Un siglo de samba

Un ritmo orgullo de Brasil y de toda Latinoamérica.

Carnaval de Río de Janeiro.

Este 2016 ha sido declarado el “año del samba”, género musical propio del Brasil que ya tiene 100 años de fructífera vida. Ritmo de varias modalidades  es, sin embargo, mucho más que música; se trata sin dudas de toda una huella identitaria del gigante sureño, el rostro más distintivo de ese país que es todo un continente, el sonido que lo define como nación.

El samba[1] tiene raíces africanas y de este se deriva un tipo de danza. Es acompañado por pequeñas frases melódicas y coros de creación anónima, típica de una de sus modalidades: el samba de roda, ritmo y danza originado en el recóncavo bahiano, región geográfica en torno a la bahía de Todos los Santos, en el estado de Bahía. Esta variante es  una de las bases del samba carioca que fue designado, en 2005, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

A pesar de su presencia en varias regiones brasileñas bajo la forma de diversos ritmos y danzas populares regionales de origen africano, especialmente en los estados de Bahía, Pernambuco, Maranhão, Minas Gerais y São Paulo, como género musical es considerado una expresión musical urbana de la ciudad de Río de Janeiro, donde este formato de samba nació y se desarrolló entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

Fue en la antigua capital de Brasil que la danza practicada por los esclavos libertos entró en contacto con otros géneros musicales y los incorporó, adquiriendo un carácter singular: polca, maxixe, lundu, xote, entre otros. De esta forma, si bien existen otras formas regionales en Brasil, fue el samba carioca el que alcanzó la condición de símbolo de la identidad nacional brasileña durante los años treinta del pasado siglo XX.

Escuela de samba Unidos de Viradouros.

Escuela de samba Unidos de Viradouros.

En 1917 fue grabado en Río de Janeiro Pelo Telefone, con la voz del músico Baiano, primera grabación de un samba según los registros de la Biblioteca Nacional de Brasil. Ernesto dos Santos, más conocido como Donga, y el cronista de carnaval Mauro de Almeida, registraron la obra como propia en esa institución. Sin embargo, se considera que en realidad fue una creación colectiva de músicos que participaban de reuniones de candomblé en el templo de la ialorixá Tía Ciata. Se convirtió en la primera composición en alcanzar éxito bajo el rótulo de samba y contribuyó a la popularidad del género. A partir de entonces, el samba urbano carioca comenzó a ser difundido en todo Brasil, asociado al carnaval y más tarde, con lugar propio, en el mercado musical. Surgieron compositores como Heitor dos Prazeres, João da Baiana, Pixinguinha y Sinhô, si bien sus sambas eran considerados como «amaxixados», y se los denominaba sambas-maxixe.

Las características modernas de este samba urbano carioca se establecen hacia el final de los años 1920, a partir de innovaciones en dos frentes: con un grupo de compositores de bloques carnavalescos de los barrios Estácio y Osvaldo Cruz y con colegas suyos de los morros de la ciudad como los de Mangueira, Salgueiro y São Carlos. Tal formato de samba es denominado «genuino» o «de raíz». A medida que el samba carioca se consolidaba como una expresión musical urbana y moderna, pasó a ser difundido a gran escala en la radio, llegando a otros morros y barrios de la zona sur de Río de Janeiro. Si bien al inicio fue criminalizado por sus orígenes negros, el  ritmo conquistó al público de clase media.

En los años treinta del pasado siglo, un grupo de músicos liderados por Ismael Silva, entre quienes estaba Heitor dos Prazeres, fundó la primera escuela de samba, Deixa Falar, en el barrio de Estácio. Ellos transformaron el género musical para que encajara mejor en el desfile  carnavalesco. En esta década, la radio lo difundió por todo el país y, con el apoyo del presidente Getúlio Vargas, se convirtió en la música oficial del Brasil.

En los años siguientes, el samba diversificó sus rumbos. Desde la elegante samba-canción (samba-canção) hasta las orquestas de batería que acompañaban el desfile del carnaval. Uno de estos nuevos estilos fue la bossa nova (voz nueva), realizada en un principio por gente de origen europeo de clase media, la que devino nuevo género y ganó fama mundial a través de los trabajos de João Gilberto y Antônio Carlos Jobim, entre otros, y llegó a Norteamérica con los álbumes del primero junto al saxofonista de jazz estadounidense Stan Getz, y la banda sonora de Jobim de la película Black Orpheus (Orfeo negro) en 1959.

En la década de 1960, el Brasil se dividió políticamente con la llegada de un dictador militar, y los músicos izquierdistas de bossa nova empezaron a prestar atención a la música hecha en las favelas. Muchos artistas populares fueron descubiertos en este período. Nombres como Cartola, Nelson Cavaquinho, Velha Guarda da Portela, Zé Keti y Clementina de Jesús grabaron sus primeros álbumes.

Beth Carvalho, la madrina del samba.

Beth Carvalho, la madrina del samba.

En los setenta, el samba volvió a las ondas radiales con compositores y cantantes como Martinho da Vila, Clara Nunes y Beth Carvalho, nombrada “madrina del samba” y una de cuyas interpretaciones fue incluida en una nave espacial que salió fuera del planeta.

En el inicio de la década de los ochenta, después de haber eclipsado su popularidad con la llegada de la música disco y el rock brasileño, el samba reapareció en el medio con un movimiento musical creado en los suburbios de Río de Janeiro. Era el pagode, un samba renovado, con nuevos instrumentos —como el banjo y el tantan— y un lenguaje que reflejaba el modo de hablar de mucha gente en ese entonces. Los artistas más populares fueron Zeca Pagodinho, Almir Guineto, Grupo Fundo de Quintal, Jorge Aragão y Jovelina Pérola Negra.

Iniciativa feliz

Se han lanzado ya en Brasil varios CDs y DVDs titulados “Samba Social Club” en homenaje al “género nacional”. Con destacados cultores del contagioso y emblemático ritmo, lo mismo veteranos que jóvenes o pertenecientes a promociones intermedias, tales registros, vendidos como “pan caliente”,  rinden tributo a ese ritmo que constituye, más allá de la música, esencia y emblema del gigante suramericano. El origen de este DVD, como otros que ya se han lanzado por el estilo, parte de un famoso programa radial que con el mismo nombre,  “Samba Social Club” trasmite los grandes sucesos del género, reverencia a los más importantes maestros, tanto compositores como intérpretes, y promueve los nuevos valores que, con aires modernos, se enfrentan al ritmo por antonomasia de Brasil: el samba.

Una de las grandes coordinadoras tanto del programa como de muchos de sus CDs y videos, que parten generalmente de conciertos en vivo, es Beth Carvalho, a quien nos referíamos en su condición de promotora y maestra. La acompañan otros grandes nombres del samba de ayer y hoy: Zeca Pagodinho, Leci Brandao, Dudú Nobre, Roberta Sá, Lenine, Alcione, Fundo de Quintal y  muchos más.

El samba es entonces, no solo orgullo de Brasil sino de toda Latinoamérica, que lo reverencia y saluda en su centenario como uno de sus indudables tesoros culturales.

Nota:
[1]Masculino y con s; en femenino y con z es su pariente argentino y de otras regiones suramericanas.

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