crítico Francisco Ichaso, de la nómina del citado Diario de la Marina, se hace eco de la actuación de la Maizini y escatima los elogios. La artista se siente ofendida por la valoración del periodista y reacciona con inusitada ira, lo que obliga a Ichaso a ripostar públicamente las injurias proferidas en contra suya por la cantante argentina. La intérprete de la música popular porteña se presenta también en el Teatro Auditórium, invitada por el compositor Ernesto Lecuona, quien la incluye en el programa de uno de sus logrados conciertos, tan esperados por el público capitalino. En la referida ocasión la Maizini estrena dos números, uno de los cuales era un vals de Francisco Canaro.

El 16 de abril de 1938 el maestro Lecuona invita al artista porteño Charlo, para que se integre al espectáculo musical que presentaba en el Teatro Martí. El mencionado cantante había participado en varias películas producidas en Argentina, ya estrenadas en los cines de Cuba, que le habían servido de carta de presentación en el país caribeño. Un mes más tarde, Charlo aparece en la escena del Teatro Nacional —acompañado de los guitarristas Casao, Robles y Arana— e interpreta con éxito los más genuinos tangos del repertorio argentino del momento. El referido cantor y músico rioplatense, antes de abandonar la capital habanera, se suma al homenaje a Ernesto Lecuona —organizado por un grupo de artistas cubanos— en el Teatro Auditórium, preferido de las Compañías de ópera por sus excelentes condiciones acústicas.

No pasa desapercibida en las candilejas cubanas la presencia de Agustín Irusta, uno de los cantantes argentinos más solicitados por los amantes del tango a fines de la década de 1930. Le precedían sus películas que revelaban –además de su grata y melodiosa voz- una varonil estampa y una carismática sonrisa. La firma Kresto —que promovía el chocolate del mismo nombre y a su vez patrocinaba el programa musical Kresto en el Aire, en la Emisora CMQ— invita al astro porteño con carácter exclusivo y este acepta viajar a la perla antillana. La estancia de Irusta en La Habana es breve, pero deja gratas huellas en la radio audiencia cubana, capaz de valorar un tango bien interpretado. El amplio estudio de la antigua emisora radial, situada en Monte y Prado, había resultado pequeño para albergar a los numerosos admiradores del joven gaucho, uno de los más auténticos representantes de la música argentina, injustamente olvidado en nuestros días.

Mercedes Simone también se escuchaba en Cuba antes de su llegada a la Isla. Las emisoras Radio Cadena Suaritos y CMQ, entre otras del país, hacían llegar su voz profunda y bien timbrada a la radio audiencia nacional, que solicitaba con frecuencia las interpretaciones de la Simone. Esta artista, que había aparecido en algunas ocasiones en la pantalla cinematográfica, tenía un estilo parecido al de la actriz Tita Merello, cuando cantaba los tangos de la vieja guardia. La Publicitaria Crusellas, que promocionaba el jabón Palmolive y la pasta Colgate, auspicia las actuaciones de la estrella argentina en La Habana, quien hace su debut en CMQ, en agosto de 1939, acompañada del violinista Enrique Cantores y del pianista Luis Minelli. Mercedes Simone al igual que Irusta y Charlo, son prácticamente unos desconocidos para la juventud cubana actual.

No sucede lo mismo con la rubia y jovial actriz Amanda Ledesma, que irrumpe años después en el escenario del Teatro Nacional, bajo la tutela del locutor José Antonio Alonso. Este hombre de la radio cubana había logrado fama como presentador de las futuras estrellas en el estelar programa La Corte Suprema del Arte, probablemente el más escuchado de la radio nacional entre 1937 y 1939. Las películas Melodías porteñas, Papá tiene novia, De México llegó el amor y El astro del tango habían convertido a la Ledesma en una favorita de los cubanos aficionados al cine argentino. Lógicamente, sus presentaciones son exitosas y la afición aclama a la artista que brillaba con luz propia, cada vez que aparecía en escena. La protagonista de La Novela de un joven Pobre, reitera los éxitos obtenidos durante su primera estancia en Cuba, cuando actúa en el Teatro Campoamor tiempo después. Las notas melodiosas de Tarareando y Aquella tarde gris, impecablemente interpretadas por la Ledesma, aún suenan en mis oídos. En particular, recuerdo su personal manera de expresar el bolero Como el besar de Juan Bruno Tarraza, estrenado por la cantante porteña en el Teatro Nacional.

Otro exitoso cultivador del tango, Hugo del Carril, que emula con Carlos Gardel en el gusto popular durante varias décadas, debuta en el espacioso coliseo de Prado y San Rafael, en julio de 1941. El conocido artista contaba en esa época con numerosos seguidores que compraban sus discos y acudían al cinematógrafo cada vez que estrenaban alguna película de este nuevo Rey del Tango. Actúa en el Teatro Nacional acompañado de su esposa –la actriz Ana María Lynch- y de los guitarristas porteños que viajaban con él, quienes enriquecían la calidad de aquel espectáculo de auténticas raíces argentinas. La Compañía cigarrera Regalías El Cuño, una de las más afamadas en aquellos lejanos días, es la que invita al astro suramericano para que realice algunas presentaciones en la Isla. El compromiso del artista se circunscribía a una semana, pero el extraordinario éxito alcanzado obliga al cantante a extender su estancia en La Habana hasta mediados de agosto de 1941. Mientras duran sus actuaciones, se exhiben en la pantalla del propio Teatro dos películas protagonizadas por Hugo el Carril: En la Luz de una estrella y La Vida de Carlos Gardel. El gran intérprete de la música argentina se ha mantenido en la preferencia del público cubano hasta nuestros días, fundamentalmente a través del programa televisivo Cine del Recuerdo, donde han presentado en reiteradas oportunidades algunas de sus más famosas películas: Madreselva, Los dos rivales, La Cumparsita, La novela de un joven pobre y otras.

La emisora RHC Cadena Azul, propiedad de Amado Trinidad Velasco, contrata en la década de 1950 a Libertad Lamarque, ya reconocida en esos años como la Novia de América. La prensa y el público en general reciben a esta actriz y cantante argentina con grandes muestras de simpatía. El éxito de la Lamarque es francamente arrollador. Día tras día se colmaba de público el Teatro América, que aplaudía atronadoramente a su estrella favorita. La protagonista de Besos Brujos, Caminito de Gloria, Cita en la frontera y tantos recordados filmes, había superado las expectativas: verla en acción, disfrutar de sus interpretaciones y de su elegante proyección escénica constituyó un privilegio para todos los que pudimos presenciar sus actuaciones. Regresó a Cuba y siempre el éxito la acompañó, lo mismo que la primera vez. El público cubano no ha perdido el contacto con Libertad Lamarque. La pantalla chica se ha encargado de ello, exhibiendo sus películas más gustadas y a través del programa musical De la Gran Escena.

A los cubanos les gusta el tango, a los latinoamericanos todos les gusta el tango, debemos reverdecer viejos laureles para que surjan nuevos caballeros del tango y programas radiales y televisivos que recreen, no para que se imponga a contracorriente en la preferencia de nuevas generaciones, sino para que, a la luz de nuestros días, los viejos tiempos de Gardel y Libertad Lamarque abran una de las tantas veredas que conducen hacia el imprescindible camino de la integración latinoamericana.

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