La Higiene y la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana (1902-1940)

Científicos cubanos abordaron el tema de la higiene en la prevención de enfermedades.

Salón de la Real Academia, donde se realizaban las discusiones de científicos y académicos

Desde los más tempranos albores de la República, los miembros de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana (ACMFNLH), debaten de forma repetida sobre los problemas de las aguas corrientes y de consumos, así como su relación con las enfermedades de trasmisión hídrica. Prueba de esto son los antológicos debates que sostienen los doctores Carlos J. Finlay, Rafael A. Cowley, Ambrosio González del Valle y otros especialistas, tratando de aunar sus esfuerzos para evitar la propagación de estas enfermedades en la Isla.

Otro de los académicos que más se destaca en el área de las ciencias médicas desde los primeros momentos en que se instaura la República es, sin duda, el Dr. José A. López del Valle. Muchos de los trabajos que llevan su firma, habían sido debatidos con gran éxito en Congresos Internacionales y quedan incluidos en los Anales de la Academia… desde 1901. Este académico, aborda en sus escritos importantes temas sanitarios, entre ellos pueden citarse: la organización de la Sanidad en La Habana, la nacionalización de estos servicios, el abasto de aguas en la capital del país, la higiene, las campañas contra las moscas y la peste bubónica, el desenvolvimiento de la sanidad en Cuba, la caracterización de la epidemia de gripe proveniente de España que tantos estragos causa en la Isla en 1918.

Jorge Le Roy y Cassa, científico y académico cubano Desde que finaliza el status colonial, no sólo López del Valle se muestra interesado por la problemática higiénico sanitaria cubana. En esa misma dirección encaminan sus pasos otros académicos, entre los cuales pueden citarse Ángel Arturo Aballí, Juan Guiteras, Juan Santos Fernández, Julio F. Arteaga y Quesada, Enrique B. Barnet, Claudio Delgado y otros. Estos especialistas reflexionan en torno a los numerosos problemas de higiene existentes y la urgente necesidad de resolverlos. Sobresale, durante algún tiempo, el manifiesto interés de todos los referidos especialistas por lograr un mínimo de condiciones higiénicas para los dependientes que dormían en muchos de los establecimientos comerciales e industriales de la Isla.

Acerca de este sensible asunto José L. Jacobsen y Juan Santos Fernández, entre otros académicos, elaboran trabajos de gran utilidad para resolver los candentes problemas higiénicos en los mencionados establecimientos públicos. De estos autores deben recordarse: “La vivienda de los dependientes en establecimientos comerciales e industriales”, escrito por el primero, y “El dormitorio y el refectorio de los dependientes en los establecimientos”, suscrito por Santos Fernández.

El académico Joaquín García Lebredo, fundador de la Academia, recibe el premio Presidente Gutiérrez por su destacada labor científica y es uno de los que dedica más tiempo a la lucha contra la fiebre amarilla y el paludismo. Su ingente labor y amplio conocimiento de las ciencias físicas y naturales quedan demostrados en los numerosos discursos e informes registrados en los referidos Anales de la ACMFNLH en el primer cuarto del siglo XX.

El patólogo e higienista Juan Guiteras Gener, que integra las filas de la Academia desde 1901, es, del mismo modo que García Lebredo, un incansable luchador contra las enfermedades infecciosas que atentaban contra la salud de los habitantes de la Isla. Esto se infiere de su participación en los debates académicos recogidos en los Anales de la Academia… A él se debe en gran medida, la organización de las campañas sanitarias para erradicar o aminorar los efectos de las mencionadas enfermedades en la población cubana. Este científico ocupa un lugar de avanzada en el estudio del dengue, la pelagra y otras enfermedades insuficientemente conocidas por los especialistas cubanos, en aquellos lejanos días del siglo XX.

Otro hito importante en el desarrollo de la sanidad cubana es la creación de la Comisión Permanente de Vacunación en 1901. La misma se dio a la tarea, entre otras cuestiones, de publicar un Boletín Informativo sobre la preparación, control y distribución de las vacunas en toda la nación. Este procedimiento lo efectuaban tomando en consideración el número de vacunados y revacunados, clasificando los mismos por meses, raza, edad y lugar de residencia. Colaboran de forma primordial en esta actividad los doctores Guiteras Gener y Cowley, entre otros.

Por otra parte, el Dr. Joaquín Diago presenta por estos años una ponencia referida a los peligros que para la salud pública podían representar las botellas de cerveza vacías, “que sirven para llevar determinados productos orgánicos a los laboratorios y consultas de los médicos y que al ser nuevamente utilizadas por la industria, sin haber sufrido una verdadera desinfección, de hecho se convertían en propagadores de ciertas enfermedades transmisibles como la fiebre tifoidea”.
Otro médico y bacteriólogo, Julio Arteaga y Quesada, quien ocupa diversos cargos relacionados con la higienización sanitaria, redacta varios escritos referidos a la importante temática, entre ellos merece especial atención el titulado “La higiene dental en las fábricas de cerillas”, donde se valora muy acertadamente la importancia de la higiene en los establecimientos públicos.

