Zurdazo de hembra

Tribulaciones amorosas del poeta peruano César Vallejo

Georgette
El destino amoroso de César Vallejo comienza fortuito como una travesura de mozuela: Unas niñas francesas juegan a escoger novios entre las fotos de revistas. A Georgette, de once años, le gusta una figura que muestra un joven delgado, de labios finos y piel oscura. Dice en voz alta que se casará con ese hombre. Las demás se burlan de ella por la convicción repentina; “no es francés, no puedes conocerlo”, le aseguran. Pero ella, quizás para molestarlas, se muestra firme. Las niñas, en respuesta, vuelven a sus juegos, y la marginan a propósito.

Georgette las odiará en silencio. A modo de venganza secreta, para probarles a ellas que están equivocadas, busca el nombre, origen y oficio de quien ha escogido, será su príncipe encantado. Averigua que es sudamericano, y poeta. Pasarían once años antes de tenerlo frente.

César
César Vallejo obtiene por su poemario Trilce —el nombre lo sacó de la mezcla entre triste y dulce— apenas 150 soles, y una exigua edición de 200 ejemplares. Lejos estaba el poeta de saber que los neologismos y las formas arcaicas (del siglo XVI) de Trilce, entrarían en contradicción con los giros coloquiales de la época (principios del XX) y transformarían al libro en el más significativo de las vanguardias del continente latinoamericano.

Trilce es quizás lo mejor que obtiene Vallejo del Perú. Al poeta se le antoja que el resto de su equipaje en la vida es dolor. Absolutamente enamoradizo, con mirada horadante y sensibilidad a flor de piel, es un hombre intenso, que escribe versos sin dedicar: Pienso en mi ausencia en mi camino/ ya no volver a verte cual te dejo/ largo es el tiempo por el que me alejo/ ¡ay! amiga: variable es el destino.

Aunque quiere a varias, ninguna lo salva de su ininterrumpido sufrir por amor. Por alguna razón sus relaciones con las mujeres son tortuosas e implican siempre desilusiones. Para colmo, la aflicción lo guía hasta la heroína y el opio, lo que le hace difícil conservar su empleo como profesor de universidad.

Desempleado y herido por la poca atención que suscita Trilce, Vallejo decide emigrar a Francia. Tiene la esperanza que las tierras de Europa le traigan mejor destino. No se equivoca.

El encuentro
Da la casualidad que el poeta se hospeda frente a la casa de Georgette. Ella, por once años, ha mantenido la ilusión de vivir un idilio con Vallejo. Solo vive para pensarlo; no quiere saber nada de nadie más. No tiene problemas con mostrarse pues es arisca y poco dada a la comunicación. Aunque no es agraciada y se ve a sí misma como un monstruo, está convencida de que no necesitará gran cosa para conquistar a Vallejo, el hombre que sueña con capricho sostenido, desde sus primeros años de vida.

Por esos días Vallejo sostiene una relación con una Henriette delgada y de ojos verdes. Pero el vínculo es, más que nada, de carácter erótico, y el poeta entrevé que el destino le tiene preparado algo más: sé que hay una persona/ que me busca en su mano, día y noche, escribe bajo la ventana de su apartamento. En el edificio de enfrente Georgette suspira por él.

Se conocen por medio de un encuentro casual en la calle. Vallejo la invita a un café. Para la sorpresa de la muchacha, él la encuentra hermosa. Le confiesa verle “una gran luminosidad blanco-azul alrededor de su cabeza”. Una vez unidos, por el destino, o el azar, é le lee versos de su primer poemario Los heraldos negros, y debaten sobre la poesía y el amor. Ya no pueden dejar de hablar.

Vallejo no sabe cómo decirle a Henriette que se ha acabado su relación con ella: “Un hombre verdaderamente hombre, solo lo es de una mujer”, piensa; no tiene dudas de que una relación solo comienza cuando la anterior termina. Mujer de idea fija, Georgette se le adelanta; va a buscar a Henriette, y le ofrece dinero porque se separe de Vallejo. “Yo”, le dice, “lo he soñado desde los once años. Tengo más derecho”.

En realidad Vallejo no era por entonces demasiado buen partido. Hombre acostumbrado a una vida bohemia, tenía una salud resentida. Y, a pesar de ser todas sus colaboraciones periodísticas y literarias, ni un peso en el bolsillo. ¡Pero Georgette lo había soñado tanto tiempo! Para ella, él seguía vistiendo traje real.

El destino
Se casan en 1934. Desde el principio fue un matrimonio áspero. Él es, según su esposa, un “hombre seco, ensimismado en su hacer y en su pensamiento”. Ella tampoco resulta un dechado de dulzura. De carácter dominante, no se molesta en ser amable con los demás… hasta el punto de ser “intratable”, diría Neruda.

También, para forzar las tensiones, la situación económica de ambos no es muy buena. Y en la sexualidad, hay indicios de cierto sadomasoquismo. Vallejo escribe: el placer de sufrir, de odiar, me tiñe/ la garganta con plásticos venenos (…) el placer de sufrir: zurdazo de hembra.

Aun así, caminan juntos en la vida… por cuatro años: en 1938, el poeta que consumió drogas como si tuviera de repuesto varios cuerpos, siente que ya el suyo no le responde. Georgette lo hospitaliza, y mientras no se separa de su lado, atenta a cada gesto, piensa que quizás lo ama sin entenderlo.

No entiende cómo Vallejo puede hablar con intensidad del mundo sin tocar ningún tema personal; ni comprende por qué aquella vez que ganó mil francos por una colaboración, cogió todo el dinero y se perdió de su vista, para regresar a verla al cabo de tres días, otra vez sin un céntimo. Pero cuando él cierra, por vez definitiva, los ojos, ella deja de pensar. Le perdona sus negligencias y comienza a escribirle un poemario, que firmaría luego como Georgette Vallejo.

Hay biógrafos que afirman que Vallejo murió de sífilis. El diagnóstico oficial fue infección intestinal. Georgette lo entierra en Francia. Junto con el cuerpo, deja caer una hoja: es el original de Poema para ser cantado y leído, que ella inspiró.

Poema para ser leído y cantado
Sé que hay una persona
que me busca en su mano, día y noche,
encontrándome, a cada minuto, en su calzado.
¿Ignora que la noche está enterrada
con espuelas detrás de la cocina?

Sé que hay una persona compuesta de mis partes
a la que integro cuando va mi talle
cabalgando en su exacta piedrecilla.
¿Ignora que a su cofre
no volverá moneda que salió con su retrato?

(…)
Pero me busca y me busca. ¡Es una historia!

Un comentario

  1. Denisse

    preciosa historia.. increible!!

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