Figuras femeninas foráneas brillan con la música cubana

Mujeres cantantes que hicieron historia.

Foto: Tomado de EcuRed

Los escenarios teatrales cubanos, las salas de concierto del país y otros espacios culturales, han acogido en innumerables oportunidades a figuras procedentes de otros países, relacionadas con el universo musical en sus diversas manifestaciones.

Algunos de estos hombres y mujeres se han asentado un tiempo en Cuba aportándoles sus experiencias y conocimientos artísticos, otros han aprendido de los maestros de Música residentes en la Isla, dejando – unos y otros- huellas de su buen hacer. En sentido general puede afirmarse que todos ellos han contribuido al desarrollo de la creación musical cubana.

En esta oportunidad voy a detenerme en algunas figuras femeninas de grata recordación, tanto para los cubanos, como para aquellos que en cualquier rincón del mundo poseen sensibilidad artística.

El primer nombre que en estos momentos viene a mi memoria es el de la mexicana Maruja González, nacida en la ciudad de Mérida en 1904. Con solo un año de edad ya vivía en Cuba con su madre, que había enviudado. Desde edad temprana demuestra su inclinación al canto, y se esfuerza porque sus sueños se conviertan en realidad.

La pedagoga Tina Farelli, le imparte clases de canto en su Academia y el maestro Alberto Soler también contribuye a su formación como cantante. Esta soprano, al igual que Esther Borja y Maria de los Ángeles Santana, llega al estrellato de la mano del gran compositor Ernesto Lecuona quien sobresale a su vez como gran promotor cultural. Zarzuelas inolvidables de Lecuona, como María la O y Rosa la China, forman parte del repertorio de la cantante en todas sus giras. Viaja por Europa y América, recibiendo el aplauso del público y la prensa especializada. En sus actuaciones siempre se incluían números de zarzuelas y operetas donde la González se desenvolvía con brillantez.

Las compañías españolas dedicadas al género musical antes mencionado, la contrataron repetidamente, permitiéndole a Maruja González obtener grandes lauros como protagonista de La Viuda Alegre, Los Claveles, Luisa Fernanda o Doña Francisquita. En Cuba la soprano actúa en diversos teatros y hace largas temporadas en el Principal de la Comedia. En este simpático escenario actúa junto al actor mexicano Jorge Negrete -durante la primera estancia en Cuba de este cantante- y al tenor Miguel de Grandy, quien años más tarde estrena en Cuba la popularísima zarzuela de Manuel Moreno Torroba, Luisa Fernanda.

La voz de la referida artista se caracterizaba por el amplio registro y sus extensos agudos. El gran público la aclamaba una y otra vez después de haber cantado la romanza La Ninfa de la opereta de Franz Lehar, La Viuda Alegre. Algunas sopranos que se forman bajo su influencia como Zoraida Marrero, sobresalen también en las candilejas cubanas en las décadas de 1940 y 1950.

Otra figura femenina que debe de ser tomada en cuenta en estas breves cuartillas, es la de la cantante y pedagoga rusa Mariana de Gonitch, quien ha contribuido durante muchos años a elevar el nivel de la pedagogía musical en Cuba. Antes de arribar a la Isla -en 1940- ya había demostrado en el Teatro de la Ópera de Paris sus excepcionales condiciones vocales, y había compartido escenarios con grandes tenores como Enrico Caruso y Tito Schippa.

La Gonitch funda en Cuba la Academia de Canto que lleva su nombre, convirtiéndose en maestra de cantantes que logran alcanzar fama internacional, como por ejemplo las sopranos Alina Sánchez y Esther Valdés, poseedoras, ambas, de voces muy bien timbradas y de excelente registro.

Por su contribución abnegada y exitosa a la formación de cantantes líricos cubanos, el Concurso Nacional de Canto -que actualmente se celebra todos los años en Cuba- lleva el nombre de esta valiosa mujer rusa, Mariana de Gonitch.

María Muñoz de Quevedo, nacida en tierras de Galicia, es una de las creadoras a las que Cuba mucho debe en el terreno de la música. Cuando se asienta en La Habana, en 1919, ya era portadora de un sobresaliente curriculum, en el que se incluía el honor de haber sido alumna de uno de los más prestigiosos compositores de todos los tiempos: Manuel de Falla.

En la capital de la “llave del golfo”, como se conoce a la isla de Cuba, funda María Muñoz el Conservatorio Bach, que se convierte en una institución totalmente innovadora en la que unían sus esfuerzos la propia María, su esposo -Antonio Quevedo- y el renombrado autor de Los pasos Perdidos: Alejo Carpentier. Juntos forjan excelentes músicos y cantantes, los que más tarde integran las filas de la Coral de La Habana.

La diligente intelectual gallega abraza el movimiento de renovación cultural que en aquellos momentos había surgido en Cuba, tanto en el campo de la música como en el de la literatura y las artes plásticas. A María Muñoz se debe la creación de la revista Musicalia (1927) que respalda el quehacer de la vanguardia musical cubana. Esta publicación obtiene gran reconocimiento por parte de los especialistas y se le ha considerado la publicación más importante –en materia musical- que se haya editado en Cuba. En esta revista colaboran prestigiosas figuras, tales como Fernando Ortiz, Guillermo Tomás, Adolfo Salazar y otros.

Además de lo anterior, hay que reconocerle a esta laboriosa mujer el haber fundado la Sociedad Coral de La Habana, que de hecho se convierte en un gran taller, para crear nuevas agrupaciones de este tipo. Bajo su tutela surgen: la Cantoría del Instituto Cívico Militar, la Cantoría de la Beneficencia, la Coral Universitaria y el Coro Juvenil de las Dominicas Francesas.

La huella de esta digna representante de la cultura española en Cuba no puede obviarse, en tanto contribuye con su legado a dar un salto cualitativo a la música coral en Cuba, y en general, coadyuva al desarrollo de la música cubana en las décadas de 1920 a 1950.

Martha Jean-Claude, al igual que las anteriores representantes de la vida musical en la Isla, no nace en Cuba sino en la hermana tierra haitiana. Esta auténtica intérprete de la música de su país, había alcanzado éxitos como cantante y compositora en su patria de origen, antes de fijar en Cuba su residencia en la década de 1950. Esta singular intérprete de los ritmos caribeños es acogida con entusiasmo en los principales centros nocturnos de la capital -particularmente- en El Monsegneur Chef Bola- donde su cálida voz   era escuchada habitualmente.

La televisión también le abre las puertas a la cantante, permitiéndole llegar a los hogares de miles de televidentes. La Jean-Claude pasea su arte por numerosos países donde comparte escenarios con grandes artistas de diversas latitudes, entre ellos Mercedes Sosa, Pablo Milanés y Celia Cruz. La cantante ha compuesto más de doscientas piezas musicales a lo largo de su fructífera vida y en Cuba ha contribuido – con su labor creadora- al surgimiento de varias agrupaciones folcklóricas además de fundar su propio grupo musical: Makandal, de gran calidad artística.

Esta cultivadora de la música del Caribe, es una de las personalidades que más ha colaborado para que se estrechen los lazos de amistad entre Cuba y Haití, contribuyendo al fortalecimiento de los nexos culturales entre ambas naciones. Su hija, la soprano Linda Mirabal, criada en suelo cubano desde temprana edad, ha contribuido también al desarrollo del teatro lirico cubano.

Todas estas mujeres creadoras forman parte de la historia de la música cubana. No han nacido en la patria de José Martí, pero legaron a este país lo mejor de sí mismas, como si hubiesen sido cubanas. Considero que es un deber recordarlas y reconocer sus méritos.

 

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