El pueblo maya lucha por la reafirmación de su identidad

Una cultura que no ha podido ser borrada.

Foto: Tomada de terra.com

“El pueblo maya y otros pueblos originarios o grupos humanos como el garífuna,  xinka y ladino —parlantes de 24 idiomas—, construyen hoy una sociedad dispuesta a superar viejas estructuras de racismo, discriminación y explotación, además de estar decididos a superar retos y limitaciones en todos los niveles”, expresó en entrevista exclusiva a IPS-Cuba, para el espacio Nuestra América, el doctor Juan León, máxima autoridad diplomática de la República de Guatemala en Cuba y, en lo personal, representante de uno de los pueblos más abnegados y valerosos de nuestra América martiana: el maya.

¿Qué características definen y qué problemas actuales convocan a los pueblos indígenas de Guatemala?

Transcurrieron muchos años durante los cuales el poder del Estado mantuvo un orden discriminatorio hacia la cultura maya hasta que en 1992 se producen dos acontecimientos. El primero, a nivel internacional, al proponer España la celebración del evento Encuentro entre Dos Culturas, entre Dos Mundos, y reconocerse la lucha de los pueblos indígenas, constructores de la verdadera historia de este otro lado del mundo durante centurias de ocupación y explotación.

Costumbres y ritos que se transmiten de generación en generación.

El otro acontecimiento, de índole nacional, lo fue el inicio de las conversaciones oficiales con vista a poner fin al conflicto armado entre el gobierno y el movimiento armado guatemalteco surgido en 1960. Es de destacar que, en 1980, la gran mayoría de nuestros combatientes guerrilleros —en mi caso pertenecí al Ejército Guerrillero de los Pobres— y los del ejército gubernamental eran de procedencia maya.

Con el tiempo y tras suscitarse el proceso de negociaciones para el logro de la paz, se da a conocer un acuerdo contra el racismo, la discriminación y por la plena justicia: el Acuerdo sobre Identidad y Derecho de los Pueblos Indígenas (1995), tratado que ha constituido un camino orientador con vista al quehacer y la convivencia de nuestros pueblos. Tuve la oportunidad de asistir a esas negociaciones (1992-1995) hasta el logro de dicho acuerdo el 31 de marzo de 1995, y su firma final como acuerdo de paz el 29 de diciembre de 1996. Rememoro al diplomático y ex canciller guatemalteco doctor Guillermo Toriello Garrido, gran amigo de Cuba y su Revolución, quien estuvo en cada uno de esos procesos hasta la firma de dicho documento.

Desde 1524, tratamos de construir un nuevo Estado que responda a los intereses nacionales, a la solución de los problemas verdaderamente acuciantes que existen en las comunidades indígenas con el propósito de crear los espacios jurídicos, legislativos, constitucionales que necesitamos para que nuestros pueblos indígenas también formen parte de esa nacionalidad diversa que caracteriza a Guatemala desde siempre. Realmente no puedo hablar de un gobierno en particular, porque todos han dado continuidad a la permanencia y existencia de un estado racista, elitista, explotador.

Asimismo y, no obstante afrontar desde hace centurias dicha situación —a la que se le une también un total menosprecio hacia el conocimiento, la ciencia, la sabiduría, hacia todo lo creado por parte de la civilización maya—, existen ahora planteamientos por parte de algunos elementos dominantes quienes argumentan que los mayas actuales no tenemos porqué rememorar la historia de antaño, de tantos siglos de explotación, esclavitud, ignominia y servidumbre… Los mayas de hoy somos el mismo hilo y tejido, la misma continuación de nuestros antepasados, desde los orígenes de su civilización. Nuestra lucha actual es la reafirmación de nuestra identidad cultural.

