Eduardo Heras León: “Yo soy Cuba”

La maestría de un narrador —de un artista— se hace en el riesgo de que su estilo se trueque en costumbre. Para evitarlo no parece haber otra fórmula que el propio trabajo.

La Asociación Hermanos Saíz, en Cuba, quiso hacerle un homenaje a Eduardo Heras León. Motivos hay de sobra: Premio Nacional de Edición, reciente Premio Nacional de Literatura, Maestro de Juventudes, este escritor cubano de tamaño excelso se define ante todo como maestro.

En los inicios del intercambio, que tuvo lugar en el Pabellón Cuba, en La Habana, el periodista José Luis Estrada le preguntó a Eduardo por el padre, quien le sembró la semilla del escritor, le enseñó la preocupación por la lectura, y que, a pesar de fallecer cuando Eduardo tenía tan solo nueve años, dejó en él la intención literaria.

Al rememorar sus orígenes, Heras León, explicó que es nieto de chino por vía paterna, su apellido Heras es catalán, su abuelo por parte de madre era canario rubio de ojos verdes. Y que su abuela materna era descendiente de indios. Se definió a sí mismo como parte del ajiaco cubano. “Yo soy Cuba, como se dice popularmente. Hay una mezcolanza ahí que cada vez que en la escuela iba a llenar una planilla y preguntaba qué raza, la maestra me decía, pon cualquiera”.

Con esa secuencia lógica que siguen a menudo los periodistas, Estrada avanzó en la línea temporal y le preguntó por su participación en los combates de Playa Girón, en 1961. El entrevistado, con la parsimonia que heredó de sus ascendientes asiáticos, respondió con chistes, anécdotas que, contra lo que suele esperarse, resultan vacías de consignas y de grandilocuencias. Son más bien cuentos jocosos de alguien muy pícaro, que maneja como pocos –recuerda a Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero Mayor- el don de la oralidad.

Porque Eduardo domina el arte de narrar. Pero hace, en su grandeza, más: Lo enseña. Es por eso que cuando, finalmente, Estrada le preguntó por el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, rejuveneció hasta tener veinte años:

“Sabes —comenzó inclinándose hacia el micrófono, medio socarrón y medio en broma— que una vez sobre el Centro Onelio, Lisandro Otero, me dijo: ‘¡Pero Chino, ahí estás preparando nuestra propia competencia!’”.

Cuando Eduardo sueña: el Centro Onelio

El germen inicial de lo que hoy es el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso no estuvo ajeno a la polémica: ¿era posible e incluso aconsejable enseñar a escribir?

El mismísimo Saramago, en una visita al Centro, cuestionó el detalle. La historia es conocida. Él preguntó si acaso Cervantes había pasado por un curso de formación literaria para escribir El Quijote. Un alumno cuyo nombre ha pasado al anonimato, porque es la representación de todos los egresados del Centro, le respondió que, de haber existido un Centro Onelio en el siglo XVI, a lo mejor ahora tendríamos más Cervantes a los cuales leer.

Así de ambicioso es el Centro Onelio. Así de apegados a lo que este sitio significa son sus alumnos.

Ahora, dieciséis años después y con resultados concretos que mostrar, el colectivo de trabajo que lidera el escritor, maestro y editor Eduardo Heras León, está más convencido que nunca de la contribución del Centro Onelio a la formación de las nuevas generaciones de escritores, un criterio avalado por la frecuente presencia de egresados de la institución entre los premiados en concursos literarios dentro y fuera de Cuba.

En su origen fue apenas un taller casi itinerante entre la Casa de Cultura de Plaza, en La Habana, y la Sala Nicolás Guillén de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Pero ahora es una institución cultural que sobrepasa con creces sus objetivos iniciales.

El Centro tiene como principal razón de ser, el curso anual de técnicas narrativas, que ofrece a jóvenes narradores de todo el país, de entre 18 y 35 años de edad. El mismo Heras León es uno de los profesores que imparten el curso, unido a los reconocidos y laureados escritores Raúl Aguiar y Sergio Cevedo. También, la institución cuenta con la participación de distintos intelectuales y profesores del mundo literario, que dan conferencias anuales a los alumnos del curso, como son Senel Paz, Margarita Mateo, Leonardo Padura… e incluso amigos extranjeros del Centro, como el recientemente fallecido Eduardo Galeano, quien sentía una empatía peculiar por el proyecto.

Además, el Centro Onelio cuenta con la Editorial Caja China que publica, beca de creación mediante, a los jóvenes narradores de toda Cuba. Esta editorial desempeña un papel de primordial importancia. Viene a llenar un vacío real que tiene el escritor novel. Es sabido que en el mundo de los escritores, ser poco reconocido hace extremadamente poco probable la publicación de textos. Pero, a su vez, es imposible lograr reconocimiento sin divulgación. Caja China propone —y logra— romper con ese círculo vicioso y nocivo, por demás, que viven los jóvenes escritores.

Y además, el Centro tiene la revista El Cuentero, deudora de El Cuento y Puro Cuento, de México y Argentina respectivamente. Publica lo mejor de la narrativa cubana contemporánea y trata de llenar un espacio vital en el panorama literario cubano.

Quizá el mayor secreto del Centro, además de las buenas intenciones y la constancia que suelen dar los mejores frutos, haya sido la premisa adoptada como punto de partida por sus fundadores: Ivonne Galeano, Francisco López Sacha y por supuesto, Eduardo Heras León. Ellos lo quisieron desde sus inicios, y aún hoy lo mantienen, crearon un taller que combina la teoría con la práctica. En el curso de técnicas narrativas del Centro se imparten los fundamentos de dichas técnicas, y luego se discuten y analizan los textos presentados por los estudiantes.

Más de ochocientos jóvenes de todo el país han sido alumnos del Curso de Técnicas Narrativas impartido en el Centro y  muchos de ellos ya han publicado varios libros y cosechado los premios literarios más importantes. Algunos, entre los que se encuentran Mariela Varona, Joss, Abel Fernández Larrea, Erick Mota, son autores de obligada referencia a la hora de discutir los nuevos avatares de la narrativa cubana contemporánea. Otros, son poetas, periodistas, dramaturgos, críticos, profesores, promotores culturales, asesores literarios, editores, realizadores audiovisuales, guionistas de cine y televisión. Todos ellos, y eso sí lo asegura Eduardo Heras, “son, como mínimo, mejores lectores”.

2 comentarios

  1. NN

    Muy interesante!!!

  2. mmamacu

    por que hay un limite de edad en el centro onelio?

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