Thelvia Marín, brilla con luz propia

Multifacética artista, nacida en la ciudad de Sancti Spíritus, que deja una huella imposible de borrar en la escultura, la pintura, la literatura, el periodismo y la diplomacia cubana.

Foto: Tomada de escambray.cu

En 1989, el escritor Juan Ramón Saravia, desde San Pedro Sula, Honduras, escribe un medular prólogo para un volumen de cuentos inolvidables, influido por la parasicología, que la intelectual cubana Thelvia Marín publicó con el sugestivo título Reina de la Noche, en la Editorial Universitaria Centroamericana de San José, Costa Rica. Saravia cerraba su texto con un breve poema que hoy recuerdo, cuando hace casi un mes de su fallecimiento, y  que ahora comparto con los lectores de Nuestra América:

Nuestra Thlevia Marín
Llena eres de Cuba
Todo el arte es contigo
Y qué humana que eres
Entre todas las mujeres
Que nos dan tanto fruto
De sudor, sangre y luz,
Amén.

Thelvia será siempre recordada como la viva imagen de la cubanía en la más alta expresión de la palabra. Martiana de corazón, representó dignamente a Cuba en los más diversos escenarios del mundo, tanto en el terreno diplomático como en el de la creación artística. Esta espirituana de nacimiento, aprendió  desde su más temprana infancia, cuáles debían ser  sus puntos diarios de referencia en la actividad material y social. Sus padres, el músico cubano Rogelio Marín Mir y la canaria Armantina Mederos, contribuyeron decisivamente a forjar su conciencia, a orientar su conducta.

Las aulas de la reconocida Academia de Pintura y Escultura de San Alejandro, fundada en La Habana en los primeros años de la República, fueron mudos testigos del sobresaliente quehacer de Thelvia Marín, en el que influyeron notablemente, al decir de la artista, dos excelentes exponentes de la plástica cubana: Leopoldo Romañach  y Teodoro Ramos.

A su vez desarrolló sus inquietudes poéticas de la mano del inolvidable poeta Rafael García Bárcena, su mentor. El incansable afán de comunicación y la búsqueda de las fórmulas adecuadas para lograrlo en los diversos medios, condujeron a quien se lo otorgó el reconocimiento de Hija Ilustre de Sancti Spiritus, al  Colegio de Periodismo, graduándose  en 1957 como publicista y periodista.

Importantes huellas de su labor en la prensa escrita han quedado en los rotativos La Tarde y Juventud Rebelde, así como en la revista Revolución y Cultura de la que fue subdirectora.

Paralelamente se nutrió de una imprescindible ciencia, la Psicología, nacida en la más remota antigüedad, que hizo suya no solo en la esfera de la creación sino en la praxis social, a la que rindió culto durante toda su vida. Aun aquellos que solo la conocieron en una actividad festiva disfrutando de la buena mesa y de su imprescindible compañero de copas, que reiteraba al brindar entre amigos en recuerdo de su padre, percibieron en tales ocasiones la femineidad que la distinguía, su fino sentido del humor, la fuerza de su carácter y la agudeza de sus reflexiones, fruto de una sólida formación político-cultural.

Thelvia Marín, sin duda alguna, fue una triunfadora. Durante toda su vida cosechó éxitos dentro y fuera de la isla y, a la vez como todos los que se destacan, tuvo muchos seguidores y detractores. La autora del Monumento a Camilo Cienfuegos, héroe de Yaguajay, Sancti Spiritus, supo prescindir de esos  pobres de espíritu, del mismo modo que lo hiciera en su momento el Héroe Nacional José Martí, a quien Thelvia Marín honró con su actitud durante toda su vida, ganándose por derecho propio la orden La utilidad de la virtud, máxima distinción que entrega la Sociedad Cultural José Martí a quienes han demostrado con hechos, ser fieles seguidores del Maestro.

Hasta el último aliento, la creadora del Monumento Nacional Colina Lenin, en Regla, la Habana, 1984, se esforzó por brindar a su país lo mejor de sí misma, trabajando con ahínco a pesar de sus 93 primaveras. Esta polifacética mujer quería aportar más y más a la cultura nacional y no se daba tregua para lograrlo. Sin temor a equivocarme, su nombre quedará escrito en letras de oro en la historia de las artes plásticas de Cuba, en tanto ha sido una de las más brillantes escultoras cubanas del siglo XX.

La labor  de esta artista pudo expandirse por tierras de América. Residió durante una década en Costa Rica donde participó activamente en el quehacer sociocultural de esa nación, a partir del trabajo docente-investigativo desplegado por ella como catedrática de Literatura en la Universidad de San José. En ese centro de altos estudios coordinó con mano maestra, un singular proyecto de investigación en torno a las cosmogonías costarricenses y mesoamericanas, temática que todavía mantiene su vigencia y que de cierta manera motivó a la referida espirituana a escribir años más tarde una singular obra: Viaje al sexto sol (2006). Fruto de las anteriores investigaciones es el Ensayo y ponencia sobre las culturas precolombinas costarricenses y del área, publicado por la Revista de la Universidad Nacional de Costa Rica (1995), considerado de obligada referencia por los especialistas.

En ese país de Centroamérica, recibió también la encomienda  de erigir un monumento a José Martí para el Campus Universitario de la Universidad para la Paz, tarea que culminó en 1989. Esta composición escultórica, altamente novedosa, antecedió a un proyecto de gran trascendencia en el área por los objetivos que motivaban su realización. Debía constituir un ejemplo para hermanar a los pueblos, inspirándose en una maravillosa triada: el progreso, la paz y la solidaridad mundial.

El Monumento al  trabajo, al  desarme y la paz, inaugurado con toda solemnidad en 1989 por los presidentes de Costa Rica Rodrigo Carazo, Rafael A. Calderón, Oscar Arias y José Figueres “es el complejo escultórico de carácter histórico-social más grande  que se ha esculpido en Centroamérica”, afirmó Carazo, Presidente Emérito del  Consejo de la Universidad de la Paz, organismo creado por la ONU para llevar a vías de hecho el citado proyecto.

Luis Ferrero, en su obra Esculturas costarricenses (1973-1990), elogia la enorme creatividad artística desplegada por Thelvia  Marín en los relieves escultóricos del referido Monumento. La Hija Adoptiva de Cabaiguán legó al patrimonio nacional de Costa  Rica dos esculturas relacionadas con las tradiciones religiosas de aquel país de la América Central: La Virgen de los Ángeles y San Martin de Porres, ambas terminadas en 1997. Asimismo dejó su sello personal en excelentes bajorelieves de tema religioso: el de la Santísima Trinidad de Moravia, exponente del mestizaje cultural, y el de la Santísima Trinidad, basado en la gran trilogía cristiana. También contribuyó con sus esfuerzos a la restauración de la  Mansión de Nicoya  en homenaje a Antonio Maceo, “Titán de Bronce”, héroe de las Guerras de Independencia de Cuba, en el centenario de su caída en combate.

Thelvia Marín, a la que se le concedió el título de Huésped Ilustre de Quito, por su escultura del Indio Hatuey que engalana la Plaza Indoamericana de la capital ecuatoriana , laboraba afanosamente en un proyecto largamente acariciado: esculpir la Madre América, tomando como base el óleo sobre tela del mismo nombre, pintado por la artista años atrás. Las fuerzas y el espíritu creativo no le fallaron en ningún momento a esta mujer, que era la vida misma, sólo el corazón dejó de latirle. Thelvia no ha muerto: su obra la hace eterna. (2016)

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