En la Casa: la memoria, la verdad y la justicia

La IV Jornada por la Memoria, la Verdad y la Justicia concluyó recientemente en La Habana

Casa de las Américas

Casa de las Américas

Foto: Tomado de Cubarte

Convocada por las Embajadas de las Repúblicas de Argentina, El Salvador y Oriental del Uruguay en Cuba, junto a la Casa de las Américas, se celebró, el 26 de marzo de 2015, en la Sala Che Guevara de la prestigiosa institución cultural cubana, la IV Jornada por la Memoria, la Verdad y la Justicia como recordación a dos fechas dramáticas que jamás pueden ser olvidadas: el golpe de Estado en Argentina en 1976 y el Asesinato del Arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero en 1980.

El encuentro, al que asistieron los Excelentísimos embajadores de Argentina, El Salvador, y  Nicaragua, entre otros invitados,  contó con la intervención del Diputado argentino Horacio Pietragalla, el académico salvadoreño Walter Raudales y el Excelentísimo Sr. Embajador de la República Oriental del Uruguay,  Brigadier General Gerónimo Cardozo. Testigo de una época dolorosa, de algo que no puede volver a ocurrir, el Embajador de la República del Uruguay, señor Brigadier General Gerónimo Cardozo, ofreció una visión de todo cuanto aconteció en su país, desde su punto de vista como militar demócrata, antiimperialista e integracionista, desde el que  asegura que en el Uruguay existen hoy día unas fuerzas armadas civilistas, con una pujanza de pensamiento que responden a los ideales de su líder inicial y fundador del Frente Amplio, el revolucionario y antiimperialista Líber Seregni. Unas fuerzas armadas en permanente batalla para evitar que el imperialismo consiga implementar su táctica principal usada en aquellos años oscuros: enfrentar a nuestros pueblos y convertirnos en verdugos de nuestros hermanos.

“Un Coronel argentino, que después fue un importante general de la dictadura militar, había conseguido que vinieran a la Argentina oficiales franceses de la OAS (siglas en francés de la terrorista Organización del Ejército Secreto), que habían combatido en Vietnam, en Argelia y se habían refugiado en Argentina influyendo con su pensamiento militar, enfocado en que para obtener, rápida y eficazmente, la información, era necesario emplear la tortura contra los prisioneros políticos. Pero cuando digo que fueron los franceses los que introdujeron la tortura  en Uruguay como método de sacar información no quiero librar de culpas al imperialismo norteamericano, al contrario, en Uruguay había instructores norteamericanos que enseñaban la fórmula de torturar, recuerdo con gran pesar a un compañero  de la juventud comunista que yo estimaba mucho, que tenía un cáncer y los médicos adictos al régimen le marcaban con tiza el cuerpo en los lugares donde podía ser torturado y en los lugares que no. En Argentina fueron los desaparecidos, y hubo desaparecidos también de nuestro país, porque muchos uruguayos en los primeros tiempos se refugiaron en la Argentina. Cuando  la represión contra los argentinos empezó, los uruguayos que ya eran parte de ese pueblo, sufrieron los mismos vejámenes que sufrieron los argentinos. A veces mostraban cuerpos aparecidos en las orillas del rio La Plata, y decían que debían ser seguramente chinos o coreanos  que se peleaban en los barcos pesqueros que recalaban tanto en el puerto de Buenos Aires como en Montevideo y eran tirados al mar, pero está comprobado  que eran prisioneros arrojados vivos desde aviones de la Fuerzas Armadas Argentinas  para que se ahogaran en el mar. Un compañero uruguayo me contaba que se salvó porque pensaron que todavía podía rendir información a la dictadura uruguaya por medio de lo que se llamó el Plan Cóndor, que hermanó a las dictaduras latinoamericanas y  respetó  lo que el general Ongania había previsto en el año 1966, la famosa doctrina de las fronteras ideológicas, al amparo de un método  importado de Estados Unidos que se llamó la “doctrina de la seguridad nacional”, que no era doctrina, no era de seguridad y mucho menos era nacional porque respondía únicamente a los intereses hegemónicos de Estados Unidos”.

Con una amplia hoja de servicio en la lucha por la democracia, Cardozo fue detenido en 1972 y exiliado en México desde 1976 a 1985, donde tomó partido en las actividades que desde el exterior realizaron los grupos de exiliados y refugiados políticos uruguayos dispersos por el mundo. Su trabajo al servicio de su país y de sus luchas lo ha llevado como Embajador a la Venezuela de Hugo Chávez así como a desempeñar importantes cargos en el Ministerio de Defensa del Uruguay.

De El Salvador nos llega el periodista y escritor  salvadoreño Walter Raudales quien  ha mantenido una destacada trayectoria política y es autor de casi una decena de obras. Formó parte de Radio Venceremos, voz oficial del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), durante el conflicto armado. Actualmente es propietario del periódico El Independiente y dirige el semanario El Siglo XXI, órgano oficial del

FMLN. Es el Presidente del Congreso Internacional de Americanistas ICA 55. Walter asegura que es imprescindible volver sobre la historia. La figura del Arzobispo salvadoreño, asesinado por sus  ideas de adhesión a las causas de sus fieles seguidores, es un alerta permanente. Señala que la derecha salvadoreña está entre las más crueles por su naturaleza y recuerda al poeta nacional salvadoreño, Roque Dalton quien, nos dice, construyó muchos de sus sueños, precisamente en Casa de las Américas.

