Leonor de Ovando: la primera de todas

Nacida en República Dominicana, es considerada la primera mujer poeta de que se tiene conocimiento en la América española.

Leonor de Ovando

Foto: Tomada de Radio Educativa Dominicana

La palabra de Leonor de Ovando cruza las paredes de un convento dominico en La Española para navegar casi cinco centurias hacia nuestro presente. ¿Dónde nació? ¿Cómo transcurrían sus horas en aquellos tiempos, en el mismo espacio que hoy ocupa Santo Domingo, pero bajo otra ley y otra lógica? ¿Cómo sobrevivió al ataque de Francis Drake en 1586, que devastó La Española hasta sus cimientos?

Nada de esto se sabe. Documentos de archivo permiten registrar su muerte después de 1609, y dan a conocer también que cuando el corsario desembarcó en la isla hacía tres años que Leonor de Ovando era la priora de su convento.

Sus poemas, en diálogo con el oidor español Eugenio de Salazar, son precisamente evidencia de que existía una comunidad letrada en La Española. El solo que hoy ha sobrevivido de su voz poética formaba parte de un concierto. Se hace esto evidente por la soltura de su verso que se desprende de una práctica habitual y un contexto de lectores críticos y escritores con los que emular. Como nota Catharina Vallejo, este ambiente literario iría en declive a la par que el auge económico en La Española con el desplazamiento de interés de la metrópoli hacia México y Lima.

Cinco sonetos y algunos versos de Leonor de Ovando viajaron con Eugenio de Salazar a España para formar parte de su Silva de poesía y permanecer inéditos, en la Real Academia de la Historia de Madrid, hasta el siglo XX. Marcelino Menéndez Pelayo los rescató del olvido, como parte de un proceso de búsqueda de los orígenes literarios del continente que se comienza a vivir desde finales del XIX.

En su selección de poemas criollos Aquí, ninfas del sur, venid ligeras. Voces poéticas virreinales, Raquel Rodríguez Chang nos presenta una versión actualizada de la poesía de Leonor de Ovando que se conserva. La especialista destaca cómo el diálogo versado entre Salazar y Ovando se desarrolla de forma horizontal. La monja, incluso, juzga la calidad literaria de la escritura del procurador español. La edición de Aquí, ninfas… refuerza la inspiración religiosa de la pluma de Ovando, algo común en la época, según reconoce la propia Rodríguez Chang.

En esa primera aproximación a la lírica de Leonor de Ovando que realiza Menéndez Pelayo puede leerse que sus respuestas a Eugenio de Salazar son “no menos devotas que corteses”. Esta frase devela una tensión en este diálogo que suele pasar desapercibida. Encompilación de Y con mi viveza. Textos de conquistadoras, monjas, brujas, poetas y otras mujeres de la colonia, de Luiza Campuzano y Catharina Vallejo, de un español más ajeno a nuestro tiempo que el de Aquí, ninfas… deshoja esta cortesanía con que la poetisa criolla se dirige al español.

Envuelta en una devoción religiosa bien explícita desde los mismos títulos: “…en la pascua de navidad”, “…en la pascua de Reyes”, etcétera, se deslizan referencias al cuerpo que podrían entenderse en una línea erótica. En la primera de sus respuestas rimadas (“…en la pascua de navidad”, la monja proyecta la imagen tenue de “essa mano”, que no es otra que la de Eugenio de Salazar, de la cual han salido “divinos versos” que han traído alegría a sus “ojos tristes”.

Esa tímida metonimia terminará desembocando, en el cuarto poema (“De la señora al mismo en Respuesta”), en referencias muy plásticas al cuerpo de Eugenio de Salazar: “Pecho, que tal concepto ha producido”. Así despega la primera estrofa, aprovechando la doble naturaleza de la palabra “pecho”, espiritual y física. Pero esta doble naturaleza se recorta a continuación con: “lengua, que lo ha manifestado”. La coma que recorta “pecho” y “lengua” del resto del verso permite alojar en esa pausa segundas intenciones, invita a Salazar, lector material e íntimo del poema, a no transitar por estos sustantivos con paso ligero. Y regresa en la tercera estrofa la imagen de “la mano, que scribió, me han declarado/ que el dedo divinal os ha movido”.

La descripción de Salazar y sus versos, que podrían por ejemplo haber tomado más bien una cándida dimensión psicológica, aparecen en este triángulo carnal: pecho, lengua, mano, cuya astucia bien merece el adjetivo de “cortés”. Salazar, hecho carne, aparece en la segunda estrofa “encendido” e incluso “abrazado” en un fuego que no puede ya apagarse con el atenuante de “divino” que emplea su autora. De esta forma, leyendo entre líneas, son otros los significados que evoca el último verso del poema: “me hizo pensar cosa no pensada”, que en su interpretación primaria exalta la capacidad que tiene Eugenio de Salazar para despertar nuevas reflexiones religiosas.

Quizás en esta escala, en la erótica, podría cantar la voz de Leonor de Ovando al lector de nuestros tiempos. Sus poemas, tenidos a veces por “inexpresivos o faltos de soltura” según Pedro Henríquez Ureña, esconden brazas encendidas bajo las cenizas de los siglos que han transcurrido. Ovando insiste: “no quiero yo llorar, mas suplicaros/ por sola me veáys, si soys servido:/ que me deificaréys con escucharos”. Y en efecto, tenemos aún muchas palabras que decirle a ella, los lectores “nuestroamericanos” de hoy, que fue la primera de todas las que nos dicen hoy.

Poema De la misma señora al mismo en respuesta de otro suyo

Leonor de Ovando

Pecho, que tal concepto ha producido,

la lengua, que lo ha manifestado,
la mano, que scribió, me han declarado
que el dedo divinal os ha movido.
Cómo pudiera un hombre no encendido
en el divino fuego, ni abrasado,
hacer aquel soneto celebrado,
digno de ser en almas esculpido?
Al tiempo que lo vi quedé admirada,
pensando si era cosa por ventura
en el sacro colegio fabricada:
La pura sanctidad allí encerrada,
elémphasis, primor de la scriptura,
me hizo pensar cosa no pensada.

 

Un comentario

  1. Miriam

    Bello

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