Manuel Mendive: La magia de la inspiración. (Segunda parte)*

A partir de la década de los ochenta del siglo XX, Manuel Mendive comienza la interesante búsqueda de la pintura corporal o body painting, muy ligado en su quehacer artístico a los performances. LP. Después de un largo viaje por el continente africano en la década de los ochenta del siglo pasado, cambia la temática … Leer más

Manuel Mendive

Manuel Mendive

Foto: Manuel Mendive

A partir de la década de los ochenta del siglo XX, Manuel Mendive comienza la interesante búsqueda de la pintura corporal o body painting, muy ligado en su quehacer artístico a los performances.

LP. Después de un largo viaje por el continente africano en la década de los ochenta del siglo pasado, cambia la temática de tu quehacer plástico: de potenciar las deidades y la mitología yoruba comienzas a recrear una mitología muy personal. ¿Pudieras referirte a esto?

MM. En África uno descubre cosas maravillosas, imágenes llenas de magia y uno empieza a recordar cosas de Cuba y dices: es increíble… Yo antes nunca intenté hacer postalitas religiosas, yo lo que hacía era pintar a la gente y al Dios que le acompañaba.

LP. Yo lo que me refiero es a esta imaginería que creo llega hasta tu obra actual: una figura humana tiene la cabeza de un pez que sale de su vientre y el ombligo le sirve de ojo al animal; o los árboles tienen características humanoides… Me parece que el viaje a África influye en ti al abundar en tu interior y buscar un concepto, digamos, universal.

MM. Claro, uno se mueve, ve cosas mágicas, conoce gente, hace comparaciones. Además, uno tiene un potencial creativo dentro y comienza a hacerse su discurso de forma libre. Para mí, hombre y naturaleza son lo mismo. El animal y el hombre pueden confundirse. Hombre y espíritu son lo mismo, aunque no existiera el hombre, existe la energía que lo hace vital. Eso pienso yo. Por eso los hombres con cabeza de pez, o con alas, que se convierten en árbol, que surgen del mar y van a la tierra. Después del viaje a África también comienzo con el body art. Pinto sobre el cuerpo humano, utilizo la anatomía, los músculos, el movimiento para crear personajes nuevos, y esa idea de que de un miembro emana otra persona, y otra y otra, y así todo es una gran cadena.

LP. Y en 1987 haces tu primer performance para inaugurar la exposición “Para el ojo que mira”, en el Museo Nacional de Bellas Artes.

MM. Vivía entonces en el reparto Dulce Nombre del Cotorro, La Habana. Allí en esa casa estuviste tú y tu equipo filmando ese día y pudiste ver todos los preparativos para el performance de la tarde.

LP. Sí, lo recuerdo. Un día espectacular. El viaje en ómnibus con todos los personajes hasta el muelle de Regla, luego la patana por el mar y todo el espectáculo hacia el Museo desde el muelle, con los tambores batá.

MM. Usé como modelos bailarines del grupo de Danza Contemporánea. Me sirvieron de lienzos y, al mover el músculo, esas imágenes pintadas cobraban vida. Por cierto, un tiempo después y también cuando vivía en el Cotorro, hice body art sobre Geraldine Chaplin, actriz, hija del genial Charles Chaplin, que había venido a mi casa con un grupo del ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) Eran los días del Festival de Cine en La Habana, y también era mi cumpleaños y había hecho una fiesta. Y ¡cómo se movía Geraldine! Estaba tan linda pintada…

LP. ¿Y tu concepto del body painting podría ser parte también de esa simbiosis entre el hombre y la naturaleza?

MM. Claro…, es lo mismo siempre, tú sabes, una cosa va con la otra, como la serpiente va con las dos cabezas, principio y fin. Todo surge de la naturaleza y todo termina en la naturaleza.

Uno de los performances de Manuel MendiveLP. Una maravilla esa mitología personal que justamente viene a ti con el body painting, ¿no?

MM. Justamente.

LP. ¿Cómo llamas a esa coreografía que hacen tus personajes?

MM. Bueno, un performance o también acción interdisciplinaria.

