De la frontera oceánica a la frontera americana

Las bases de la integración en Sudamérica desde el pensamiento de Alberto Methol Ferré.

Alberto Methol

El Espacio Nuestra América, con motivo del 85 Aniversario del natalicio de Alberto Methol Ferré, publica esta excelente ponencia, dirigida a explicar la originalidad y vigencia del pensamiento de Methol Ferré. Impartida por su hijo Marcos Methol Sastre, en el X Congreso Nacional de Ciencia Política “Democracia, Integración y Crisis en el Nuevo Orden Global”. SAAP (Sociedad Argentina de Análisis Político). Universidad Católica, Córdoba, Argentina, 30 de agosto, 2011.

El panel en el que participó Marcos Methol Sastre fue organizado por jóvenes que hoy integran la Casa Patria Grande de Argentina y como consecuencia muchos de ellos son seguidores del pensamiento “metholiano”.

Es un honor participar del X Congreso Nacional de Ciencia Política “Democracia, Integración y Crisis en el Nuevo Orden Global”. Quiero agradecer especialmente a Identidad Mercosur por la invitación, en las personas de Mariana Vázquez y Emanuel Porcelli, y por la iniciativa de darle un lugar al pensamiento de Methol Ferré en este importante espacio de intercambio que es el Congreso.

El hecho de presentarme en Córdoba por primera vez tiene un enorme significado para mí por varias razones. Aquí, en cierto sentido, me siento local porque esta tierra es la tierra de la Liga Federal, y como artiguista me reconozco en esta provincia como hermano. Buena ocasión ha sido ésta la que me motivó a profundizar en el conocimiento de caudillos de esta parte como Bustos y Bulnes. Por otra parte, que el Congreso sea recibido por la Universidad Católica de Córdoba tiene un valor muy importante desde que la Compañía de Jesús y los jesuitas están íntimamente vinculados a la historia de la integración latinoamericana, y ésta es una de las cuestiones que abordaremos más adelante. En tercer lugar, digo que Córdoba representa también un bastión de esa historia de la integración desde que acontecimientos como la Reforma Universitaria de 1918 marcaron el camino de los Movimientos Nacionales y Populares que con Haya de la Torre y el APRA en Perú comenzaron a postular políticamente el “indoamericanismo” (de las Indias) y luego el latinoamericanismo con Juan Domingo Perón y Getulio Vargas. Finalmente, señalo un hecho anecdótico también muy simbólico; es en Córdoba donde un viejo amigo de Methol Ferré como lo fue Héctor “El Toba” Gutiérrez Ruiz diera un célebre discurso sobre federalismo y latinoamericanismo. Toda esta “mística” nos rodea y eleva nuestros ánimos hoy.

Hace poco tiempo tuve el gusto de conocer un excelente economista argentino, Enrique Herrscher, que me pasó un trabajo suyo titulado “Elogio de la Contradicción”. Al principio confieso que el título me llamó poderosamente la atención dado que desde siempre había entendido a la “contradicción” necesariamente como un obstáculo, yo diría, algo “malo”. Sin embargo, fue este trabajo el que me ayudó a superar este prejuicio. La contradicción es algo natural. El ser humano es una tensión entre lo finito y lo infinito. Abordar la realidad en toda su complejidad es un ejercicio sano y constructivo.

Así pude entender mejor una cuestión en la que mi padre insistía: “hasta un reloj parado nos da la hora exacta dos veces al día”. Buscar la verdad implica reconocer lo que hay de verdadero en la postura del otro; no existe el sinsentido absoluto o el error absoluto. Siempre hay una dosis, mayor o menor, de verdad. Esto lo he asumido como una filosofía de vida, y es una de las grandes enseñanzas de Methol Ferré. Además de haber sido su prédica lo fue también su práctica.

Para abordar la obra de Methol Ferré y sus lógicas, es importante intentar reconocer ciertas categorías o líneas básicas que nos permitan ordenar su pensamiento y facilitar el estudio sistémico. Creo que se puede reconocer perfectamente un verdadero “sistema de pensamiento” elaborado por el propio Methol Ferré a partir de sus trabajos históricos, filosóficos, teológicos, políticos, etc. El rasgo de este sistema es su “originalidad”, lo cual le valió en diferentes etapas históricas así como su reconocimiento profético también una marginadora incomprensión (ya ni siquiera una fuerte crítica o cuestionamiento, sino directamente la indiferencia). ¿Cómo podemos reconocer esas originalidades? Primero conviene hacer una aclaración: en tanto la historia del hombre y del mundo es una historia de globalización o aproximación cada vez mayor, las sociedades se han ido organizando en unidades cada vez mayores. Este es un tema que han tratado muy bien Aldo Ferrer y Helio Jaguaribe. La integración es una respuesta casi natural de la globalización. El tema es cómo se da esa integración, si es impuesta, de manera violenta, o acercando las partes de una forma más armoniosa y en paz.

Así una primera originalidad de Methol Ferré es pensar geopolíticamente. Es doblemente original si reparamos que siendo uruguayo de nacimiento pudo pensar en los “grandes espacios”, algo que puede resultar más natural para un argentino o un brasileño por sus propias dimensiones. Hay que pensar que hablar de geopolítica a mediados del siglo XX era un ejercicio casi demencial, cuando ésta era vista como una ciencia al servicio de los nazi-fascismos imperiales. Hoy en día está claro que pensar geopolíticamente significa pensar la historia en la dinámica de los espacios, que como dice el Dr. Miguel A. Barrios “ya no se limita al espacio exclusivamente de la tierra, sino afecta en el sistema-mundo, al propio espacio exterior del planeta, sin obviar el espacio virtual generado por Internet”. Ya no se puede pensar en el desarrollo del “país” sin pensar en el desarrollo de la “región”.