Los numerosos volúmenes que conforman la revista Anales de la ACMFNLH, durante las primeras décadas del siglo XX, brindaron la posibilidad de registrar los debates y las preocupaciones de los académicos relativas a la salud de los pobladores de la Isla, sus estudios sobre las principales enfermedades que les afectaban y los análisis epidemiológicos efectuados. Entre otros asuntos profundizan en enfermedades tales como la lepra, el paludismo, la tuberculosis, el tifus, así como en los estragos hechos por la leptospirosis en aquellos tiempos.

Cuando se hace un balance de la situación higiénico sanitaria del país, era evidente que en los centros hospitalarios no existían las condiciones sanitarias adecuadas, el número de hospitales era insuficiente e incluso, la atención a los pacientes era altamente insatisfactoria, como en el caso del Hospital de Dementes de Mazorra, donde, a pesar de conocerse las causas de la mayor parte de los problemas sanitarios existentes y cómo resolverlas, no había soluciones debido a la indiferencia de las esferas oficiales.

Ente 1921 y 1922, el Dr. Alberto Recio en su trabajo titulado “El paludismo en La Habana”, se remite a los trabajos del Dr. Carlos J. Finlay sobre la fiebre amarilla, y a la labor de Gorgas y Guiteras que dieron al traste con el paludismo. En este escrito se señala que desde el año 1915 se había elevado el número de casos y en la década del veinte la malaria constituía un serio problema de salud.

En esa investigación, Recio destaca cómo desde el punto de vista sanitario, La Habana había ido infectándose y se había convertido en una verdadera amenaza pública. Le Roy presentó en esa importante sesión científica de la ACMFNLH, las estadísticas de las principales enfermedades que afectaban a la población: paludismo, fiebre tifoidea y las viruelas. El investigador relacionaba el aumento de la infección palúdica con la conclusión del Canal de Panamá, en cuyo lugar laboraban muchos obreros que luego vienen a Cuba para trabajar en la zafra azucarera.

El Dr. José A. Simpson presenta en la ACMFNLH una ponencia relacionada con la higiene y la leche en Cuba. Este especialista afirmaba que sólo por excepción había fincas de recreo con las condiciones higiénicas requeridas para que la leche producida en esos sitios pudiera prosperar desde el punto de vista industrial. Considera Simpson que en Cuba “la industria lechera estaba estancada por el abandono en que se encontraba en aquellos momentos”. Su estudio se basa en la experiencia acumulada mientras ocupaba el cargo de Jefe de Servicio de Vigilancia Sanitaria para el abasto de este preciado alimento en la Isla.

En la Alocución Presidencial del 19 de Mayo de 1939, expresaba el Dr. Presno y Bastiony: “Asistimos en estos momentos a un visible florecimiento del ambiente intelectual revelado tanto en las Sociedades como en la prensa Científica. Nunca como en estos momentos fueron tan frecuentes las reuniones celebradas en la Academia, y la producción bibliográfica se manifestó con la misma lozanía”.

Las relaciones de la Academia con Instituciones extranjeras era muy buena en aquellos momentos, ejemplo de ello son las relaciones con Académicos Correspondientes Extranjeros como: Manuel Manzanilla (México), Mario Castex, Pedro Belou, Juan Bacigalupo y Nerio Rojas (Argentina), A. Loysio de Castro (Brasil) y Joseph Mc Carthy (EE.UU). Estas relaciones permiten que la Academia incluya temas importantes de interés para Cuba y Latinoamérica en sus debates.

Es indudable que los científicos cubanos que han abordado la higiene y la sanidad en el período analizado, aportan una valiosa información que constituye la base para estudios posteriores en diversas disciplinas de la Salud.

Los Doctores Carlos J. Finlay, Jorge Le Roy y otros médicos mencionados en el presente trabajo, constituyen ejemplos relevantes e imprescindibles para el estudio de esta temática y sus aportes marcan pautas que obligatoriamente deben ser tomadas en cuenta en el desarrollo posterior de la salud pública cubana. Por otra parte, ya en los inicios del siglo XX, se advertía que era imprescindible para la sanidad cubana el cumplimiento de lo legislado para facilitar la eliminación las deficiencias en la salubridad urbana, lo cual no ocurría en gran medida por la falta de voluntad política de los gobiernos de turno.

La documentación inscrita en los Anales de la ACMFNLH, importante fuente de esa época, constituye un modelo tangible de las investigaciones desarrolladas en Cuba. Estos resultados demuestran al mundo cómo desde sus inicios, la salud pública cubana daba pasos trascendentales para controlar y prevenir las principales enfermedades transmisibles que azotaban al país. Todos estos documentos pasan a formar parte de un importante legado que va a custodiar la Academia para las nuevas generaciones, donde se evidencia la importante labor científica que esta Institución desarrollaba por aquellos lejanos tiempos. La información que allí se atesora sirve de base para estudios de las generaciones actuales de galenos de Cuba y Latinoamérica relacionados con la higiene y la salud.

Un comentario

  1. Olga

    Es interesante para mi conocer a científicos cubanos que trabajaron en pos de la higiene en Cuba a principios de siglo pues solo conocía a Carlos J. Finlay y Jorge Le Roy. Es bueno también analizar el importante papel que jugó la Academia de Ciencias en aquellos tiempos…

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