Emilio Roig: ejemplo de cubanía

El primer Historiador de la Ciudad de La Habana fue un fiel seguidor de los postulados martianos.

Durante la década de 1920 en Cuba se observan numerosos cambios en la literatura, en la música, en las artes plásticas y también en la historiografía. Se viven momentos de renovación y la vanguardia creativa se esfuerza en imponer cánones nuevos que no siempre son aceptados; por tanto, los escritores y artistas deben tomar partido: mantenerse dentro de los cánones acuñados por la vieja guardia o incorporarse a las filas de los que apostarían por la renovación.

En ese singular contrapunteo, la cultura se desarrolla a contrapelo de los difíciles días que vivía la nación —inmersa en luchas internas de todo tipo— que no podía mantenerse al margen de los descalabros mundiales, los que, por supuesto, afectaban directa o indirectamente al país.

En el ámbito historiográfico tres figuras relevantes de la cultura cubana sientan, de manera general, las nuevas pautas: Ramiro Guerra, Fernando Ortiz y Emilio Roig de Leuchsenring. Este último, como parte de la vanguardia que marcha en pos de un salto cualitativo en la cultura cubana, se ocupa en dar impulso, a través de diversos medios a su alcance, a las múltiples acciones encaminadas a superar los déficits culturales existentes en la Isla.

Para la consecución de tales fines, Roig se apoya en varias tribunas: las revistas Carteles y Gráfico, la Oficina del Historiador de la Ciudad, la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, los Congresos Nacionales de Historia, la Comisión de Monumentos, la Institución por la Escuela Cubana en Cuba Libre, etc.

El reconocido escritor logra un particular acercamiento con los habaneros, por su ingente labor desplegada como Historiador de la Ciudad —cargo que ocupa desde 1935 hasta su muerte , acaecida en 1964— y se gana el reconocimiento de todos los cubanos por su sostenido batallar para que Cuba fuera, de hecho, libre y soberana.

Mucho aporta Roig, a lo largo de su vida, al enriquecimiento de la historiografía nacional. No se limita a una sola línea investigativa, sino que incursiona en diferentes temáticas que se complementan. Escribe acerca de las contradictorias relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, desde sus orígenes; sobre la vida y obra del Héroe Nacional de Cuba; profundiza en las gestas de independencia en suelo cubano, que integra en un haz desde 1968 hasta 1998; se interesa en los idearios de los principales próceres de la patria; estudia a fondo su natal provincia, La Habana; lega a la posteridad impresionantes artículos de costumbres y se acerca oportunamente a hechos y figuras que han dejado importantes huellas en la América Nuestra, tan amada por Martí.

En esta ocasión, voy a referirme a la obra de Emilio Roig que más ha trascendido las fronteras cubanas, la surgida al calor de sus estudios en torno a esas difíciles relaciones entre Cuba y sus vecinos del norte. De hecho, esta necesidad de indagar en la controvertida temática y denunciar ante Cuba y el resto del mundo, la injerencia estadounidense en los asuntos internos de las naciones latinoamericanas, nace tempranamente en el historiador al que dedico estas líneas.

Roig, apenas obtenido el título de abogado (1917), ya diserta sobre el mencionado asunto en los salones de la Sociedad Cubana de Derecho Internacional. Su discurso, La ocupación armada de Santo Domingo por los norteamericanos y el derecho de las pequeñas nacionalidades (1919), constituye el primer paso dado por el impulsor de los Congresos Nacionales de Historia en Cuba, en la dirección antes señalada. A pesar de ser su primer alegato y carecer de experiencia en un tema tan árido, es capaz de brindar sólidas argumentaciones para fundamentar sus ideas, totalmente en desacuerdo con la agresión imperialista a la República Dominicana.

A partir de este momento, el interés por la doctrina Monroe y sus consecuencias, por las raíces de la impuesta Enmienda Platt a la constitución del país y por la intromisión de los Estados Unidos en los asuntos internos de Cuba, no cesa. Cada vez amplía y profundiza más en lo que él denomina el mal de males de Cuba Republicana.

Libros y folletos salen de sus manos durante más de cuatro décadas, acopiando una vasta información sobre la temática, convirtiéndose en referente obligado de varias generaciones de cubanos interesados en el apasionante tema. Los trabajos más sobresalientes a mi juicio, sobre este terreno, son los siguientes:

• Historia de la Enmienda Platt ; una interpretación de la realidad cubana (1935)
• Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos (1950)
• Los Estados Unidos contra Cuba libre (1959).

El primero de los libros mencionados revela –ante todo– la génesis de los fundamentos, la interpretación y las negativas consecuencias de la Enmienda Platt. A medida que se avanza en la lectura de las obras, quedan al desnudo las dobleces del imperialismo; el lector queda prácticamente atrapado por Roig, cuyo discurso descansa en sólidas e irrebatibles argumentaciones que no conceden margen a la duda, sostenidas a su vez por un aplastante aparato documental. La obra, a pesar de los años transcurridos desde su aparición, mantiene su vigencia.
Por su parte, Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos, es el trabajo más divulgado de este autor. Constituye

na valiosa síntesis en que Roig resume sus criterios relativos a la posición asumida por los Estados Unidos con respecto a Cuba, en correspondencia con el derecho de la Isla a su independencia. El historiador de la Ciudad de La Habana demuestra que, a lo largo del siglo XIX, el gobierno norteamericano había creado las condiciones propicias para que la fruta madura —léase Cuba— le cayera oportunamente en las manos.

Finalmente, quiero referirme a su obra titulada Los Estados Unidos contra Cuba libre, la que reúne en sus cuatro tomos un amplísimo arsenal informativo, resultado de varias décadas de incesante búsqueda en archivos y bibliotecas, con el objetivo fundamental de ampliar los contenidos abordados en obras precedentes, sobre la hostilidad permanente de los Estados Unidos contra Cuba.

Emilio Roig de Leuchsenrig demuestra con su vertical actitud, durante toda su vida, que es un fiel seguidor de los postulados martianos. Su obra es reflejo de su manera de pensar y actuar. Este intelectual revolucionario, símbolo indiscutible de cubania, aún sirve de guía a muchos, que como yo, aman la historia nacional.

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