Lourdes Arencibia: Entre la traducción y la pedagogía

La lengua es algo vivo, que cambia y se transforma.

Según la destacada traductora literaria, preservar las lenguas originarias de América Latina es una urgente necesidad.

Foto: Tomada de www.uneac.org.cu

Por su carisma y talento esta escritora-traductora y profesora es siempre bien acogida donde quiera que llegue, y así lo certificamos quienes le conocemos desde hace algunos años, al igual que quienes recién le conocen. Y es que Lourdes Arencibia Rodríguez, como traductora-intérprete y como académica estudiosa de los problemas relacionados con nuestra América, compulsa a todos no solo a profundizar en el conocimiento y perfeccionamiento del lenguaje, al buen decir y a la exigente escritura y traducción del francés y del castellano —y en ocasiones, del inglés— sino también a brindar su savia pedagógica a los más jóvenes.

Todo ello se constató, una vez más, durante el recién concluido Segundo Encuentro Nacional de Poetas, efectuado en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en el disertó acerca de la poesía haitiana actual

Con su ponencia “Una flecha con destino fijo”, donde citó y exaltó las obras y autores de esa hermana nación caribeña como Eugene Emmanuel (pseudónimo de Manno Ejen); Dereck Walcott, poeta del Caribe anglófono —quien cifra las expectativas de sus versos en combatir el llamado indigenismo linguístico y cultural-—, y a los poetas haitianos Kettly Mars (Port-au-Prince—1958, y única mujer; Manno Ejen (Guantánamo, Cuba, 1946, residente en Canadá) y Claude C. Pierre, todos incluidos en una antología que prepara para Casa de las Américas.

“Tan solo en Walcott —maestro del manejo del british english— cabe destacar un magistral dominio de la lengua inglesa en todos sus matices y variantes al saber utilizarla para definir no solo sus culturas en relación con el tratamiento descolonizado de la lengua, sino para definirse a sí mismo y a su pueblo y vincular la influencia opositora ante el control colonial del sistema educativo concebido para fortalecer la dependencia de Gran Bretaña en sus colonias caribeñas”.

Significó también Arencibia Rodríguez —autora del libro Martí, traductor— que gracias al logro de la independencia en sus respectivos países los poetas antillanos, y en especial los que publicaron en la década del cincuenta del pasado siglo, están totalmente alejados de cualquier calificativo que apunte a la llamada “indigencia lingüística”. Estos eligen cada vez más en sus composiciones modos de hablar en inglés popular sin la resistencia de reglas gramaticales establecidas y con la intención de alcanzar su identidad, de reafirmar su independencia e imponer sus valores autóctonos”.

En entrevista exclusiva para Nuestra América, atrapamos a esta autora-traductora-intérprete quien nos habló acerca de su amor hacia el género poesía, y nos confesó que “La poesía me atrapa porque ante todo se nutre de la palabra. No pudiera existir si no hubiera un medio que le sirviera de expresión y este ha sido la lengua. De manera que ella es algo extraordinariamente vinculado al idioma, a la comunicación del ser humano. Por otra parte, por mi oficio como traductora-intérprete, he tenido también que meterme en la piel de muchos autores literarios, entre ellos los poetas, para profundizar en sus estilos y formas de expresión y así lograr un contacto que supera al de simple lectora. De modo que la poesía ha llegado a ser un medio más de expresión, curiosidad, apetencia y conocimiento propio del mundo”.

¿Cómo equilibrar en una balanza su gusto por la poesía en relación con su trabajo como traductora de idiomas como el castellano y el francés?

La lengua francesa me llamó la atención desde el primer momento y afirmaría además que el francés “me entra por la ventana” pues resido al lado de la sede de la Alianza Francesa, aquí en La Habana. Confieso que me vinculé a los cursos que allí se impartían desde que esa institución era un simple sofá dispuesto en un portal. De esa forma, tanto la literatura española como la francesa me llegaron al unísono. La española, producto de mi propio desarrollo educacional, instructivo, cultural; y la francesa, por mi vecindad.

