Cambia el mercado en Cuba

El reordenamiento iniciado en el mercado mayorista cubano apunta a reglas del juego similares para las empresas del Estado, dominantes en la economía, y para el emergente sector no estatal.

Archivo IPS-Cuba

El reordenamiento del comercio mayorista propone una concentración de la importación y distribución interna de bienes que busca eficiencia pero despierta suspicacias.

Con la reestructuración emprendida en el mercado mayorista, el gobierno cubano busca salida a urgencias de su economía, da respuesta a una reiterada demanda del nuevo sector privado y, lo más novedoso, confirma su intención de igualar el tratamiento a las empresas del Estado y a las formas de gestión económica no estatales en expansión.

En línea con planes anunciados ante el Parlamento en diciembre pasado para el actual año, las autoridades comunicaron un primer experimento en febrero. El Ministerio del Comercio Interior (Mincin) presentó ese mes la Resolución 52/2013 para fundar una “Empresa Comercializadora Mayorista de productos alimenticios, industriales y otros bienes de consumo” en el Municipio Especial de la Isla de la Juventud, ubicado unos 130 kilómetros al sur de la isla de Cuba.

Como novedad, esa entidad podía negociar con “personas jurídicas y otras formas de gestión no estatales”. En otras palabras, abría sus puertas tanto a las entidades del Estado, como a las cooperativas y a los trabajadores por cuenta propia.

Pero al parecer el escenario resultó demasiado estrecho para experimentar con un mercado de las proporciones del mayorista. La importación de materias primas al por mayor es insostenible para un municipio de poco relieve económico. La Isla de la Juventud apenas la habitan unas 85. 000 personas, posee una debilitada agricultura y escasa industria.Entre las acciones iniciales de reorganización del mercado al por mayor se encuentra la concentración en la compra de fertilizantes, plaguicidas, papel, neumáticos, madera, baterías, motores automotrices, metales, pinturas y otros.

En junio, el Mincin puso en vigor otra resolución, la número 242, para reestructurar a escala de todo el país ese comercio, con carácter experimental, como observa en el artículo 13. Con esta legislación, el mercado mantiene la regla de ofrecer servicios también a las formas de gestión no estatales, que promueve el país con la propagación de la fórmula cooperativa a la actividad no agropecuaria y con la ampliación de los trabajadores por cuenta propia, que ya sobrepasan la cifra de 400.000.

Entre los obstáculos más criticados por el emergente sector no estatal está, precisamente, la ausencia de un mercado donde satisfacer sus necesidades de materia prima y equipamiento. La demanda era cubierta muchas veces en el mercado negro. Pero lo cierto ese déficit golpeaba igualmente, de otra manera, a las propias empresas estatales.

Según reconoció en un programa de la televisión cubana la viceministra primera de Comercio Interior, OdalysEscandel, la crisis económica conocida por los cubanos como Período Especial afectó severamente al comercio mayorista. Entre los rasgos que señaló la funcionaria están el persistente desabastecimiento de ese mercado, altos niveles de inventarios ociosos, ausencia de un reaprovisionamiento oportuno, débil infraestructura, mala atención al cliente, conflictos de precios para un mismo producto y fallas en el aseguramiento de partes, piezas y accesorios para los equipos importados. Todos esos ahogos tienen expresión consecuente en la economía interempresarial y en el mercado minorista, incluso en la red de tiendas en divisas.

El gobierno se propone dar respuesta a esos problemas mediante un reordenamiento de la comercialización mayorista, realizada hoy por más de 2.400 entidades, aunque solo 529 clasifican realmente como empresas comercializadoras mayoristas, subordinadas a entidades nacionales. La multiplicación ha propiciado la compra simultánea, desorganizada y tardía de materias primas, y a precios desventajosos muchas veces.

La intención gubernamental es concentrar en un grupo de empresas la importación de productos de demanda general y reorganizar la circulación de esos bienes en el país, para garantizar el aprovisionamiento oportuno de las entidades productoras y de servicios, un acercamiento más estrecho con los productores y una eficiente gestión en las importaciones.

La concentración, sin embargo, plantea interrogantes. ¿Podrán las empresas importadoras imprimir eficiencia a una actividad habitualmente caracterizada por la torpeza en el tráfico de mercancías, en el manejo de capitales, contratos y relaciones con la banca?
A esto se suma una condición básica: cualquier cambio en la actividad comercializadora al por mayor, que implicaría forzosamente un incremento de importaciones, dependerá de que aumente la producción nacional.

La viceministra primera de Comercio Interior prevé que las transformaciones del comercio mayorista se consoliden a partir del 2014. Esa expectativa la respaldó el viceministro de Economía y Planificación, René Hernández, quien informó a la televisión cubana que el mercado al por mayor ya está insertado en el Plan de la Economía para el próximo año, con un crecimiento previsto de al menos un 10 por ciento.

Un primer mercado agrícola mayorista no estatal lo gestionan trabajadores por cuenta propia en un mercado de abastos en la calle 114, municipio capitalino de Marianao.Escandel precisó que las medidas se aplicarán de forma gradual: en una primera etapa beneficiarán a las empresas estatales, luego a las cooperativas y por último a los trabajadores por cuenta propia.

Un primer paso concreto lo dio el gobierno en julio, al permitir y casi bendecir un mercado mayorista de productos agrícolas que nació espontáneamente en la calle 114 del municipio habanero de Marianao, atendido por trabajadores por cuenta propia. Todos los días llegan alrededor de 80 camiones de viandas, frutas y verduras de toda la Isla, para la distribución posterior a mercados minoristas agropecuarios de la capital –gestionados unos por empresas estatales, otros por cooperativas y por otros privados.

Pero el gobierno prepara la apertura de una instalación similar, El Trigal, en Boyeros, municipio occidental de La Habana, techado y con capacidad anunciada para descargar diariamente 250 camiones. De acuerdo con ideas anticipadas, será gestionado por una de las cooperativas no agropecuarias de reciente creación.

Una actividad que el Estado monopolizó durante décadas mediante la empresa de Acopio ha empezado a desgajarse en gestores independientes –no estatales incluidos- que competirán, eficiencia mediante, para mantenerse en el mercado. Gradualmente, la competencia se afianza como patrón, de acuerdo con la letra de las transformaciones iniciadas en el modelo económico cubano. (2013)

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