Nación, clase y erotismo en dos filmes mexicanos contemporáneos

Donde se expone la violencia que las expectativas sociales asignadas a cada género ejercen sobre los cuerpos de sus protagonistas.

Escena del filme mexicano Y tu mamá también existe.

Foto: Tomada de Mountain Xpress

En su ensayo “La psicología de las masas y análisis del yo”, Sigmund Freud* ofrece de manera concisa su concepto de amor: “El nódulo de lo que nosotros denominamos amor se halla constituido […] por el amor sexual, cuyo último fin es la cópula sexual”. Y explica a continuación que el amor filial, la amistad e incluso el patriotismo, también encajan dentro de este concepto, si bien “en circunstancias distintas son desviados de este fin sexual o detenidos en la consecución del mismo, aunque conservando de su esencia lo bastante para mantener reconocible su identidad”.

Curiosamente, dos filmes como Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001) y Perfume de violetas, nadie te oye (Marisa Sistach, 2001) suscriben esta concepción del amor por una parte, para subrayar por otra la crisis de un paradigma de origen freudiano según el cual quien posee el falo es un sujeto activo mientras que aquel que no lo posee es pasivo y en último caso objetualizado. La relación de amistad que se establece entre los dos adolescentes protagonistas en ambos filmes está marcada por el deseo erótico, y a partir de allí se realiza un diagnóstico extensivo de las aspiraciones de ciertos estratos de la Ciudad de México.

A partir de estrategias opuestas, Cuarón y Sistach persiguen un mismo fin: develar la violencia que las expectativas sociales asignadas a cada género ejercen sobre los cuerpos de sus protagonistas. Los chicos de Cuarón se permiten jugar abiertamente con tópicos sexuales como el tamaño de sus penes, sus fantasías eróticas. Sin embargo, esta sobreabundancia de palabras y actos sirve para enmascarar el amor que existe entre ambos, tapado por el velo conciliador de la palabra amistad.

El deseo de ascenso social de Julio adquiere materialidad en el cuerpo de su amigo Tenoch.

Contrastivamente, las chicas de Sistach reciben sus asignaciones de género a partir de sistemáticos rituales de silenciamiento. La escuela espera que no se defiendan cuando un compañero las agrede, o a que escondan los síntomas de la menstruación. Las madres aprueban la violencia masculina: una de ellas llega a considerar culpable a una de las chicas por haber sido violada, mientras que la otra tolera que su amante le exija a la hija que realice ciertas labores domésticas en beneficio de él y que la maltrate verbalmente. En cambio, a diferencia de los protagonistas de Y tu mamá también, las amigas adolescentes de Sistach construyen una amistad a resguardo de ciertos rituales preestablecidos, basada en sinceras expresiones físicas de deseo que van de lo olfativo al contacto cuerpo a cuerpo: del agradable aroma de sus cabellos al roce de sus pieles en una bañera. Mas, como saldo general, en ambos filmes, el silencio se impone sobre la necesidad sensorial de amar.

En el plano formal, aunque lo que mueve aparentemente a los amigos de Cuarón es el interés sexual por una mujer de mayor edad, el ojo de la cámara apenas se detiene en la piel femenina.

Considerado como fálico por excelencia, el lente subraya elocuentemente su homoerotismo al contemplar a los dos chicos hasta complacer el voyeurismo del espectador ideal mostrándolos desnudos en el desenlace. Por su parte, el filme de Sistach se aleja de este preestablecido y concibe un espectador ideal otro, donde lo visual sede su relevancia erótica a lo olfativo.

En este sentido, sería erróneo concebir la cámara de Perfume de violetas como un instrumento fálico así como a su espectador ideal como masculino en términos heteronormativos. La mujer ya no es objeto de la sed de ver del espectador sino un sujeto que conduce el deseo o disgusto por el otro de manera liberadora, por el camino del delicado aroma de un perfume o de las fétidas huellas de una violación que recuerda las ríspidas escamas de un pescado.

En Perfume de violetas, Yessica aparece también marcada por este homoerotismo ―digámosle:― económico que conduce al deseo de posesión de su amiga Miriam, de mayor poder adquisitivo.

La relación de amistad (concebida, como hemos ya mencionado, como una relación erótica) entre los protagonistas de ambos filmes está también marcada por las diferencias de clase. El deseo de ascenso social de Julio adquiere materialidad en el cuerpo de su amigo Tenoch. Poseerlo es una forma de igualamiento. Desde este ángulo, el homoerotismo se ofrece como la angustia por pertenecer a una élite política que le está vedada a Julio, por sus orígenes clasemedieros. El lecho que los empareja es tanto un campo de batalla como una utopía. Una vez rota la frágil sinergia que existe entre dos hombres de mundos colindantes pero excluyentes, las jerarquías sociales caen con todo su peso sobre esta relación, rompiéndola para siempre, reestableciendo el orden de universo chilango tal cual es.

En este sentido, el filme termina confirmando, con pesimismo, que solo bajo estrictas limitaciones del cuerpo puede existir una relación entre dos sujetos de clases diferentes. La igualdad de sexos entre Julio y Tenoch parece no ser la causa principal de su separación después del coito, las diferencias de clases, presentadas sutilmente a través de múltiples diálogos a lo largo del filme, son las que hacen insostenible su amor.

En Perfume de violetas, Yessica aparece también marcada por este homoerotismo ―digámosle:― económico que conduce al deseo de posesión de su amiga Miriam, de mayor poder adquisitivo. Este deseo por el cuerpo del otro no desemboca en relaciones sexuales, como en el caso de Y tu mamá también, aunque existen evidencias que las prueban plausibles; desemboca en el asesinato de Miriam. Yessica, de manera literal, se disfraza de Miriam. Durante varias escenas del filme va ensayando diferentes maneras de encarnarla, al usar su bañera o echarse su perfume y maquillaje. Por último, la sustitución de cuerpos llega a su culmen cuando, una vez muerta Miriam, Yessica ocupa su lugar en la cama y recibe, aunque sea por unos instantes, las caricias que la madre de Miriam reserva para su hija.

Tanto Y tu mamá también como Perfume de violetas se apartan de la cosificación del cuerpo femenino y ensayan formas no normativas de concebir la sexualidad. Sin embargo, ambos filmes están marcados por el pesimismo de su desenlace y subrayan la imposibilidad de la existencia de una genuina relación erótica en términos de igualdad entre sujetos del mismo sexo y jerarquías sociales o económicas distintas. Las prescripciones sociales terminan silenciando las pulsaciones de los cuerpos de los protagonistas, que solo logran realizarse en espacios utópicos y fugaces. En ambas historias, las fantasías eróticas, aunque genuinas, terminan coartadas. (2017)

Bibliografía:
* Freud, Sigmund. “Psicología de las masas y análisis del yo.” Elortiba.org (2005): 40. Digital.

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