Descubridores por descubrir

Resurrección aborigen en el Caribe Nostrum

Tomado de: assets.survivalinternational.org

Preciso es saber de dónde venimos para saber a dónde vamos. Esa es una verdad universal. Pero, ¿qué sabemos realmente? ¿Qué queda de los aborígenes del Caribe? ¿Qué estamos haciendo por ellos?

A pesar de que las investigaciones han demostrado desde fines del siglo XIX, que el aborigen sigue presente en la población cubana, dimos por exterminados a nuestros verdaderos descubridores durante cinco centurias y ni siquiera los censos –al menos en Cuba- han tenido en cuenta a sus descendientes, como si fueran, cual dinosaurios, prehistóricos. (1) Y es que los censos han dado más importancia al color de la piel que al componente étnico de nuestro ajiaco humano. Somos blancos, negros o mestizos. En otras palabras, para no pecar de racistas, hemos pecado de “epidérmicos”. Y dejamos el componente nativo de nuestra identidad en la prehistoria, porque hasta hoy prevalece la idea euro-centrista de que la historia del “Nuevo Mundo” tiene su punto de partida en 1492.

Ciertamente, no es sino a partir del “descubrimiento” que empieza a escribirse la historia, contada por los “descubridores”, claro está. Los “indios”, como todos sabemos, no pudieron hacer el cuento. Colón, Las Casas, Mártir de Anglería, Fernández de Oviedo y Labat, entre otros, nos legaron diarios, crónicas y relatos de viajes. Éstos, a su vez, nutrieron a filósofos y literatos y así, se sucedieron la Utopía, de Tomás Moro, en 1516, que hace pensar en Cuba; De los caníbales, de Montaigne, en 1580; La Tempestad, con su mítico Calibán, de Shakespeare, en 1611; Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, la primera novela inglesa, de 1719, que prefigura la nostalgia por el “hombre natural” que distinguió a Jean-Jacques Rousseau.

Y nostalgia, con buena dosis de rabia y curiosidad, no falta al buen caribeño que quiere saber de sus genitores tan cantados como preteridos. Por suerte, se perciben señales de aliento.

Hace unos meses escuché, en una emisión de la Mesa Redonda, que un estudio del ADN revela el componente aborigen en nuestra población y hasta ciertas ventajas de esos genes con relación a determinadas afecciones. Quise saber a qué afecciones eran más resistentes los “dinosaurios nuestros” para llevarle la buena noticia a una cuñada mía que tiene sangre “preshistórica” en las venas, pero al parecer esos detalles no llegaron a Internet. Afloraron, sin embargo, otros datos interesantes:

“Un reciente estudio genético de la Universidad Complutense de Madrid determinó que alrededor del 8 % de la población cubana posee en su ADN genes pertenecientes a la población aborigen anterior a la de la llegada de Cristóbal Colón, lo que revela la vigencia de un tronco cultural y biológico que creíamos olvidado.” (2)

O este, mejor aún: “La más reciente investigación genética realizada en nuestro país, llevada a cabo por el Centro Nacional de Genética Médica de Cuba y dirigida por la doctora Beatriz Marcheco Teruel, según datos publicados en 2012, ha demostrado a través del empleo de marcadores genéticos informativos para el origen ancestral, realizada en 1 020 individuos cubanos de 137 municipios de todas las provincias, que como promedio el 69 por ciento de los genes de la población cubana actual son de origen europeo, el 19 por ciento de origen africano y el 12 por ciento de origen nativoamericano-asiático.” (3) En Puerto Rico, la ascendencia amerindia materna es de un 62 por ciento. (4)

También supimos que en el año 2002, se fundó en Cuba el Grupo de Trabajo Permanente Expediciones, Exploraciones y Viajeros en el Caribe (GTPEEVC), multidisciplinario, que co-auspicia el Aula Exploraciones sobre la Ruta de los Pueblos y Culturas Aborígenes del Caribe de la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de la Habana, adscrito al Instituto Cubano de Antropología (CITMA). De esa iniciativa es el excelente trabajo de Lohania J. Aruca Alonso, La ruta de los aruacos en el Caribe. Un nuevo enfoque historiográfico acerca del tema. (5)

En los últimos dos años, un conjunto de instituciones, especialistas y personal del Instituto Cubano de Antropología del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente ha estado preparando el Nuevo Censo Arqueológico Aborigen de Cuba (2012-2014), que incluye, entre sus más de 3 200 sitios arqueológicos, el de Buchillones, al norte de Ciego de Ávila, “el mayor y más importante asentamiento aborigen de la región caribeña, con un alto nivel de especialización de la cultura taína.” (6)

Pero ¿se ha explotado la fuente viva lo suficiente? En abril de este año, Juventud Rebelde publicó un excelente trabajo sobre la presencia nativa en Jiguaní, bajo el título ¿Todavía tenemos aborígenes en Cuba? (7) Jiguaní no es un caso único. ¿Qué esperamos para acometer trabajos similares o más especializados en toda Cuba como otrora hicieron los norteamericanos Harrington y compañía, y más tarde Manuel Rivero de la Calle (1926-2001), Ramón Dacal Moure (1928-2003 ) o Antonio Núñez Jiménez (1923-1998)?

