Voces y pasos de Chile   

Recuento de la estancia del Ballet Folclórico de Chile por La Habana.

Ballet Folklórico de Chile

Ballet Folklórico de Chile

Foto: Tomado de Panoramas

El Ballet Folclórico de Chile (Bafochi) nos hizo el honor de incluirnos, durante 3 noches, del 17 al 19 de marzo pasados, en sus presentaciones por la región, cuando los habaneros y visitantes a la capital cubana pudimos aplaudir una selección de sus obras en el teatro “Mella”.

Se trata de un conjunto de danzas y cantos de la nación suramericana que entregó espectáculos donde se sintieron los latidos de una América Latina –más allá de los contornos geográficos en que se enmarca la compañía- que exhibe ufana su autenticidad y energía.

Con 25 años de historia, el equipo liderado por el maestro Pedro Gajardo, ha logrado hacerse sólido; está compuesto por una academia que sobrepasa los 1000 alumnos y tres segmentos superiores que le ha permitido proyectar el nivel artístico de la compañía: el Ballet Folclórico Juvenil de Chile, el elenco residente y el itinerante son los responsables de este proyecto, una amplia representación del cual nos visitó en esta ocasión.

Con lo cual Bafochi sumó otro público –aunque por confesión propia, de los más receptivos- a un amplio trayecto que incluye más de 950 ciudades pertenecientes a 40 países de los 5 continentes, donde ha obtenido alrededor de 100 premios internacionales.

El programa ofrecido en La Habana incluyó danzas y cantos de la isla de Pascua y la región central, aunque también de otros puntos de la geografía chilena, incluyendo la familiar y contagiosa cueca, así como sentidos homenajes a sus premios nobeles (Gabriela Mistral y Pablo Neruda); de la primera resultó curioso escuchar su famoso poema Todo es Ronda (“Dame la mano y danzaremos…”) con otra música que no sea la que le puso la inolvidable Teresita Fernández —compositora y cantante cubana, ya fallecida—, pero injustos seríamos si no reconocemos la fuerza de este canto de profunda solidaridad internacional y humana en las ricas pentafonías de la hermosa música altiplanense. Del autor que escribió Canto general y otras maravillas líricas, sorprendió gratamente Los marineros y sobre todo Los mineros, en parte cantado y bailado, en parte recitado, mas siempre con una vivacidad y una contundencia sobrecogedoras.

Quien se dejara arrastrar tan solo por el colorido de los trajes o la gracia de las coreografías pudiera llevarse la falsa impresión de que Bafochi no trasciende un folclorismo turístico, pero nada más lejos de la verdad: hay mucho estudio, no poca sedimentación cultural tras estas danzas y cantos que trasuntan un conocimiento raigal de las esencias regionales y nacionales, además, claro, de una batería de notabilísimos músicos, cantantes (recias y precisas las voces femeninas, en particular), danzantes y coreógrafos.

Incluso, cuando logran llevar a su lenguaje de quenas y peculiares vientos, un himno tan caro a nosotros como Hasta siempre, Comandante, de Carlos Puebla, o la infaltable Guantanamera, libre sin embargo de abordajes tópicos, uno agradece algo más que el gesto.

Todo esto que disfrutamos en La Habana fue sin embargo, apenas un botón de muestra, aunque suficiente para calar sus elevadas calidades; en realidad el repertorio de Bafochi es amplísimo y variopinto. Entre sus obras figuran: La Tirana, inspirada en la tradicional fiesta así nombrada y, representativa de la zona norte de Chile, Valparaíso, que incorpora los personajes populares que deambulan en la bohemia de ese famoso puerto chileno, Latinos, fantasía  basada en las danzas folklóricas y populares de lo que llaman  “nuestra América Morena”,  Las Tres Pascualas, creación  que recoge una leyenda  sobre tres hermanas que se enamoran de un mismo hombre, Arcilla, la cual se alimenta de la cultura “diaguita”, al norte de Chile y cuyos habitantes,  famosos  por su habilidad en la alfarerí­a y artesanía, vivían en estrecha relación con los Incas; Arauco (juegos, faenas, rituales y costumbres de la cultura mapuche, indí­genas que habitan en el centro-Sur, Espantajos, fantasí­a inspirada en esos  “seres” inanimados que se utilizan en los campos sembrados para ahuyentar las aves, Huasos, cantos y danzas de esos, personajes típicos de la zona central

Y muchas más que Bafochi lleva a todos los rincones del mundo cuales dignos embajadores no solo de su tierra sino de la más profunda y esencial América nuestra, a la cual representan dignamente con sus jóvenes entusiastas y llenos de esa vitalidad que esta parte del planeta les aporta, y que ellos trasmiten desde escenarios agradecidos, y públicos que enseguida entablan con ellos una rápida y estrecha química, como nosotros, que pudimos disfrutarlos y aplaudirlos durante 3 noches memorables, las que esperamos se repitan y ensanchen más temprano que tarde.

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