LP. Estos personajes mágicos, representados por los bailarines pintados, llevaban una especie de muñecos a la manera que en las procesiones se llevan las vírgenes ¿era esa la intención?

MM. Esos personajes llevaban esculturas mórbidas o blandas. Son elementos mágicos. Se hacen de tela y se les bordan los cauris (caracoles), cuentas, hilos, y al final se policroman. Todo eso estaba en el libreto, en mi cabeza, los personajes con máscaras; y esas esculturas después se expusieron en el Museo de Bellas Artes con los cuadros y un vitral enorme que hoy día está en Topes de Collantes (centro turístico en la provincia de Sancti Spíritus), para crear una gran instalación. En cuanto a los bailarines que representan personajes mágicos, conversé con ellos, les conté la historia: la lucha entre el Bien y el Mal, y el Hombre atrapado por el Mal y después salvado por el Bien.

LP. Porque si no lo salva el bien el mundo se acaba.

MM. No, a veces el bien no te salva y te atrapa el mal, pero todo continúa.

LP. También los personajes de tus cuadros en esta época recuerdan a Yemayá o a Shangó (deidades de la religión afrocubana), pero no se parecen exactamente a estos orishas.

MM. Es que ya no es Yemayá, son los elementos, es el mar, es el fuego…

LP. Estos performances también tenían música.

MM. Sí, claro, la música es fundamental. En el caso de “Para el ojo que mira”, Juan Marcos Blanco compuso e interpretó música para la llegada al Museo de los personajes y hasta el final de sus interpretaciones, cuando se le echan cubos de agua al hombre al que embarró de negro el Mal, y que lo vuelvo a pintar en blanco, para que al final dance con el Bien. En “Las cabezas”, del año 2012, mi último performance en Cuba, -pues hice otro en Cayo Hueso, Estados Unidos, recientemente- en el que, para el final del performance, el maestro Frank Fernández interpretó al piano un Preludio de Federico Chopin.

LP. El tema de las cabezas te apasiona.

MM. Es que la cabeza es la buena y es la mala. La que ayuda y la que destruye. Es la que hizo el fusil y el cañón y todas esas armas. El hombre es el malo y también el hombre es el que puede ser bueno.

LP. ¿Pudieras mencionar otros performances?

MM. A ver: “Se parece a la felicidad”, “La cantera”, “La fe”… Siempre todo tiene que ver, todo tiene una lógica. Es eso, como principio y fin, y fin y principio. Es lo mismo lo de ayer que lo de hoy, que lo de mañana que lo de siempre y siempre será lo mismo. Uno piensa que hay luz y no. No hay luz.

LP. ¿Y crees que tu manera de hacer arte puede contribuir a que haya luz?

MM. No soy un profeta, no soy un orisha, no soy nada. Simplemente pienso las cosas y las pinto a ver si solas encuentran la solución.

LP. Pero parece que sí, que con la energía del pensamiento de muchas personas se puede hacer mucho. Es el misterio de la oración en colectivo.

MM. Tiene lógica eso. Un palo solo, no hace monte. Muy yoruba eso también.

LP. ¿Tú has leído alguna vez a Buda?

MM. Someramente. De todas las religiones antiguas siempre me ha gustado leer algunas cosas.

LP. ¿Por qué?

MM. Porque es el principio y hay que saber los conflictos y las esperanzas o las ideas que tenían los antiguos para poder entender lo que va sucediendo ahora.

LP. ¿Tú has leído sobre doctrinas esotéricas?

MM. Más o menos algo. Pero te voy a decir. Quizás todo esto haya influido en mi pintura actual, pero realmente hay cosas que surgen a veces y sin uno saber por qué. Las cosas surgen sin uno meditarlas, solas. A todos los artistas creo que les sucede eso: hacemos un boceto, cogemos un carboncillo, un papel…, te pones a desarrollar una idea que tienes y a veces la mano se va sola. Y la idea que tienes en la cabeza no es lo que va haciendo la mano, es otra cosa. Surge algo distinto y uno se asombra de lo que hizo y dice: “Eh, ¿por qué hice eso?”. A mí me ha sucedido.