“En El Salvador  hemos ganado el gobierno, pero no hemos ganado el poder y mucho menos hemos ganado la memoria. El triunfo de la memoria es una batalla permanente que tenemos que librar, tenemos que pensar en la frase que todos conocemos de Monseñor Romero, la frase que lo identifica: La voz de los sin voz. Esa sencilla frase significa lo que ha sido El Salvador, porque allí 40 años de dictaduras militares y luego una guerra civil, no sólo significaron la muerte y miles de desaparecidos, sino que dejaron sin voz a los salvadoreños. Monseñor  Romero hizo suyas las palabras de Lucas 19-40 “Si yo me callara hasta las piedras hablarían”. Y Monseñor Romero asumió ese rol de las piedras, fue el único que habló durante esos tres años de vida pública como Obispo y como la voz, cuando es honesta,  quema mucho más que el fuego, por eso le asesinaron.

En nuestro país el papel de mantener viva y rescatar la memoria histórica es fundamental. El Salvador es un país dividido en dos, entre el bien y el mal. Y hay un ejemplo que define por sí solo esta situación. En el sótano de la catedral está la tumba de Monseñor Romero, donde permanentemente hay romerías, personas que vienen a rendirle honores y agradecerle los milagros, y todos los domingos se realiza una misa a las nueve de la mañana. Pero en la parte superior está la Catedral, y ahí el Obispo realiza una  misa a la misma hora, solo que la misa de la cripta, la de Romero, es una

misa de izquierda, y la misa de arriba, del Obispo, es una misa de derecha. O sea, ese es El Salvador. Un país dividido. Y eso está en todos los aspectos de la vida nacional. Por eso la memoria tiene también esa connotación. Porque la derecha intenta cerrarnos los espacios y llevarnos al olvido.

En el centro de San Salvador se ha construido un Monumento a la Memoria y la Verdad. Este monumento no es más que una enorme pared llena de miles y miles de nombres, los nombres de los desaparecidos, porque las narraciones de las bayonetas rompiendo los vientres de las embarazadas son reales en El Salvador, como la masacre del rio Sumpul, que fue una masacre combinada entre los ejércitos de Honduras y El Salvador, mayormente de mujeres y niños que intentaban cruzar el rio hacia Honduras. La canción que dice que el rio se tiñó de rojo no es una figura literaria, fue algo real. Esas imágenes se mantienen en la memoria del pueblo y se insiste en rescatarlas con la convicción de que la memoria es vida”.

Por su parte, Horacio Pietragalla fue electo en 2011 como Diputado de la Nación por el Frente para la Victoria, presentándose a sí mismo como el “diputado de las Abuelas de Plaza de Mayo”, a fin de continuar con la recuperación de nietos desaparecidos, hasta la actualidad. Víctima de los crímenes cometidos por la dictadura en Argentina, sus padres fueron asesinados durante los años setenta y él, con apenas cinco meses de edad, fue llevado a la Clínica de Mayo y a la Brigada Femenina de San Martín, donde los hijos de cautivos o asesinados eran entregados a familias de militares para su adopción. De este modo fue apropiado por el represor teniente general Hernán Tefzlaff, familia con la que vivió por más de 30 años.

“Solo hace doce años que he podido llevar mi verdadero nombre y apellido. Mis padres fueron militantes políticos, asesinados por la dictadura, que dieron lo más preciado que tiene un ser humano que es su vida. Mucho se ha hablado en nuestro país sobre si eran personas que se habían dejado llevar por la corriente o si eran muy jóvenes e irresponsables, yo  creo que lo hicieron de manera consciente, totalmente, sabían muy bien qué estaban representando y ese heroísmo los llevaba a poner en riesgo la vida por lograr un país más igualitario. Yo tenía cinco meses cuando, en un operativo militar, mi madre fue asesinada y desde ese momento mi familia perdió todo contacto conmigo. Yo creo que es importante que se conozca, más que nuestras historias personales, los avances que han tenido nuestros pueblos con la política de La verdad y la Justicia”.

Espacio para la reflexión y el intercambio, el encuentro en Casa de las Américas resultó  marco idóneo para  homenajear la memoria de Monseñor Oscar Arnulfo Romero y los miles de luchadores desaparecidos en los años de dictadura, así como para fortalecer el compromiso ineludible que existe entre los pueblos de no olvidar y de combatir las arbitrariedades cometidas contra la Democracia, la Justicia Social y la Libertad en América Latina y el Caribe.

 

2 comentarios

  1. José J. García

    Muy buen trabajo. Como elemento curioso, no sabía lo involucrado que estuvo la OAS con los torturadores latinoamericanos.
    La figura de Monseñor Romero continuará engrandeciendose en nuestro mundo.

  2. Ruben Perez

    Buen comentario. Excelente para los jovenes que no conocimos esa etapa de las dictaduras Latinoamericanas.

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