Mercedes Sosa: Zamba para no morir

La Negra, auténtica e imprescindible voz latinoamericana.

Mercedes Sosa, La Negra, quien nos dijo el adiós de este mundo hace 6 años, (exactamente el 4 de octubre de 2009) habría cumplido el mes pasado 80 años. Nació en Tucumán, Argentina y, por esas casualidades que no lo son, lo hizo el mismo día en que se declaró independiente su país: un 9 de julio.

Su trayectoria tuvo grandes e irregulares curvas pero descolló siempre por su autenticidad y honestidad y, en este sentido a la luz del tiempo, se aprecia como una perfecta línea recta.

La artista se inició siendo eso que algunos llaman “folclorista”. En efecto, sus primeros pasos en la música fueron por esa cuerda, cuando —establecida en Mendoza con su esposo, el músico Oscar Matus— crearon una sociedad artística con el poeta y locutor Armando Tejada Gómez, con la que dieron pasos decisivos en su incipiente carrera.Mercedes-Sosa

Gladys Osorio —nombre con el cual debutó—  fue muy pronto La voz de la zafra, según se tituló el primer disco de 1962, ya convertida en Mercedes Sosa e interpretando canciones de sus compañero. Un año después creaban juntos lo que se llamaría el Nuevo cancionero argentino, que generó álbumes por la misma línea folclórica, comprometida con la realidad social, y con una altura letrística que los emparentaba con la poesía; eran, como rezaba el título del siguiente fonograma, Canciones con fundamento (1965), o lo que ese mismo año, en el título de otro, expresaba su poética y la de todo el movimiento: Yo no canto por cantar.

Uno de sus hits iniciales se halla en ese volumen: Zamba para no morir de Hamlet Lima, que marca a su vez la apertura a otros compositores aunque de la misma línea estética. La Negra, como ya era conocida cariñosamente, se va de gira por EE.UU. y Europa, donde graba el larga duración El grito de la tierra, que incluye esa pieza erigida desde entonces en una suerte de himno de América Latina: Canción con todos, compuesta por César Isella y Tejada Gómez (“una raíz, un grito/destinado a crecer/ y a estallar”), el cual es realmente preludio de otros sucesos ininterrumpidos, como Alfonsina y el mar (Félix Luna y Ariel Ramírez) o ese otro título emblemático de la canción latinoamericana: Gracias a la vida, que incluyera en un disco-homenaje a su autora, la chilena Violeta Parra, en 1971, junto a otras que no la abandonarían jamás en su repertorio, como Volver a los 17.

La Negra se afilió desde muy joven a las causas más justas, se definió de izquierda y desde la década de los cincuenta del pasado siglo  militó en el Partido Comunista. Tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en Argentina, permaneció en el país a pesar de la represión y del hecho de que sus discos fueran prohibidos. Fue arrestada ella misma junto a su público durante un concierto en La Plata en 1978, de modo que un año más tarde no tuvo otro remedio que exilarse en París y después en Madrid.

Durante la dictadura militar y mientras se encontraba censurada, lanzó varios álbumes, entre ellos el excelente Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui (1977), y Serenata para la tierra de uno (1979), tomando como mensaje el tema homónimo de María Elena Walsh: “Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy”.

La Negra se fue abriendo a otros géneros, sin abandonar las raíces folclóricas, de modo que con su regreso a Argentina en 1982, tras la guerra de Las Malvinas, realizó una serie de conciertos históricos a sala repleta en el Teatro Ópera de Buenos Aires, que se convirtieron en un acto político contra la dictadura a la vez que un hecho renovador de la música popular argentina, al incluir temas y músicos provenientes de diferentes corrientes musicales, como el tango y el rock nacional.

En el concierto, registrado como álbum doble, incluyó dos canciones que resultarían inseparables de su repertorio: Como la cigarra, de María Elena Walsh y Solo le pido a Dios (“… que la guerra no me sea indiferente”) de León Gieco. Instaurada la democracia ella la festeja con su disco ¿Será posible el sur? (1984) donde sigue incorporando autores de las nuevas promociones en la canción, tales como Víctor Heredia, Julio Numhauser y Peteco Carabajal, mientras se consolida y expande su carrera internacional, que la lleva a los más prestigiosos escenarios: el Lincoln Center, el Carnegie Hall o el Coliseo de Roma.

La Negra recorrió medio mundo pero por Cuba sentía un cariño especial, por lo cual se presentó en varias ocasiones —una de ellas junto a Chico Buarque y Pablo Milanés— quien temprano en su carrera había grabado Drume negrito cuando se la escuchó a Bola de Nieve; incorporó piezas de Silvio Rodríguez como Unicornio o La maza, que sentía tan cercana al estar originalmente compuesta en ritmo de zamba; también enlaza su voz a otro gran amor: Brasil, en especial a su amigo Milton Nascimento, de quien toma temas a los que realiza versiones al español, como Los bailes de la vida o María, María, pero no olvida su querida Argentina, ni cesan sus colaboraciones con músicos de diversas promociones, desde Goyeneche y Alberto Cortés hasta Spinetta, Pedro Aznar, Charly García y Fito Páez, del que realizó una preciosa y delicada versión de su himno Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Con León Gieco y Víctor Heredia se fue de gira por toda Argentina de donde surgieron los CDs en vivo Argentina quiere cantar. También hizo cine, o más bien permitió que las cámaras la visitaran recreando su vida y obra: Mercedes, como un pájaro libre (1983), de su paisano Ricardo Wullicher, que toma el título del disco homónimo, o el documental con su nombre, que le realizara durante una de sus visitas a La Habana el cineasta Juan Carlos Tabío.

Ya enferma, cantando sentada, La Negra no dejaba de trabajar; de ello dan fe no pocos conciertos en vivo, y los CDs Corazón libre (2005) y Cantora (2009), un álbum doble donde incorpora 34 canciones, realizadas a dúo con destacados intérpretes iberoamericanos, que cierra con el himno nacional argentino.

El título de Cantora no le es gratuito, le gustaba que le llamaran así y se autoproclamaba de ese modo, apropiándose un concepto de Facundo Cabral: “cantante es el que puede y cantor el que debe”. Pudo ampliamente y respondió a lo que consideró su deber sagrado: cantar al hombre, a la tierra, a la patria pero a la grande, a la universal como soñó —junto a los próceres de esta región— su dolida y querida América Latina.

La Negra renace en cada trecho de música al que prestó su voz recia y melodiosa a la vez. Ella, como la cigarra de la canción que popularizó, sigue dejándonos aquel testamento que es a la vez profecía: “tantas veces me mataron, tantas veces me morí/ sin embargo estoy aquí/ resucitando”.

Aquella “Zamba para no morir” de uno de sus discos iniciales ha resultado, a la larga, verdadero testimonio y profecía de su legado artístico: Mercedes “La Negra” Sosa en sus flamantes 80 años, al igual que su paisano Gardel —otro que no muere, que renace por siempre— “cada día canta mejor”. (2016)

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