El talento latino brilló en los Grammys

Artistas de Iberoamérica ganan cada vez más espacio y premios en el certamen más competitivo de la música contemporánea.

El pasado año, el Grammy latino reverenció a una nómina verdaderamente ilustre de artistas iberoamericanos que arrojan un contundente y ejemplar currículum, el cual retribuye por sí mismo un buen galletazo a tanta mediocridad y falacia que se encuentran a veces en ciertos premios del año.

Para empezar por casa, Pablo Milanés es uno de esos cantautores que enseñorean tras décadas ininterrumpidas de carrera en el panorama internacional; el lirismo de la mayoría de sus piezas, la enjundia de sus textos, unido al buceo por las raíces no solo cubanas sino en general latinas e internacionales, confirman una coherente postura no solo estética sino ética durante toda una vida consagrada a la canción, más allá incluso de su condición fundacional respecto a movimientos como la Nueva Trova, o dignamente epigonal en el caso del feeling.

Ana Belén y Víctor Manuel, de España, unidos en la vida y la música, son otros referentes imposibles de obviar cuando se habla de un tipo de pieza musical exquisita, madura y convocadora; ya sea en las escritas por él o en las de tantos compositores de su país y de otros lares (particular y justamente de América Latina como Fito Páez, León Gieco, Rubén Blades, José Alfredo Jiménez, Chico Buarque de Hollanda, Carlos Varela o el propio Pablo), Ana ha prestado su hermosa y matizada voz y su encantadora presencia escénica a divulgarlas, a acuñar versiones de una singularidad y una fuerza que rivalizan con (y hasta superan) las originales. También cantante, Víctor es uno de los grandes autores dentro de un tipo de canción llamada por algunos “pensante” o “inteligente” y que ha encontrado eco también en no pocos intérpretes de la zona, como Chayanne, Pedro Guerra o Pablo Milanés.

De ese gigante no solo geográfico sino (o sobre todo) sonoro que es Brasil, casi todos los años hay por lo menos un laureado, y este reconoció no solo de manera especial a Roberto Carlos sino a Djaván.

Apodado en su tierra como “El rey”, el también coautor (junto a Erasmo Carlos), pero sobre todo excepcional cantante, se ha mantenido en la cresta de la popularidad durante más de 50 años y más allá incluso de su país (se sabe de su rápida conquista del mercado hispano hablante) gracias a la ternura de una voz que descartaba los grandes sostenidos o timbres poderosos para concentrarse en un tipo de expresión intimista y coloquial que parece dicha personalmente a cada uno de sus oyentes.

Aunque representante de una balada pop bastante convencional, en no pocos momentos su repertorio, fuera de su autoría o de otros compositores, se elevó por encima de esa media instalándose con propiedad dentro del Olimpo que significa la canción brasileña.

Su colega Djaván cuenta hoy por hoy con cerca de 30 exitosos Cds donde mezcla las más diversas tendencias de la música autóctona brasileña —samba, samba canción, bossa…— con ritmos y géneros internacionales como el pop, el rock , el jazz y las músicas africanas y caribeñas, todo con un estilo muy sui generis y una voz afinada, dulce y peculiar.

Pero, cantautor al fin, y con esa energía y sensibilidad que caracterizan sus textos y melodías, ha sido interpretado por grandes voces de Brasil, desde Bethania, Gal Costa, Simone, Chico y Caetano, hasta Joao Bosco, Nana Caymy, Daniela Mercury y el grupo Revelaçao, entre otros muchos, mientras él mismo ha colaborado con prestigiosos colegas foráneos, como Manhattan Transfer, Lee Ritenour, Zuchero o Richard Bona.

El argentino Gato Barbieri es un virtuoso saxofonista que está inscrito desde hace décadas en la historia del jazz no solo latino, pues su trayectoria y su labor abarcan desde el llamado freejazz (con el trompetista Don Cherry a mediados de los años 60), el avant-garde jazz y la música para el cine (a él pertenece la célebre partitura de Último Tango en Paris) hasta su última adopción de un estilo que privilegia la sonoridad latina y hasta la incorporación dosificada pero efectiva de elementos del pop instrumental.

Formado en 1962 por el pianista Rafael Ithier y especializado desde sus inicios en la salsa con un sello muy boricua, El Gran Combo De Puerto Rico es sin dudas una de las bandas más exitosas de la hermana isla, dueña de una obra caracterizada por la elegancia y el rechazo a cualquier tipo de chabacanería o vulgaridad que a veces ha arruinado esa tendencia, aportando en lo propiamente musical no solo una fidelidad asombrosa a sus raíces sino hasta cierto toque jazzeado que estiliza de manera muy original la salsa ad usum.

Aunque su repertorio ha estado signado por la irregularidad, la dominicana Angela Carrasco ha defendido durante más de 3 décadas un tipo de obra enraizada en el pop latino, la ranchera y diversas tendencias de lo afro caribeño con una preciosa voz que le ha conferido no pocos galardones dentro y fuera de su país.

Son artistas todos que representan lo que más brilla y vale en la cancionística realizada en español y portugués, a la cual han aportado valiosas contribuciones, parangonándola con la que se hace en la otra América, a la que —dicho sin el mínimo de chauvinismo— nada tiene que envidiar esta América nuestra que, también en la canción, se erige ufana.

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