Realmente no pudiera confesarte cómo equilibrar ambos gustos idiomáticos con la poesía. Diría que tiene que ver más con los poetas. Por ejemplo, Baudelaire me ha llegado siempre muy profundo, como también otros en lengua hispana que me han provocado curiosidad al igual que una increíble cercanía. No podría, entonces, colocar sobre una balanza ambos gustos: o la poesía hispana o la francesa. Me resulta difícil. Debo resaltar que la primera ha tenido una relación de continuidad en mi vida, cuando la observo y analizo a partir de la riqueza de la poesía latinoamericana y la cubana. Sí tengo que admitir que la poesía francesa, en un momento determinado, no me llegó a picar con esa cercanía, al conocerla un poco menos debido a las dificultades para mantenernos bibliográficamente actualizados.

En lo que respecta a la poesía del Caribe francófono, mi amor hacia ella no parte tan solo de nuestra pertenencia, cercanía geográfica y solidaridad, sino también porque la mayoría de los poetas de esta región han tenido limitaciones para darse a conocer más allá de sus fronteras, incluso, hasta los poetas hispanoparlante caribeños. Es por ello que siempre he sentido como un deber —y a través de los medios que cada quien tiene a su disposición—, darlos a conocer y profundizar en sus obras. Es indudable que la traducción constituye un medio muy poderoso, capaz de tomar de las fronteras cualquier pensamiento no expresado en una lengua vinculada geográficamente a su lugar de origen. Ese acercamiento con los poetas caribeños francófonos lo siento como una obligación al tener la posibilidad de universalizarlo gracias a mis conocimientos de esa lengua y a mi oficio. Es así cómo nunca he considerado justo no aprovechar esa posibilidad en función de una literatura que, en definitiva, pertenece a mi área geográfica.

Quiero puntualizar algo, y es que siempre he trabajado en varias lenguas provenientes del idioma español porque considero que debe traducirse hacia la lengua y cultura materna. Fuera del español, la lengua que mejor conozco es la francesa, pero también traduzco del inglés, del italiano y, en menor medida, del portugués. Indiscutiblemente que mi nivel de conocimiento y acercamiento hacia dichas culturas difiere entre sí.

¿Acerca de qué temas versan sus libros?

“Mis libros versan sobre teoría de la traducción. Hubo un tiempo en que la traducción se consideró tan solo un arte para estudiar, hasta que luego, muchas universidades determinaron instituir a la traducción como una materia más dentro de sus currículos y planes de estudios. Mas, no existían textos, y fue entonces que decidí crearlos para la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana, de la cual soy fundadora.

Así comencé como docente a impartir traducción en varias facultades fuera de Cuba.

Finalmente, he tenido que ensanchar mi espectro a partir de ampliar, corregir y revisar algunos textos creados inicialmente para dicha facultad. Todo esto ha dado lugar a la escritura de varios libros de mi autoría con distintos enfoques y especialidades dentro de la traducción”.

¿Cómo observa el desarrollo idiomático actual en nuestra América?

La lengua es un ente vivo. Desde la época de Cicerón hasta el presente todo el mundo reconoce la inexistencia de cánones y normas referidas a ella pero como ente vivo cambia su forma, se modifica.

América es un continente donde se hablan diversas lenguas no así dialectos —concepto este último con el cual estoy en desacuerdo—, como tampoco lenguas minoritarias que considero una expresión colonialista. Habría que decir que, en estos momentos, se está produciendo una descolonización lingüística donde en cada país y pueblo de este continente y de raíces étnicamente diversas, se está propiciando una especie de retroalimentación de traiciones, aportes e intercambios entre etnias a la lengua presuntamente nacional que, a la vez es poseedora de una fuerte impronta metropolitana. Esta descolonización lingüística ha dado lugar a lo que se llama “dialecto”, como naturalización del bagaje y acervo lingüístico que poseen cada uno de esos asentamientos y comunidades.

Todo esto ¿está en dependencia de un poder político?

Tengo mucho cuidado y a la vez soy reticente en calificar como política una acción cualquiera, pues a esta la considero como una forma de calificar la ideología, algo muy vinculado a la vida. Sí considero que en la medida en que la descolonización lingüística llegue a ser espontánea, como transformadora de los fenómenos de la lengua y sus formas de expresión, será bienvenida. Sin embargo, en la medida que sea una imposición dejará de ser espontánea para pasar a ser artificial. (2017)

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