Cambio estructural profundo

Con la expansión de las cooperativas, Cuba inicia una transformación de largo alcance en las formas de propiedad de su modelo de socialismo.

Jorge Luis Baños - IPS

Entre las 47 actividades en que se prevén crear de manera experimental 230 cooperativas, el gobierno otorga prioridad a las brigadas de constructores.

La formación de cooperativas en espacios no agrarios promete ser uno de los pasos de mayor hondura e impacto en el camino de transformaciones emprendido por Cuba. Pero también reserva polémicas y algún conflicto, pese a constituir un reclamo de consenso social, incorporado por la estrategia gubernamental hace casi dos años, en el Congreso del Partido Comunista.

La medida se propone revolucionar maneras de pensar y hacer en la economía cubana. Y eso, de por sí, implica desafíos, a la par de ilusiones.

La expansión de esta forma de gestión no estatal, presente desde hace décadas solo en la producción agropecuaria, será uno de los platos fuertes del año 2013. Recibió luz verde a fines de noviembre pasado mediante un paquete de normas legales, pero todavía persisten dudas e incertidumbre.

Dispuestos simultáneamente, los decreto-leyes 305 y 306 del Consejo de Estado, el Decreto 309 del Consejo de Ministros, la Resolución 427 del Ministerio de Finanzas y Precios y la 570 del Ministerio de Economía y Planificación (MEP) establecieron las regulaciones para la creación experimental de las nuevas cooperativas, y las reglas del juego para su funcionamiento.

El gobierno decidió emprender esta vez la formación gradual de 230 cooperativas en 47 actividades no agrarias, aunque incluye en la arrancada un grupo numeroso de mercados agropecuarios. Las autoridades también están organizando cooperativas de transportistas, de constructores, artesanos, productores de materiales de construcción, reparación de equipos domésticos, cafeterías y reciclaje de materias primas, entre otros sectores.

Las actividades profesionales, sin embargo, continúan desfavorecidas en esta ofensiva de la economía no estatal –y ese es uno de los puntos de insatisfacción social. Aunque quedaron mejor paradas que en la ampliación del trabajo por cuenta propia ­-circunscrito a oficios fundamentalmente-, solo están anunciadas por el momento cooperativas en tres profesiones: traducción, informática y contabilidad.

Las declaraciones oficiales insisten en el carácter voluntario con que los socios deben constituir estas nuevas entidades, que gozarán de personalidad jurídica y capacidad para operar, por tanto, igual que una empresa del Estado.

Por su índole colectiva, las cooperativas implican, sobre todo, un escalón más profundo en lo social, y de mayor productividad en lo económico, que el trabajo individual, como observa el Tomo I de ese clásico que es El Capital, de Carlos Marx. Si Cuba apuesta a expandir realmente estas asociaciones en frentes en que la empresa estatal no ha mostrado eficiencia en más de cinco décadas de Revolución, el paso confirma entonces uno de los signos del modelo de socialismo que proponen los Lineamientos de la Política Económica y Social.

Las nuevas entidades dispondrán de una autonomía poco común en la estructura tradicionalmente centralizada de la economía cubana. Aunque deben respetar las normas rectoras en el país para cada actividad, “no se subordinarán administrativamente a ninguna entidad estatal”, reza la presentación hecha en el periódico Granma, voz oficial del Partido Comunista de Cuba.

Por tanto, tendrán libertad para acordar contratos con otras partes y decidir precios de producciones o servicios, en línea con el dictado de la oferta y la demanda. El Estado se reserva la alternativa de regular precios solo en los casos en que por su relevancia social lo determine necesario, según declaró en conferencia de prensa Rubén Toledo Díaz, de la gubernamental Comisión Permanente para la Implementación de los Lineamientos.

Entre las reglas de funcionamiento, la ley propone como máximo órgano de dirección de la cooperativa a la Asamblea General, integrada por todos los socios, y con un voto para decidir cada uno. La distribución de utilidades se efectuará en consonancia con el trabajo de los miembros y no a partir del patrimonio que pudiera aportar cada uno a la hora de fundar la cooperativa –esto último la entidad lo pagaría a sus antiguos propietarios en los plazos y modo que acuerde la asamblea de manera soberana.

Para unirse tres o más socios en una cooperativa, pueden conservar la propiedad individual sobre los medios de producción que posee cada uno, integrarlos al patrimonio colectivo o arrendarlos si son propiedad del Estado. También pueden combinar esas variantes.

Al programa le acompañan esta vez novedades que son relevantes no solo para la economía. La búsqueda de un sistema o modelo económico sustentando en el derecho y la institucionalidad da un paso importante, al proponer el Ministerio de Economía el recurso de la licitación en el arrendamiento de locales estatales.

Una comisión técnica elegirá al colectivo aspirante que ofrezca mejores condiciones, con respeto a normas de transparencia y legalidad, dijo la directora jurídica del MEP, Johana Odriozola Guitart. La convocatoria será pública y a los interesados cuya oferta no sea aceptada quedará la opción de impugnar la decisión ante los tribunales. De la magnitud del cambio habla el conflicto constitucional que plantea. La Carta Magna establece la formación de cooperativas solo para productores del campo. De ahí, el carácter experimental con que comienza el actual proceso.

La profundidad del paso demanda mucha más información que la hasta ahora divulgada. Unido esto al incremento de responsabilidad que plantea la descentralización, es lógica la incertidumbre que siembra entre los cubanos.

No es difícil, sin embargo, percibir entusiasmo entre personas más osadas. Unas están cansadas de un régimen asalariado poco eficiente o francamente baldío en empresas estatales; o se trata de trabajadores independientes que, informal o tácitamente, vienen operando desde hace unos años como cooperativas –familiares, por ejemplo- en el mundo de la artesanía, la gastronomía, la informática y la industria manufacturera de pequeña escala.

La vida –y no solo la voluntad gubernamental- ha determinado el cambio. La vida dirá hasta dónde llegará. (2013)

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