Voces populares y (muy) humanas

Recientes eventos en la capital habanera nos han permitido entrar en contacto con maravillosos cantantes de la región.

Tania Libertad (peruana radicada hace años en México) y Jorge Dréxler (uruguayo que vive en España) fueron convidados por su colega, la maestra y paisana nuestra, Argelia Fragoso al evento que ella coordina y dirige: Voces populares en su cuarta edición, el pasado octubre. Por su parte, otro decano en cuanto a músicas, Leo Brouwer, nos dio la oportunidad de calibrar el talento de Badi Assad (Brasil) en su internacional convocatoria llamada Les Voix humaines (Las Voces humanas) también celebrada el pasado mes.

Visitante asidua de la isla desde 1976, Tania Libertad no venía a Cuba desde hacía 21años; ella ha compartido su talento con grandes figuras como Mercedes Sosa, Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Cesária Évora, Vicente Fernández, Alberto Cortez, León Gieco, Juan Carlos Baglietto, Chico Buarque, Gal Costa, entre otros. Con más de 40 discos grabados, la peruano-mexicana se ha colocado entre lo más notable de la llamada World Music.

Dueña de un estilo inconfundible la cantante peruana regresó a Cuba después de una larga ausencia.

Dueña de un estilo inconfundible la cantante peruana regresó a Cuba después de una larga ausencia.

Dueña de un timbre grato, aún sorprenden sus elevados y sólidos agudos, no así el registro medio, algo erosionado ya; a pesar de lo cual, Tania nos deleitó con un repertorio que reivindica lo mejor del cancionero internacional, sobre todo latinoamericano. Por lo cual hay que perdonarle que incorpore a bodrios como el seudocantante y seudocompositor azteca Juan Gabriel.

Agradó escucharla en piezas cubanas como La mulata (Alberto Tosca) o ese clásico de Portillo de la Luz que es Tú, mi delirio, pero también se paseó por el Brasil, Argentina, Colombia y por supuesto, sus “países”; México y Perú; de hecho lleva muchas de esas piezas a ritmos de su país natal, como el festejo o vals peruanos, aunque a veces no se sientan muy afines, o el tempo demasiado lento los haga menos pausados de lo requerido. Los arreglos de nuestra coterránea Sonia Cornuchet muchas veces sacan la esencia y hasta enriquecen las piezas, otras se sienten algo rutinarios y demasiado esquemáticos.

El concierto de Tania Libertad en la sala Avellaneda del teatro Nacional fue sin embargo un éxito rotundo; el público no la dejaba marchar y su bis con Alfonsina y el mar a capella fue el broche de oro de uno de los encuentros más cálidos y estrechos con un amplio y receptivo público, incluyendo muchos jóvenes que de seguro ni la conocían, al menos en vivo.

En el mismo lugar del coliseo, cerca de la Plaza de la Revolución, una noche después, otro terremoto invadió el escenario: Jorge Dréxler; este músico que mezcla y bebe todas las fuentes (del rock a la canción, de la música caribeña a la suramericana de donde procede, de los ritmos africanos a las células de Europa), se hace acompañar de una banda también cosmopolita donde Europa y América Latina dicen presente: excelentes músicos que llevan a primer plano un sonido que ya era en gran parte muy conocido por la manera en que los espectadores solicitaban y aplaudían. Primero con su guitarra, en plan trovador, luego, con decenas de megavatios mediante el potente y polirrítmico sonido de su grupo, Dréxler repasó piezas de sus exitosos CDs La edad del cielo, 12 segundos de oscuridad, Cara B , Amar la trama y el más reciente, que entregó casi completo: Bailar en la cueva.

En algún momento invitó al improvisador cubano Alexis Díaz Pimienta (a quien llamó “mi maestro”) quien hizo de las suyas en el arte que mejor conoce.

El uruguayo, médico de profesión, ha escrito música para el cine (Diarios de motocicleta, Lope…), temas que no olvidó entregar, y hasta ha actuado, como da fe la comedia La suerte en tus manos, del argentino Daniel Burman. Prometió volver, y ojalá no demore este reencuentro, como lo anhela el entusiasta público que lo vitoreó hasta el final. Una de sus letras reza:

Esto que estás oyendo
ya no soy yo,
es el eco, del eco, del eco
de un sentimiento;
su luz fugaz
alumbrando desde otro tiempo,
una hoja lejana que lleva y que trae el viento.

Así, pero como muchas hojas cercanas movidas por vientos armoniosos, queremos que regrese el ya amigo Dréxler.

Entre las grandes intérpretes internacionales que acudieron al llamado del maestro Leo Brouwer para su evento Les Voix humaines (Las Voces humanas) estuvo la brasileña Badi Assad. Nacida en una comunidad rural de Sao Paulo que después cambió por la gran urbe, es ella una excepcional intérprete que hace de sus registros vocales una caja sonora donde a veces emergen timbres animales, cascadas y ruidos naturales de la tierra y sus rincones.

Defensora de las especies, luchadora ecologista, cantora del amor y la amistad, Badi es todo un espectáculo como demostró en las casi dos horas que regaló a un atestado y arrobado teatro Mella que la aplaudió hasta el delirio. Coloquial y sonriente, es artista que derrocha simpatía y gracia.

Autora de casi todos los temas que interpretó, confluyen en su hacer las más diversas fuentes de su país y mucho más allá: samba, bossa nova, música nordestina, rock, jazz y tendencias urbanas… lo cual mixtura con inteligencia y sensibilidad; pero lejos de estar en una silla con sus guitarras, Assad se desplaza, baila, gira y hasta brinca, propiciando una auténtica y colorida fiesta.

Fue muy atinado el respaldo percutivo de una de los valores más sólidos en las nuevas promociones de músicos cubanos, la excepcional baterista Yissi, quien logró verdadera empatía resaltando la fuerza y el ritmo que de por sí tienen las piezas de la brasileña.

En fin, la América que canta a sus bellezas y dolores, tuvo en octubre 3 valiosos exponentes que engalanaron sin lugar a dudas los escenarios de La Habana. Ojalá sea una costumbre que se prolongue más allá de los eventos convocantes, y que, como fue en otros tiempos, los mejores cantantes y músicos, sobre todo de esta parte del mundo, nos visiten con frecuencia.

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