Siempre afirmo que, a partir de 1992 a la fecha, es que surge y persiste un período de discusión sobre la existencia del pueblo maya a nivel público, problema que antaño se abordaba en contextos privados o familiares, además de la existencia de documentos reveladores. Aquella era una transmisión testimonial, verbal… Poco a poco ese acervo de una cultura ancestral fue traspasando espacios: familias, escuelas, comunidades, municipios hasta que al producirse el conflicto armado interno no sólo observábamos el ascenso de una revolución reivindicativa de todos los problemas políticos, sino también de los problemas sociales de desigualdad, interétnicos, como proceso de salvación y confirmación de la identidad del pueblo maya, de respeto a su pensamiento, a su filosofía.

Representantes del pueblo garífuna de Guatemala.

Así, desde 1992 dicha discusión está dentro de las más altas esferas del Estado: está en el marco del Congreso y en los organismos judicial, ejecutivo… Todo ello lo observamos como un importante paso de avance al plantearse la creación de un Estado horizontal capaz de garantizar intereses, necesidades y que permita el desarrollo de la identidad de los diferentes pueblos indígenas, de gran riqueza cultural para la nación, contra el racismo y la discriminación.

La adopción de dos banderas, ¿constituye un logro de los pueblos indígenas?

La Guatemala pluricultural y plurilingüe la de las grandes masas indígenas originarias, ya adopta dos banderas: la oficial, azul y blanca con el escudo del quetzal al centro, y la maya, con sus colores rojo, amarillo, negro y blanco, tonalidades que expresan los diversos períodos históricos de lucha librados por ese pueblo. Este es un símbolo que nuestro pueblo presenta acorde a su cosmovisión y que con el tiempo el presidente Álvaro Colón (2008-2012) le otorgó extrema importancia oficial a tal punto de colocarla también en el Palacio Nacional.

Ulteriormente y, con la llegada de la administración de Otto Pérez Molina (2012-2016) este decidió retirarla, provocando así un retroceso histórico, político y social. Los mayas siempre pensamos que llegará el momento de algo y para algo y, para la presencia e izaje de la bandera, llegará de nuevo el momento.

Con el actual gobierno de Jimmy Morales se retomó la idea de la bandera en el Palacio Nacional. Sin embargo, los pueblos indígenas de Guatemala y, en especial, el maya, continúan organizándose con el objetivo de ocupar todos los espacios imprescindibles en las esferas de la cultura, de la salud, de las leyes… Por un lado, está reconstruyendo todos sus sistemas del conocimiento cultural, además de trasladarlos al resto de la población para compartir como ceremonial; ejemplo de ello es el recién anuncio del Calendario solar sagrado maya (20 de febrero). Algo que anteriormente no podía realizarse.

¿Cuándo y cómo dio inicio el proceso de apertura a los pueblos indígenas?

En el año 2000 con el presidente Alfonso Portillo hubo una gran apertura a las exigencias de los pueblos indígenas. Fue el momento en que más instituciones indígenas tuvieron apertura, cuando existió una mayor participación de profesionales de nuestros pueblos como ejecutivos de acción en el consejo ejecutivo —unos 532 o 550 funcionarios entre ministros y viceministros—, presencia que lastimosamente ahora tenemos que contar con los dedos de las manos. Hubo además la decisión de traspasar como propio un canal televisivo, dedicado inicialmente a fines militares, a la Academia de las Lenguas Mayas de Guatemala para realizar transmisiones desde la televisión nacional hacia las comunidades. Es la llamada TV Maya, la que en estos momentos, pese tener pocos recursos financieros, continúa impartiendo sus cursos de idiomas y todo lo relacionado con  la cultura maya. Tengo que resaltar además la existencia, desde hace 17 años, de las llamadas radios comunitarias (600) en todo el país, constituidas a partir de recursos e iniciativas propias de la población y conformadas por personal maya en su mayoría. Dichas emisoras radiales transmiten diariamente programas sobre filosofía, cosmovisión, artes manuales y pictóricas, entre otras.

De esa forma, la construcción de un estado pluricultural, plurilingüe y plurinacional tiene que iniciarse no sólo a través de exigencias llevadas al papel o a un documento oficial, sino también con cambios inmediatos en la práctica. El pueblo maya está trabajando con vista a ello.

