Lo que ellas necesitan

La importancia del movimiento feminista en Cuba fue tal que hoy se le considera precursor del que más tarde se gestó en América Latina.

El acoso callejero sigue siendo una de las principales manifestaciones de machismo en Cuba Cortesía de la autora

El acoso callejero sigue siendo una de las principales manifestaciones de machismo en Cuba Cortesía de la autora

Foto: El acoso callejero sigue siendo una de las principales manifestaciones de machismo en Cuba Cortesía de la autora

No importa por qué calle camines; las ves: negocios particulares, empresas, bancos, universidades; están en todas partes. La Revolución Cubana, si bien no le dio demasiado crédito a las organizaciones feministas que existían antes de su Triunfo, si aceptó y apoyó sus preceptos, y más que eso, convirtió a las mujeres en parte del proceso revolucionario.

Hace mucho tiempo que votan, se divorcian, tienen la Patria Potestad para el cuidado de los niños, ejercen cargos políticos, o de dirección… Es tan rotundo el cambio que se ha producido -y asentado- en la sociedad cubana en el último medio siglo, que pocas se detienen a pensar en lo que significa la palabra feminicidio.

En sentido general no conocen la historia que les precedió. Piensan que la Federación de Mujeres Cubanas se los dio todo; no recuerdan a las feministas de principios del siglo XX que –aún bajo los gritos de ¡lesbiana!- se organizaban para luchar por sus derechos en una sociedad que por herencia histórica era -y es- patriarcal y machista.

Tienen suerte. Y a veces desconocen que siguen viviendo bajo una visión androcéntrica del mundo. Porque ocupan espacios públicos, y constituyen la mayoría de los egresados universitarios, pero siguen desempeñando roles de género tradicionales. Y aunque ganan el mismo salario y la feminidad no es vista como un problema, los rituales de género que funcionaron por siglos continúan reproduciéndose.

Los discursos explícitos pueden proclamar igualdad, pero existe una ideología que subyace -arraigada como mala yerba- en la visión social, cultural y psicológica, y es una ideología contraria al feminismo: Para las niñas son los juegos tranquilos, las casitas, las muñecas. A medida que crecen, la delicadeza y la ternura se les exige como prueba de feminidad. Y mientras las muchachas se nutren de los patrones familiares que les enseñan, el espejo de la realidad cotidiana devuelve una imagen atrasada, detenida en el tiempo, absolutamente machista.
Entonces, sí, hace tiempo existen leyes progresistas y hace tiempo existen resultados ensalzables. Pero los prejuicios, las fobias y los conceptos erróneos se reproducen mediante el ideario social, y este no se somete a leyes. El trabajo es otro, distinto, más sutil e inteligente: la mentalidad es vulnerable a la educación y a la cultura.

Educación: los estudios de Historia de Cuba contienen el quehacer femenino e incluso enaltecen la labor de determinadas mujeres en la historia, pero no contemplan el concepto de género, ni como categoría de análisis, ni como movimiento social. Sin estudios al respecto, sin reformulación de categorías y renovación de conceptos, ¿cómo se puede esperar reformular los modelos patriarcales?

Cultura: Los medios de comunicación a menudo muestran una imagen de mujer estilizada y erotizada, lo cual condiciona no solo los estereotipos de la feminidad sino los de la hegemonía masculina. Entre las imágenes mediáticas y el marketing -si bien poco, existente- se estructura la mentalidad social hacia una dirección de desigualdad, donde se postula lo masculino como el centro normador.

Por supuesto, la reproducción de este sexismo –ya sea a través del lenguaje, los contenidos o las omisiones- se mantiene debido a la presencia de concepciones, creencias y tradiciones arcaicas, asentadas en la cultura machista. Y, por supuesto, es entendible que a menos de un siglo de las luchas sufragistas, haya un comportamiento patriarcal en Cuba: cuando se habla de cambios de ideología, las variaciones son lentas.

Como siempre, el que los viejos paradigmas den camino a los nuevos implica un pausado ascenso -lleno de avances y retrocesos- que, en el caso de Cuba, si bien está signado por una loable voluntad política de progreso social, está a su vez marcado por rezagos, prejuicios y concepciones estereotipadas de lo masculino y lo femenino, y cómo deben ser las relaciones entre estos.

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