Hoy, aunque discutidas, son aceptadas las teorías de que el Caribe insular fue poblado por expediciones provenientes del continente: (a) desde Venezuela y Colombia a las Antillas Menores, y de allí a las Antillas Mayores; (b) desde la costa Este de América Central, a través de una serie de islas e islotes que emergían entonces en el Mar Caribe, hasta Jamaica y Cuba, y (c) tal vez del Sudeste de Estados Unidos hacia las Bahamas y de allí a las Antillas Mayores. La expedición En canoa del Amazonas al Caribe, liderada por nuestro Núñez Jiménez en 1987-1988, demostró la factibilidad de tal poblamiento, más factible aún hace 10 000 años, cuando el nivel del mar estaba a unos 20 metros por debajo del nivel actual y las Antillas y el continente estaban más cercanos los unos de los otros.

Aquellos intrépidos navegantes eran arawaks y caribes, en lo fundamental. Arawak (arahuaco o aruaco) es un término cuya etimología tendrá que aclararnos el destacado lingüista cubano Sergio Valdés Bernal (unas fuentes dicen que viene de la lengua arawak (lokono) hablada en las Guayanas, otros que proviene de aru, palabra lucaya (de Bahamas) para la harina de yuca, a menos que venga de ara que quiere decir corteza y wak ¿quién sabe qué? En todo caso, de la gran familia aruaca son los taínos de las Antillas Mayores y las Bahamas, los igneris o iñeris de las Antillas Menores, los nepoyas y suppoyos de Trinidad, los caquetíos de Venezuela, los wayúu de la costa norte de Venezuela y Colombia, y los chané o chaná del Uruguay y norte de la actual Argentina, entre muchos otros.

En la actualidad sobreviven unos 30.000 aruacos en Guyana y poblaciones menores en Surinam y en la Guayana Francesa. Otros grupos se hallan dispersos por diversas partes de Sudamérica. Pero la situación es alarmante. De las más de 150 lenguas aruacas registradas, sólo sobreviven unas 40, alrededor de medio millón de personas habla alguna de ellas, pero el 80 % corresponde sólo al garífuna y al wayúu, es decir, que la mayoría de las lenguas aruacas están seriamente amenazadas.

Los aruacos están en la raíz misma de la identidad de Nuestra América. Aruacos hay o hubo en Bolivia, Guyana, Guayana Francesa, Surinam, Venezuela, Colombia, Perú, Brasil, Paraguay, Belice, Honduras, Nicaragua, Guatemala, Argentina, Puerto Rico, Cuba, República Dominicana, Haití y Jamaica. Hora es de aprovechar la integración latinoamericana que jamás fue tan propicia.

Pero esta simple mortal se pregunta: los guanahatabeyes y siboneyes ¿también eran aruacos? Y los aruacos ¿no serán los parientes de los polinesios que también usaban canoas? Los caribes, casi gigantes, ¿no tendrán algo que ver con los patagones al parecer oriundos de Australia? ¿Por qué no se hace un censo de sitios de mayor descendencia aborigen y una investigación de ADN a todo lo largo de la isla? ¿Podremos saber por el ADN si los guantanameros Arnaldo Tamayo, primer cosmonauta latinoamericano, o mi cuñada, tendrán de taínos, guanahatabeyes, guanajos (de las islas de ese nombre en Honduras) o guachinangos?

Hay más preguntas que respuestas.

Durante medio milenio nos tragó el mar -o mal- europeo. Hoy las aguas están subiendo y hay que hacer algo antes de que el mar “caníbal” nos trague porque la sabiduría milenaria de vivir junto al agua que distinguía a nuestros nativos no da para “vivir bajo el agua”. De ahí la importancia del llamado del Presidente cubano durante los últimos cónclaves “nuestramericanos” a dar un tratamiento especial al vulnerable Caribe insular.

Citas y fuentes

(1) Ver Martínez Fuentes, Antonio y Leigh Radomsky, Julia. El pueblo originario de Cuba: ¿Un legado olvidado o ignorado? Espacio Laical 3/2013, pp. 73-75. Formidable recuento de los trabajos de “rescate” de Luís Montané a fines del siglo XIX, de los norteamericanos Stewart Cullin y Mark Harrington a principios del XX, del genetista Rugles R. Gates o los de Manuel Rivero de la Calle en la segunda mitad del siglo XX.

(2) Fernández Salazar, José Armando. La cultura que encontró Colón al llegar a Cuba. Las Tunas. Periódico 26.cu. 28 de octubre 2013.

(3) Martínez Fuentes, Antonio y Leigh Radomsky, Julia. El pueblo originario de Cuba: ¿Un legado olvidado o ignorado? Espacio Laical 3/2013, p. 75.

(4) Pueblos Arawak, Etimología, Historia, Primer encuentro europeo, Economía, Cultura, Disminución de la población, Descendientes, Arawak notables. En: http://centrodeartigos.com

(5) Aruca Alonso, Lohania J.: La ruta de los aruacos en el Caribe. Un nuevo enfoque historiográfico acerca del tema. Revista digital Calibán, Octubre 2010 – marzo 2011.

(6) Los Buchillones, relevante sitio arqueológico del Caribe. Presencia aborigen en Cuba data de al menos ocho mil años. Autores: Alfredo Boada Mola, Adalys Pilar Mireles y Neisa Mesa del Toro (PL). En www.bolpress.com, consultado el 25 de abril 2014.

(7) Castro Medel, Osviel. ¿Todavía tenemos aborígenes en Cuba? Juventud Rebelde, edición digital, Cuba, 25 de abril de 2014.

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