Y la literatura infantil latinoamericana se hizo gigante

América Latina goza de una historia ascendente en el desarrollo de la literatura infantil.

La Edad de Oro, publicación periódica que marcó una pauta en la literatura infantil latinoamericana.

Es verdad que América Latina somos un montón de pueblos marcados por lengua, historia e idiosincrasia similares, pero ¿basta eso para decir que tenemos una literatura infantil que nos identifique? Sí está claro que en la literatura para adultos ha habido movimientos comunes: se habla del boom latinoamericano, con un periodo y unos rasgos característicos… Pero ¿existen o no elementos en el comportamiento individual de cada país que ameriten que se enfoque el análisis de la literatura para niños como un corpus continental?

Ojo: No es lo mismo literatura para niños que contar historias a los niños. En el periodo precolombino todo niño maya, azteca e inca escuchó los mitos y las leyendas de sus pueblos en boca de los mayores. Aunque las leyendas eran diferentes para cada pueblo, todas se transmitían a través de la oralidad. Era la manera que tenían los pueblos autóctonos de América de pasar su cultura a las nuevas generaciones. El Popoh Vuh, libro sagrado de los indios mayas quichés, era contado a los niños. Pero no era literatura infantil.

Siglos más tarde, en el periodo colonial y republicano, el sincretismo cultural entre América y Europa legó -para civilizar a los niños americanos- cuentos didácticos, altamente moralizantes. A los niños se les contaba, en vez de mitos en lengua náhuatl o azteca, fábulas con moralejas y enseñanzas. Nada más lejos de la literatura infantil.

Hasta este momento de la historia los niños eran vistos como futuros adultos. No puede haber, no una literatura infantil latinoamericana, sino una literatura para niños tan solo, si no se considera a los niños lo suficientemente importantes como para escribirles. Entonces, claro, la aparición de la categoría literatura infantil coincide con la conciencia de que la infancia es una etapa con rasgos y necesidades particulares en la vida del hombre. Y esta idea no comienza a surgir en la mentalidad social hasta el siglo XIX.

Si los niños tienen intereses particulares, entonces se merecen una literatura específica, especialmente dirigida a ellos. Por suerte, y gracias a un nombre que germina con el siglo XIX, hay en los inicios de la literatura infantil una visión latinoamericana que la define.

Qué hubiera sido de Latinoamérica sin José Martí: el escritor cubano que creó una literatura infantil con rostro propio. Nunca una revista marcó tanto a la historia de la literatura infantil como La Edad de Oro. Nunca antes se le había hablado al niño “como si los colibríes supiesen leer”. Era tanto lo que La Edad de Oro valoraba al niño como receptor de sus lecturas que la revista misma estaba “dedicada a los niños de toda América para que sepan cómo se vivía antes y se vive hoy en América y en las demás tierras”.

Nace la literatura infantil latinoamericana, y por todo lo largo del siglo XIX recibe los más auténticos regalos: Rafael Pombo, de Colombia; Monteiro Lobato, de Brasil,… escritores que dejaron de la mano los textos instructivos y moralizantes para hacer cuentos de muy alta calidad estética. Ellos le regalaron a la literatura el don de ser una fuente de placer, y no un manual de instrucción.

Y ya para siempre Nuestra América pensó al infante como receptor. La gran mayoría de las historias para niños fueron desde entonces protagonizadas por niños, que además, vivían situaciones comunes a la realidad de nuestros pueblos.

Papelucho, de Marcela Paz, (Chile); Por el mar de las Antillas, del cubano Nicolás Guillén, Cuentos de mi tía Panchita, de Carmen Lyra, (Costa Rica); y Cocorí, del también costarricense Joaquín Gutiérrez, no son historias aburridas. Y muchísimo menos son textos didácticos y de formación moral. Estos autores, precursores de la literatura infantil latinoamericana, dieron paso a una literatura con rasgos propios, alejada de los modelos europeos.

En el orden temático argumental los autores –muchos, cada vez más- de la literatura infantil latinoamericana muestran desde sus inicios hasta nuestros días algunos temas recurrentes. Por ejemplo, la apropiación de las leyendas autóctonas de cada pueblo, la recreación del folclor, la presencia de la fauna y la flora de nuestro continente, el tratamiento de las situaciones sociales propias de Latinoamérica, entre otros. Otra cosa que los caracteriza es que no escriben con límites geográficos. Como decía el argentino Vigil, no creen “en límites dentro de América”. Los escritores de la literatura infantil latinoamericana se sienten americanos, y su literatura lo refleja.

4 comentarios

  1. Tito

    Me gusta que se mencione que “La Edad de Oro” es bien importante para Latinoamérica. Y el título también me gusta mucho, es un guiño de la autora a las personas que se leyeron el libro “Cómo el hombre se hizo gigante”.

  2. Nandito

    Textos como este aumentan el sentido de identidad latinoamericano. ¿Pudieran hablar más de los autores latinoamericanos que se mencionan? Aquí en Cuba no se conoce mucho de ellos.

  3. Roman

    No lo se, no lo se…

  4. pamela

    Me parece muy interesante el articulo de Diana ya que abarca un espacio importante de la literatura y nos hace reflexionar sobre los origenes y curso actual de la misma. Pamela Irigoyen. merida, yucatan, mexico.

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