LP: ¿En algún momento hiciste litografías?

MM. No. Empecé una y la dejé; serigrafías si he hecho muchas, pero al final no quedo feliz, porque el resultado no se parece a la obra.

LP: ¿Y cerámica?

MM. Pocas también. Una obtuvo premio internacional y la tengo por ahí. Otra en La Habana Vieja, en un taller que tiene Eusebio Leal (Historiador de la ciudad de La Habana). Sí, definitivamente algunas he hecho.

LP: Y en este mismo momento ¿qué estás pintando?

MM. Una serie: “¿Por qué no me respondes?” Muchas obras que hago con esta temática. Yo no respondo. Tú no respondes. Nadie responde y todo el mundo pregunta. Y la vida continúa.

LP. Y estás poniendo tus personajes muy vinculados unos a otros en este lienzo.

MM. Siempre en mi pintura nadie está solo, hay coherencia de unos con otros. Siempre hay relación de un personaje con otro. Emana un personaje de otro personaje, de un miembro de un personaje, de su rostro, de su brazo, de la espalda.

LP. También estás trabajando los perfiles múltiples.

MM. Me interesa mucho este tipo de rostros, como una semilla, distintos perfiles y expresiones en uno solo.

LP. Vuelvo siempre a ver en tu obra un intento de aprehender lo universal.

MM. Yo nunca dejaré de decir siempre lo mismo. El discurso es el mismo, el tema es el mismo. Lo que varía a veces es la luz o la sombra.

LP. Diría que las formas también.

MM. Sí, a veces las formas cambian también.

LP. También has regresado a la escultura.

MM. Yo siempre voy y vengo. A mí la escultura me gusta muchísimo, pero prefiero la pìntura, el color me atrapa mucho. Entonces a veces hago cuadros, pero con un sentido escultórico, algo de relieve, un collage, que termine con un marco escultórico la pieza para darle más fuerza o más dulzura. Por ejemplo, hice un cuadro que se llama “Mirarse por dentro”, que es un cuadro escultura que tiene una cabeza en el centro del cuadro, sale del cuadro y está mirando todo lo que ocurre dentro de su cuerpo.

LP: Vives ahora en este maravilloso lugar en Tapaste. ¿Por qué tan lejos?

MM. ¡Pero si es cerca! Retirado está a veces uno. Estoy muy cerca. Además, todos siempre estamos muy cerca unos de otros. Nos comunicamos siempre y es que es muy importante la comunicación.

LP.Eres Premio Nacional de Artes Plásticas 2001. ¿Qué obra hiciste para esa ocasión?

MM. Una pieza de hierro que es escultórica; tiene maderos, garabatos, metales, y es como un dibujo de este lugar tan lindo de Tapaste. Está en el Museo de Bellas Artes.

LP. ¿Algo que quieras expresar para finalizar?

MM. Me gustaría que la gente entendiera muchas cosas que no quiere entender, que no quiere mirar, que no quiere aceptar. La desigualdad, por ejemplo. La desigualdad ayuda mucho a que ocurran cosas tremendas, terribles, y la incomprensión, cosa que es muy importante en nuestros días. La gente necesita paz, y no hay paz, lo digo sinceramente. Es triste, horrible, angustioso, pero no hay paz. No sé que pasará…

LP. Muchas gracias por tu tiempo y amabilidad.

Me alejo con nostalgia de este mundo maravilloso de Mendive. Atrás queda el mono africano, “Ori”, que adora a su dueño y sólo obedece su voz. Sus loros, también africanos, sus palomas, su pavo real. Sus estanques de peces coloridos y de manjuaríes, ejemplares vivientes de una fauna milenaria autóctona cubana, que tienen que estar aparte de los demás por sus voraces dientes. “Tilín”, “Silvia”, “Tony” y sus diez hermanos, los perritos “pinches” mexicanos que rodean en un círculo protector a Mendive a dondequiera que vaya, nos despiden con fuertes ladridos. “Lola” la vieja bóxer, nos mira con sus ojitos dulces, como invitándonos a volver cualquier otro día.

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