La juventud maya. Su representatividad y retos en el mundo actual

La juventud maya, afortunadamente, abraza gran parte de la filosofía y el pensamiento de su civilización originaria, ante todo ha logrado elevar su autoestima contra el racismo frente al Estado… Muchos jóvenes han creado instrumentos de comunicación en las redes sociales; por ejemplo, existen programas operativos en lengua maya-quiché. Algo extraordinario. Por lo tanto, nuestro pensamiento ya está circulando por el mundo entero. Muchos de nuestros jóvenes trabajan también en la esfera artística: en obras de teatro, de música… Incluso, ahora están realizando exigencias al congreso relacionadas con el pluralismo jurídico.

Juan León Alvarado: “Como diplomático, trabajar en Cuba ha sido un gran logro y una gran satisfacción”.

Un representante del pueblo maya, diplomático, ¿cómo llegó a esa categoría?

Ante todo como estrategia de construir ese nuevo estado guatemalteco los mayas tenemos y debemos estar ocupando todos los espacios —desde el más alto nivel hasta el más particular culturalmente— y desde esta perspectiva continuar trabajando. En mi caso, ya llevo siete gobiernos en esta labor.

Como representante del pueblo maya-quiché en el año 2000 durante el mandato de Alfonso Portillo, primer presidente que nos abrió el espacio a dos mayas en calidad de embajadores; en el 2002, incursioné como diplomático en las negociaciones (a nivel de Naciones Unidas y de OEA), sobre un proyecto nombrado Proyecto Naciones Unidas Reivindicaciones de los Pueblos Indígenas; también fui embajador alterno ante la OEA. Luego, con la llegada al poder de Álvaro Colón, este me trasladó como embajador al Ecuador, luego estuve en Noruega y, finalmente, en Cuba.

En fecha reciente logramos el nombramiento de dos nuevos embajadores. Uno, maya-quiché, quien presta servicios en el Ecuador y otro, maya-kachiká, en Alemania.

Ante la situación internacional que vivimos, ¿qué perspectivas usted aprecia en relación con la unidad latinoamericana, caribeña y en especial para la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)?

Resulta indiscutible que los problemas internacionales actuales tienen que resolverse a partir de discusiones entre representantes de varios países y con diversas perspectivas, con vista a que no exista una solución unilateral. En lo que respecta a la CELAC  representa lo más grandioso que ha existido en cuestiones multilaterales y en la búsqueda de consensos a problemas comunes. Al respecto hemos dado un gran salto de calidad en cuanto a perspectiva política y en la búsqueda de la unidad. Por primera vez, diría, se acepta la existencia y diversidad de poderes políticos en cada país. Un profundo salto cualitativo que tenemos y debemos conservar.

En relación con la situación de vaivenes políticos existentes en cada país, la considero algo natural pues nuestras vidas son cíclicas. A medida que no se logra enraizar o consolidar un proyecto se corre el riesgo de que todo sea cambiado a corto, mediano o largo plazo. La Revolución cubana es un ejemplo de consolidación que logró enraizar todo un pensamiento y una solidez política. No es el caso de muchos de nuestros países donde estamos en continua lucha por la búsqueda de espacios, de solución a nuestros intereses y exigencias… Esto se aprecia, desafortunadamente, en Guatemala donde la izquierda no es la más sólida como tampoco la más unida, y donde cada planteamiento social reivindicativo es de inmediato enfrentado por la derecha. Es así cómo tratamos de ampliar nuestros espacios en medio de situaciones tan difíciles. Estimo que, en ocasiones, nuestros pueblos no son capaces de valorar los avances positivos que han logrado algunos de sus gobiernos. Son los casos de Brasil y la Argentina. La mayoría de las veces por la tergiversación realizada por sus medios de comunicación, en manos de la ultraderecha, de los poderosos, para crear fricciones sobre situaciones reales, algo determinante en el plano político.

