Trans-figuraciones en el arte latinoamericano contemporáneo

La reconocida Bienal de São Paulo, Brasil, de este 2015 estuvo dedicada a la temática trans.

Abel Azcona - Proyecto ''La Calle''

Homoerotismos, transexualidades, identidades nómadas, sujetos intersexuales… Estos son algunos de los conceptos que hoy en día procuran abarcar parte del amplísimo abanico de prácticas eróticas que dentro de la sociedad occidental escapan a la consabida dicotomía hombre/mujer, y por consiguiente, a lo que dichas fronteras representan.

Sin lugar a dudas, el tratamiento simbólico de los sujetos trans va ocupando un lugar protagónico dentro del arte contemporáneo producido en nuestro continente. Los conflictos identitarios propios de individuos a los que les han reasignado el sexo biológico, sus visualidades y dinámicas de vida, la forma en que enfrentan los avatares cotidianos y sobreviven a la opresión impuesta por la maniquea dupla sexo/género según los modelos defendidos por el sistema de correlación patriarcal, conforman tópicos cada vez más interesantes para muchos creadores latinoamericanos de diversas nacionalidades.

De México procede Juan Pablo Echeverri, autor de Supersonas, colección de instantáneas digitales donde seis superhéroes de historietas (Aquaman, Linterna Verde, El Hombre Araña, Batman, Robin, Flash, Hulk y Superman) acompañan a una Mujer Maravilla bigotuda y de pelo en pecho. El modelo de todas las imágenes es el propio Echeverri, quien hace gala de sus dotes histriónicas para articular una simpática pieza que satiriza los arquetipos de masculinidad hegemónica que históricamente han caracterizado el diseño de personajes para cómics., heterosexuales hasta la médula, excepto, quizá, de Batman y Robin, cuya presunta homosexualidad conllevó a la separación de ambos personajes en historietas diferentes tras la publicación en 1954 del controversial libro La seducción de los inocentes, de Fredric Wertham; texto en el que, además, su autor identificaba los super-poderes y el espíritu independiente de la Wonder Woman como rasgos típicos de su inconfeso lesbianismo.

Juan Pablo Echeverri - Supersonas

Juan Pablo Echeverri – Supersonas

A medio camino entre ironía y desacralización encontramos al artista peruano Miguel Zevallos, quien suele maquillarse y vestirse como la Virgen María frente a espacios, instituciones o edificios que promuevan una marcada diferenciación genérica y sexual. Por su parte, la artista colombiana Argelia Bravo ha abordado el tema mediante su serie My identitycard o Toronto con chispitas de maní, inspirada en la historia de vida Yhajaira Marcano Bravo, una mujer trans.

Dicha obra consiste en una serie de planillas policiales debidamente numeradas en las que aparecen las impresiones dejadas por una parte del cuerpo de Yhajaira que haya sido agredida o mutilada. Dichas heridas fueron infligidas diferentes personas, y sus huellas van acompañadas por la descripción del sitio exacto que ocupa la cicatriz, el tipo de arma utilizada, la fecha y el lugar en que se produjo el incidente, la identidad del victimario, el móvil y la descripción de los hechos.

Por ejemplo, la planilla D-035 recoge la impresión de una cicatriz producida por una cuchara en la cara dorsal de la mano derecha de la víctima. El acto de violencia se produjo en Bariquisimeto, estado de Lara, cuando Yhajaira tenía seis años de edad. En el apartado móvil/autor/descripción puede leerse: “[herida] infligida por su padre mientras un tío la somete. El padre calienta al rojo una cuchara y se la pega en ambas manos “para que no sea marico”. Esa noche, Yhajaira escapa de su casa”.

Son varios los elementos a destacar en esta estremecedora serie. En primer lugar, la capacidad de Bravo para dibujar la historia de vida de una mujer trans mediante las cicatrices que le cubren el cuerpo. Estamos, pues, ante una biografía anatómica del dolor, ya sea impuesto o consentido, pero siempre sufrido por una persona de a pie cuyas experiencias son convertidas en una obra de arte y luego visibilizadas en centros difusores de alta cultura.