Una segunda originalidad que vale la pena señalar es entender el “revisionismo histórico” de Methol Ferré. Methol nace a la vida política con el caudillo blanco Luis Alberto De Herrera, considerado el padre del revisionismo histórico de la historia oficial en el Uruguay. Herrera le permite a Methol comprenderse mejor en su país y en la región de la Cuenca del Plata. Lo vemos claramente en sus obras “La crisis del Uruguay y el Imperio Británico” y en “El Uruguay como Problema”. Pero lo original está en que Methol Ferré va más allá de Herrera. No comienza el revisionismo con el ciclo de las Independencias. Se vuelve a todo el proceso hispano-lusitano en América, a la herencia católica de la evangelización y la dialéctica conquista-evangelización propiamente, y hasta a los orígenes en la Hispania romana. Una de las contradicciones que se aprenden con la historia es que nuestra biología a veces no nos permite comprender que somos parte de un proceso mucho mayor al que tendemos a reducir por una cuestión natural.

Y como tercera originalidad del sistema teórico de Methol Ferré podemos señalar el “pensar la periferia como centro”. Esto implica, quizás, el mayor desafío. No basta con entender que Methol Ferré se opuso a las políticas hegemónicas y era profundamente anti-imperialista. Lo era en virtud de su “latinoamericanismo”, es decir, no una oposición “per se” motivada por la indignación, el resentimiento o la frustración, sino una reafirmación independiente y soberana de nosotros mismos. Methol apostó siempre a la inteligencia y la creatividad propias. Lo fueron los movimientos nacionales y populares, expresión política sui generis y esencialmente latinoamericanos, por eso su adhesión fervorosa. La gran tarea en la actualidad de nuestro continente es enseñar juventudes con horizonte continental y con la capacidad de crear categorías propias de pensamiento, que nos permitan describirnos, explicarnos mejor y avanzar en la integración y democratización. Se lo decía ayer a Emanuel Porcelli, necesitamos un manual de Relaciones Internacionales con categorías propias, con un sistema aggiornado y que responda también a nuestras particularidades y necesidades; no a otras.

¿Y por qué Methol Ferré hablaba del paso de “la frontera oceánica a la frontera americana”? ¿Qué implica? Primero hay que decir que existe en toda la obra de Methol una referencia permanente a las “fronteras”. Las fronteras también son contradictorias. Unen y separan. También delimitan el horizonte. Nuestros países se construyeron básicamente mirando al océano, desde los puertos hacia las metrópolis. En lo comercial y en lo cultural.

Luego del dominio hispano y lusitano, desde la Independencia en adelante se suceden Inglaterra y luego será Estados Unidos. Debemos preguntarnos si ahora repetiremos la historia con China. Los contextos en cada momento eran muy distintos en lo regional y lo mundial. Hoy tenemos todas las fuerzas como para poder apostar decididamente a la integración regional, es decir, mirar “hacia adentro”, no con un afán aislacionista, sino para potenciarnos y salir al mundo como “actores” y no como “coro” al decir de Methol Ferré.

Volcarse a la frontera americana, mirar hacia adentro, volver sobre nosotros mismos, nuestra geografía, nuestra historia y nuestra cultura. Pensar en la frontera americana es, entre otras cosas, re-estudiar las Misiones Jesuísticas. Las Misiones, enclavadas como un sistema a lo largo de toda la frontera hispano-lusitana, encierran un legado espiritual y cultural que debemos necesariamente recuperar para nuestra identidad. Si pensamos en las Relaciones Internacionales o en el Derecho, ¿cómo no rescatar a Francisco de Vitória o Francisco Suárez como germen sustancial del Derecho Internacional Público? ¿O a Toribio de Mogrovejo o Fray Bartolomé de las Casas como postuladores de los Derechos Humanos en su defensa del indígena? Hete aquí un patrimonio que los latinoamericanos no podemos ignorar, porque son parte de nuestra identidad, de nuestros valores sociales y políticos compartidos y así debemos hacérselo saber al Mundo como nuestro aporte.

Mirar la frontera americana es redefinir el artiguismo y el bolivarismo en el siglo XXI. Es entender el legado político de sus luchas desde una perspectiva siempre dinámica, apoyándonos en el federalismo y el latinoamericanismo como los ejes de nuestro destino común, recuperando la base social y popular de estos movimientos, pero procurando el desarrollo real que hoy nos exige superar las economías primarizadas y sostener un crecimiento industrial-tecnológico-científico con productores y empresarios comprometidos con proyectos nacionales-regionales que respondan a políticas de Estado.

El último gran aporte de Methol Ferré ha sido su teoría de los “Estados Continentales Industriales” como superación del modelo de “Estado Nación Industrial”. Así reconocía a Estados Unidos, China, Rusia y la India como tales, y se preguntaba si la Unión Europea y América Latina estaban preparados para serlo. Nuestra viabilidad como países está en estrecha relación con nuestro éxito en la construcción de un “Estado Continental”. Y hemos de redirigir todas nuestras energías en esta visión superadora.

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