La canción latinoamericana se sumerge en el vino

Autores e intérpretes de Nuestra América le cantan al “licor de los dioses”.

Foto: Emiliano Rodríguez

Compositores de todos los géneros, líneas y tendencias han recurrido al célebre líquido para emitir sus mensajes románticos, desgarradores o anclados en la esperanza, más aún aquellos que tienen en el despecho y la pena del profundo “desamor” sus armas expresivas dominantes.

Es por ello que un tipo de letra en las canciones latinoamericanas acude con frecuencia al vino como eficaz auxiliar poético. A veces de manera oblicua, una pieza musical basada en el desengaño amoroso, como tiende a serlo en el bolero o el tango, ha utilizado la tonificante bebida ya sea desde una perspectiva metafórica, ya desde la más llana literalidad pero siempre apoyada en la copa, tal inseparable compañera de cuitas y reclamos.

No olvidemos, por ejemplo, que el marco ideal de las canciones tangueras y milongueras —procedentes, como se sabe, de Argentina y Uruguay— es el bar, donde uno de los licores que más se consume es precisamente el vino.Goyeneche-Piazzola-(1)

Hablando de tangos, es este uno de los géneros que más han abrazado —empezando por sus autores y muchos de sus intérpretes— el distinguido líquido; entre muchos, hay uno emblemático: La última curda, compuesto en 1956 por Cátulo Castillo (letra) y Aníbal Troilo (música) y que ha sido interpretado magistralmente, entre otros, por Edmundo Rivero, Roberto Polaco Goyeneche, Mercedes Sosa, La Negra, Juan Carlos Baglieto con Stampone y Fito Páez.

Por su parte, esa suprema —y sublime— expresión del alma latinoamericana que es el bolero, cultivado principalmente en Cuba, México y Brasil, emerge de las victrolas situadas en esos populares sitios donde la gente toma y conversa, y, a veces también, cuando los niveles etílicos ascienden, se pelea.

Pero más allá de esos géneros, la canción popular —desde la balada a la guaracha, del pop al rock, de la salsa al merengue— ha acudido a la deliciosa y saludable bebida como apoyatura esencial de sus letras.

Sin intentar en absoluto agotar una lista de seguro interminable, recordemos que prácticamente todos los grandes compositores han sucumbido a la tentación de grabar una canción sobre el vino; solo en inglés la trayectoria va desde los Rolling Stones, Woody Guthrie, Paul Anka y Jerry Lee Lewis a The Who, The Band o Elton John. Hay temas sobre el vino en el heavy (Def Leppard, Whitesnake, Paul Gilbert) y el hip hop (N.W.A.), pero es la “música de raíz” la más cautivada por el caldo de la uva, con numerosos adeptos entre el country (Merle Haggard, George Jones, George Strait, Emmylou Harris…) y por supuesto, en la balada.

La incomparable Barbra Streinsand, incluyó en su laureado disco People (1964), la pieza How do is the wine taste? o ¿Cómo probar el vino?”, en español, de M. Dubey y H. Karr, que constituyó uno de sus éxitos. Su famoso partner, Neil Diamond, grabó Red red wine; Mikel Erenxtun le ha dedicado dos canciones, una con Duncan Dhu y otra en solitario. Tampoco faltan abundantes temas sobre el champagne, que no deja de ser un vino espumoso.ruben-blades

En castellano, la copla española (Lola Flores, Rafael Farina, Juanito Valderrama, Manolo Escobar…) ha regalado numerosos y significativos temas.

Volviendo a la canción, específicamente latinoamericana, el prestigioso compositor argentino Alberto Cortez decidió no quedar fuera de ese amplio grupo y escribió una pieza titulada El vino[1] y, por cierto, apenas conocida entre nosotros, de entre las muchas que décadas atrás popularizara en Cuba.

Y ya que estamos en Nuestra América, mencionemos a los chilenos Isabel y Ángel Parra —hijos de la legendaria Violeta— con sus Coplas del vino; su colega, el trovador Horacio Guaraní, erigió otro inspirado Tributo al vino.

El panameño Rubén Blades, llamado con propiedad durante muchos años “el poeta de la salsa” dedicó a su esposa el tema Vino añejo (“Tú, pedernal en mi tiniebla,/yo, vino añejo a ti ofrecido, /Te pido, quédate conmigo/ en esta curva del camino./ Ya no me duele el pasado,/ni lamento lo perdido. / No me importa hacerme viejo/si me hago viejo contigo”).

Por su parte, el boricua Chayanne popularizó hace algunos años Al pan, pan, y al vino, vino, mientras Lucho Gatica, un legendario chileno que cantó más de un tema con la aromática bebida, licenció hace algunos años un vino llamado precisamente Bolero[2], y está explorando nuevas fronteras para expandir el producto, especialmente a México y Las Vegas.Juan-Luis-Guerra

El dominicano Juan Luis Guerra, en una de sus más hermosas bachatas Derroche, popularizada por la española Ana Belén, describe un encuentro feliz y pleno entre dos amantes; entre lo que permite que sea así aguardan “en una mesa dos copas de vino”, lo cual, junto a otros afrodisíacos, le llevó a afirmar que “a la noche se le fue la mano…”; y justo lo que la inaugura es: “comenzamos por probar el vino”.

Otro compositor favorito de Ana, cantautor de su generación, es el incomparable Joaquín Sabina, llamado El cuate por sus vínculos profesionales y afectivos con México; muchas de sus afiladas canciones, himnos de tantos admiradores suyos en todo el mundo hispanohablante se hallan “rociadas” por el saludable néctar; y casi siempre, asociado con el erotismo, como es costumbre: “Recalenté una sopa/ con vino tinto, pan y salchichón; /a la segunda copa,/ -“¿qué hacemos con la ropa?”- preguntó.” (“Medias negras”)

En una de sus piezas más famosas Física y química incluye esta curiosa y desigual numeración: “Y si quieres también/ puedo ser tu estación y tu tren,/tu mal y tu bien,/ tu pan y tu vino,/ tu pecado, tu dios, tu asesino…”

Elogiando a la amada, la ausencia de ella se asocia con la falta del licor sagrado: “Porque una casa sin ti es una emboscada,/el pasillo de un tren de madrugada,/ un laberinto/ sin luz ni vino tinto/ un velo de alquitrán en la mirada”.

De modo que el tan socorrido “licor de los dioses” ha alimentado y henchido no poco de la más auténtica y autóctona expresión de la canción en esta parte del mundo.

Notas:
[1] Un fragmento de su letra reza: “El vino puede sacar/ Cosas que el hombre se calla/ Cambia el prisma de las cosas/Cuando más les hace falta (…) Pero qué lindo es el vino!/ El que se bebe en la casa/Del que está limpio por dentro/ Y tiene brillando el alma/ Que nunca le tiembla el pulso,/ Cuando pulsa una guitarra/ Que no le falta un amigo/ Ni noches para gastarlas”. Como se aprecia a simple vista, no se trata ni con mucho, de lo mejor en la obra del destacado cantautor argentino-mexicano.
[2]Bolero es un vino elaborado por la viña chilena Santa Emiliana y es un ensamblaje de Carménère y Cabernet Sauvignon.

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