En segundo lugar, llama la atención el interés de la creadora por reflejar y acusar un status quo que sufren muchas mujeres trans en varios países latinoamericanos, donde deben sobrevivir a la persecución de aparatos policiales intolerantes y son víctimas de violencia debido a los oficios que son impulsados a desempeñar, la prostitución entre ellos.

Grupo ENEMA - Evento Multimedia II

Grupo ENEMA – Evento Multimedia II

Los avatares cotidianos de Yhajaira nos conducen a uno de los trabajos que, en mi opinión, se acercan con mayor rigor y profundidad conceptual al tema de las transexualidades dentro del arte latinoamericano contemporáneo. Se trata de La calle, proyecto que el español Javier Azcona llevó a cabo entre los meses de septiembre y octubre de 2014 en el barrio Santa Fe, Bogotá, Colombia.

Esta estremecedora experiencia tuvo como antecedente un minucioso trabajo de campo en el que el artista conoció y se relacionó con varias prostitutas trans que operaban en la Calle 20 de dicha zona. Con posterioridad, Azcona se sometió a una profunda transformación física que incluyó la el maquillaje, la depilación, el travestismo y la ingestión de hormonas. El objetivo: convertirse en una prostituta trans y trabajar en la calle.

El artista ha señalado que sus nuevas compañeras le enseñaron todo lo necesario para ejercer. Él mismo es hijo de una trabajadora sexual ya retirada que perdió su custodia y lo dio en adopción, de manera tal que La calle tuvo como cimientos la propia historia de vida de su creador, quien debió sufrir un largo proceso de hormonización e ingestión de drogas y bebidas alcohólicas cuyas consecuencias aún hoy enfrenta.

En esta intervención pública, Azcona logró condensar una serie de presupuestos estéticos y conceptuales que lo colocan entre los artistas iberoamericanos contemporáneos más interesantes. Por un lado, catapultó el body art, el performance y la intervención pública a niveles estelares, revitalizando la manipulación corporal y el camuflaje como herramientas discursivas por excelencia. Por otro, enarbola un concepto de arte social y político que promueve la reflexión y puede dinamizar a profundidad la subjetividad de sus espectadores.

En el caso de Cuba, el tema comenzó a trabajarse desde la fotografía gracias a varios creadores que han hecho del cuerpo un espacio lúdico donde órganos reproductores, posturas sexuales, actitudes vitales y rasgos identitarios se superponen, se magnifican y son manipulados y/o suprimidos en un juego mediante el cual las identidades de género dialogan, se reafirman o complementan. Entre dichos artistas cuentan Félix Antequera (véase la pieza Madonna, de 1995), Abigaíl González (serie Mentiras del cuerpo, 1998) y Raúl Cañibano (serie Travesti, 2002).

Por su parte, en 2001, el grupo creativo ENEMA ejecutó un ejercicio académico en los predios del ISA (actual Universidad de las Artes) durante la segunda edición del evento Multimedia celebrado en el año 2001, que consistió en un show de transformismo. Así, en un contexto donde el tema gay recién comenzaba a ser tratado y visibilizado a nivel institucional, los miembros de ENEMA asumieron el proceso de metamorfosis física y psicológica propio de un drag queen como obra de arte en sí misma, para luego explorar y explotar el carácter performático inherente a un espectáculo de travestis.

La reconocida Bienal de São Paulo correspondiente al presente año estuvo dedicada a la temática trans, y bajo el título Bienal de la transgresión, la trascendencia y la transexualidad, ha aglutinado a creadores de Israel, España, México, Chile, Perú y el país anfitrión. Sirva esta experiencia para potenciar una vertiente del arte latinoamericano que apuesta por el respeto a la diversidad y el reflejo de problemáticas relacionadas con un grupo social enfrascado en la defensa de sus derechos a la realización personal, el respeto y la felicidad.

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