La CELAC ha demostrado ser un eje colectivo en el cual todos nos podemos cobijar porque independientemente de la situación económica de cada nación o pueblo, la esfera política nos llama a la unidad con vista a afrontar retos y problemas muy concretos como las migraciones, el narcotráfico, la delincuencia organizada, la corrupción… Asimismo, la pobreza es algo común que no parte de la derecha ni de la izquierda. Se razona que el militante de la izquierda es el que tiene que ser la avanzada en la lucha contra la pobreza, pero no lo considero así. Para mí la pobreza conjuntamente con la dignidad humana deben y tienen que ser una defensa de cualquier persona que profese cualquier ideología política bajo el lema de la emancipación del ser humano. Esto no es propiedad de la derecha ni de la izquierda, es algo que nos atañe a todos los seres humanos, a todos los seres conscientes. Esta unidad tenemos que hallarla para salir de la situación de pobreza, y ella hoy se enmarca en la CELAC.

¿Cuáles son, a su juicio, los fundamentales lazos históricos y solidarios entre Cuba y Guatemala?

Ante todo parten de una fundamentación cultural muy profunda entre ambos pueblos. En el oriente cubano he podido hallar un gran número de elementos y características muy similares a las nuestras. Le cito algunas: los cultivos del maíz, del cacao, del chile o pimiento; hablamos igual idioma, el español… Al mismo tiempo, la existencia de muchos pensamientos y refranes similares. El calor humano también, la sensibilidad, la fraternidad, manifestada en el recuerdo y el cariño a personalidades tan prominentes como José Martí y José Joaquín Palma —este último compuso el Himno Nacional de Guatemala—, la cooperación educativa, profesional, académica… En los últimos tiempos la relación política ha sido muy fuerte y respetuosa, de muchos valores. Así hemos solventado duras etapas en que un enemigo nos obligaba al rompimiento de relaciones con esta isla, para ser retomadas en 1998, y tener un excelente momento como el actual: integral, amplio y popular. Situación en la que también coincide mi contraparte cubana en Ciudad de Guatemala. Hemos tratado de trasladar la labor diplomática partiendo de las comunidades más pequeñas al nivel de estado más amplio. Esta situación actual nos distingue como dos naciones hermanadas en muchos temas.

A veces, incluso, se expresa que existen relaciones de cooperación, de colaboración… Pero en esto no radica tan sólo lo nuestro. Es algo mucho mayor: son los médicos cubanos que arriban a Guatemala a prestar sus servicios tan humanos, y que retornan a Cuba con un recuerdo muy grato y profundo de nuestro pueblo; los estudiantes guatemaltecos acá, igualmente regresan con una mentalidad transformada en solidaridad. Esto es a lo que, a título personal, le llamo estar hermanados.

Quizás hubo algún tipo de relación antes o después de la Conquista… ¿Quién sabe? Pero, de lo que sí estoy completamente seguro es que nunca fuimos países ni pueblos ajenos el uno del otro. Todo lo contrario. Como diplomático, trabajar en Cuba ha sido un gran logro y una gran satisfacción”.  (2017)

Nota:

[1] La llegada de los conquistadores españoles a las tierras americanas —en este caso, Guatemala—, significó la destrucción del patrimonio cultural precolombino. Producto de su afán de evangelización, entre otros hechos de despojo y crueldad contra los indígenas, aquellos “enviados” de Dios quemaron templos y archivos de códices. No obstante, muchas de estas riquezas patrimoniales, fundamentalmente manuscritos, fueron salvadas por los mayas y ocultadas durante un largo período. Con el transcurrir del tiempo, aprendieron la lengua española y decidieron rescatar aquellos manuscritos para copiarlos en lengua maya, pero a partir del empleo de caracteres latinos. Hoy, el Popol Vuh está siendo estudiado e investigado a través de infinidad de nuevos medios tecnológicos. Y es por ello, que existen informaciones fragmentarias y contradictorias en relación con su origen.

Un comentario

  1. ARMANDO

    EXCELENTE ARTÍCULO.RELATA LA JUSTA LUCHA DEL PUEBLO MAYA, INSUFICIENTEMENTE DIVULGADA.. FELICITACIONES

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