Migrantas: pictogramas desde la diáspora

Tres artistas argentinas crean un nuevo discurso de género que contribuye a derribar las barreras del espacio doméstico, dibujando un vigoroso mapa del corazón femenino, libre de simplicidades y estereotipos.

Foto: Tomada de www. latundra.com

Sin lugar a dudas, la migración humana constituye una de las grandes problemáticas que enfrenta el mundo contemporáneo. Los múltiples conflictos derivados del desarraigo caracterizan en gran medida los procesos culturales que viene forjándose al interior de naciones globalizadas, hegemónicas e intolerantes, donde el emigrado asume la condición de chivo expiatorio, «ideal» para el desempeño de roles y funciones que generalmente rechazan los naturales de dichos países.

Las huellas impresas por la migración en los imaginarios personales y/o colectivos son múltiples, y tienden a complejizarse cuando involucran a la mujer, víctima axiomática del sexismo, el machismo y las estructuras patriarcales que caracterizan a la sociedad occidental.

Una mujer discriminada por tal, y luego discriminada por su condición de emigrada, es algo que ocurre a nivel mundial con total impunidad. ¿Qué hacer, entonces, para dar voz a una garganta silenciada que sueña un espacio propio en tierras ajenas, donde pueda construir su espacio y ser valorada en su justa dimensión? ¿Cómo abordar dichas problemáticas desde las prácticas artísticas contemporáneas, echando a un lado gran parte de la producción iconográfica occidental, que sublima y vende el cuerpo femenino como artículo de consumo ideado para un público masculino heterosexual, muchas veces ajeno a la dinámica interna de la mujer-sujeto que intenta sobrevivir a múltiples naufragios en un océano de conflictos sexuales, raciales, legales, simbólicos y culturales?migrantas-artistas-latinoamericanas-en-alemania-1

En días recientes he tenido la oportunidad de conocer la obra de Migrantas, grupo creativo compuesto por las argentinas Marula Di Como, Florencia Young y Estela Schindel que, radicadas en Berlin y desde el diseño, las artes gráficas y los presupuestos estéticos de la publicidad, ofrecen una alternativa metodológica muy eficiente a la hora de abordar problemáticas relacionadas con la mujer emigrada.

El trabajo desarrollado por dicho colectivo abarca cuatro etapas fundamentales. En un primer momento, las integrantes del grupo organizan talleres donde se reúnen féminas de diversas nacionalidades, se exponen los resultados de encuentros anteriores para motivar el diálogo, y las nuevas participantes intercambian ideas en torno a su situación legal, estableciendo nexos personales, emocionales e identitarios que les permiten comparar sus circunstancias particulares, debatir los procesos sociales, económicos y políticos que les dieron lugar, y aprender a valorar y asumir la condición de emigradas desde una perspectiva global.

Tras el trabajo de mesa, las emigradas llevan las ideas al papel, dibujándose a sí mismas en situaciones propias de su condición migratoria. Con posterioridad, los dibujos se discuten en colectivo, y más tarde las artistas los someten los dibujos a un proceso de síntesis para elaborar pictogramas altamente expresivos que condensan ideas, sensaciones, experiencias o percepciones comunes en las talleristas. Los mensajes obtenidos tienen la capacidad de trasmitir la mayor cantidad de información con un mínimo de recursos. A la par, procuran sobreponerse a las diferencias culturales, geográficas y políticas de las emigradas mediante a un lenguaje universal, anónimo, sencillo y eficaz, que cualquier espectador puede decodificar fácilmente.

La siguiente fase procura reconocer y visibilizar mediante exposiciones colectivas e intervenciones públicas tanto los dibujos originales, elaborados por las emigradas, como el resultado final, ejecutado por las creadoras. Así, las galerías de arte y la ciudad misma se convierten en el espacio ideal para la muestra de bocetos, carteles, posters y advertisements que abordan la escisión subjetiva y geográfica sufrida por la mujer emigrada, la pervivencia de estereotipos culturales o identitarios que estigmatizan al individuo desarraigado, las dificultades que implica el aprendizaje de una lengua extranjera, el dolor que provoca la separación de los seres queridos, los sacrificios personales implícitos en la búsqueda de un mayor bienestar económico para hijos y familiares, la importancia que reviste la solidaridad entre emigradas, o las dificultades de superación intelectual y laboral en un medio ajeno y hostil donde las alternativas de supervivencia son escazas y a duras penas pueden satisfacerse las necesidades más elementales.

Entre las herramientas metodológicas y discursivas que enarbola Migrantas destaca, ante todo, el uso de estrategias lingüísticas propias de los procesos simbólicos posmodernos, que priorizan lo colectivo sobre lo particular, en estrecho vínculo con las estrategias del merchandising y los canales de promoción afines a la cultura de masas.

Este ejercicio de síntesis iconográfica y comunicación visual persigue sobre todo articular un discurso global, interesado en dinamitar las relaciones de poder entre centro y periferia, pues detecta sensibilidades grupales y aúna subjetividades que la mayoría de las veces se encuentran en crisis. Una vez efectuado el ejercicio de diseño, el resultado final permite que las voces femeninas involucradas en los procesos migratorios sea escuchadas y legitimadas desde una producción simbólica oficial encargada de reconocer, visibilizar y socializar experiencias hasta ese momento carentes de expresión pública.

Con Migrantas presenciamos un nuevo discurso de género que aborda a la mujer como sujeto reflexivo de su condición legal, económica y cultural más allá de las fronteras que la vieron nacer. El soporte visual desplegado por estas argentinas radicadas en Alemania contribuye a derribar las barreras del espacio doméstico, dibujando en galerías, calles, ómnibus, vallas u artículos de uso cotidiano un vigoroso mapa del corazón femenino, libre de simplicidades y estereotipos.

A principios del siglo pasado, Henri Toulouse-Lautrec definió al cartel como «un grito en la pared». Las enseñanzas del genial pintor y diseñador francés no se ha perdido: en un mundo caracterizado por la intolerancia y la discriminación hacia el desarraigado, Migrantas toma por asalto el paisaje citadino y clama desde vallas, posters y anuncios con toda la fuerza de sus pulmones. Escuchemos, pues, ese canto, y hagámoslo eco en nuestras las latitudes.

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